A la puerta de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) cada vez tocan más empresas con una preocupación: “Qué hacer con las bajas laborales por salud mental”. Su presidenta, Marina Díaz, cuenta esta realidad, que también se refleja en los datos: los trastornos psiquiátricos se han duplicado en el mundo desde 1990 y, en España, las bajas en general y las que tienen que ver con padecimientos mentales en particular se han disparado en la última década.
Las incapacidades laborales relacionadas con enfermedades mentales suben un 80% en una década. Las dolencias psicológicas provocadas directamente por el trabajo se disparan casi un 500%
A la puerta de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) cada vez tocan más empresas con una preocupación: “Qué hacer con las bajas laborales por salud mental”. Su presidenta, Marina Díaz, cuenta esta realidad, que también se refleja en los datos: los trastornos psiquiátricos se han duplicado en el mundo desde 1990 y, en España, las bajas en general y las que tienen que ver con padecimientos mentales en particular se han disparado en la última década.
La hoja de ruta del Ministerio de Sanidad sobre trabajo y salud mental cifra en 643.861 los procedimientos de incapacidad temporal iniciados en 2024 por “trastornos mentales y del comportamiento”, un 9,33% de las 6,8 millones de bajas laborales ese año, el último del que hay estadísticas oficiales. Son un 80% más que una década antes.
El documento de Sanidad carga las tintas en las condiciones de trabajo como una de las causas fundamentales de la crisis de salud mental, “alimentada por el empeoramiento de las condiciones laborales y el avance sostenido de la precariedad”. Señala el documento a la maximización de beneficios, la intensificación de los ritmos de trabajo, la erosión de los derechos colectivos o la reducción de las estructuras de protección social. “Todo ello ocurre sin asumir, de forma clara, los costes humanos que estos modelos productivos imponen a quienes los sostienen”, afirma la hoja de ruta.
La mayoría de las empresas que se dirigen a la SEP son grandes corporaciones a través de sus médicos del trabajo, que no siempre saben cómo actuar ante el aumento de bajas por salud mental, las terceras más largas (108 días de media), tras los tumores o los procesos cardiovasculares. Las más afectadas (58%) son mujeres, sobre todo entre los 36 y 45 años, con los sectores de la sanidad y la educación como los más impactados.
Díaz enumera algunas de las recomendaciones que dan a las empresas, y que pasarán a formar parte de una guía para las empresas en la que ya trabaja la SEP junto a la Asociación de Especialistas en Medicina del Trabajo (Aeemt): “Mejorar la conciliación, la flexibilidad, entender también el trabajo como un factor protector que crea vínculos y espacios de relación”. También menciona herramientas de prevención más ligadas a la formación: “Habilidades para manejar el estrés, habilidades para regular las emociones, habilidades para resolver conflictos”. A su juicio, el papel de las compañías no debe reducirse a reaccionar cuando la baja ya se ha producido, sino que debe combinar prevención y gestión de los casos.
Porque el trabajo en sí mismo también se ha disparado como causa de las bajas. Según el Instituto Nacional de la Seguridad Social, entre 2018 y 2024 las incapacidades por síntomas emocionales aumentaron cerca de un 490%, los diagnósticos de estrés grave crecieron un 230% y los trastornos de ansiedad subieron un 120%.
La psiquiatra subraya la prevención como factor fundamental para evitar las bajas, pero también defiende educar en habilidades para afrontar el estrés, resolver conflictos y asumir los límites. “El ser humano no puede llegar a todo. Hay que aceptar la renuncia. Puede parecer una idea filosófica, pero es muy importante. De la no aceptación de algunas cosas es de donde surge el conflicto y donde surge luego el trastorno mental”, ha explicado en un seminario sobre salud mental organizado por Lundbeck, al que EL PAÍS ha acudido invitado.
El trabajo debe colocarse en su sitio, a juicio de Díaz: ni como causa única del sufrimiento psíquico ni como elemento irrelevante. “La verdadera enfermedad mental es biopsicosocial. Hay personas con mayor vulnerabilidad que otras, con independencia de su empleo, y sobre esa base actúan factores personales, sociales y laborales. El trabajo, por tanto, puede influir, pero no lo explica todo. Es una parte de la vida, no es la vida”, resume.
También asegura que el empleo no solo puede generar malestar: a menudo lo evita. “El trabajo es un factor protector de salud mental”, afirma, ya que crea rutinas, vínculos y espacios de relación. Por eso, la SEP defiende la incorporación laboral de las personas con trastorno mental siempre que sea posible. “Una persona con trastorno mental que no se incorpora al ámbito laboral está casi abocada al deterioro”, sostiene Díaz.
Eso no exime a las empresas de adaptar sus condiciones. La presidenta de la sociedad científica cree que deben “aportar su parte” mediante horarios más flexibles, medidas de conciliación y, cuando sea posible, fórmulas como el teletrabajo. Pero rechaza que toda la carga recaiga sobre ellas: “La vida es como un puzzle. Para que encaje, hay que dedicar un poco de tiempo al trabajo, un poco de tiempo al ocio, un poco de tiempo a la familia, un poco de tiempo al descanso y un poco de tiempo a la salud”. Cuando una pieza se hace demasiado grande, “el puzzle no encaja y ahí aparecen los problemas”.
Díaz vincula parte del aumento de bajas con una confusión creciente entre los trastornos mentales y los malestares ordinarios de la vida. Pone como ejemplo un duelo: “Si tienes un duelo por un familiar, que es lo normal, eso no es susceptible de una baja laboral, salvo que sea una condición médica tremenda o una situación excepcional”. La clave, insiste, está en distinguir el sufrimiento esperable de una patología.
Es lo que algunos profesionales denominan “psiquiatrización de la vida”, que tensiona el sistema sanitario. “No puede ser que en las listas de espera de salud mental compita una persona que ha tenido un brote psicótico o que tiene un problema de adicciones con alguien que ha tenido un conflicto con su novio o un duelo”, sostiene. Para Díaz, estos últimos casos pueden causar sufrimiento, pero no siempre constituyen un trastorno mental: “Eso forma parte de la vida”.
Es complicado medir este fenómeno de forma objetiva. En el informe semestral sobre listas de espera que publica el Ministerio de Sanidad con datos de las comunidades autónomas, la especialidad de psiquiatría no aparece. No existen estadísticas oficiales sobre cada cuánto tiempo ven los pacientes al especialista o cuánto les dedican, ni tampoco qué tipo de dolencias tratan.
Muchos expertos en salud mental señalan la solución fuera del sistema sanitario, usando una frase que popularizó el psiquiatra Guillermo Rendueles: “Usted no necesita un psiquiatra [o psicólogo], usted necesita un sindicato”.
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