El ‘pack’ 2 por 1 ya se oferta en 18 universidades privadas: grado de FP superior + carrera en menos tiempo

Alumnos de Formación Profesional Superior de UDIT, en Madrid, este martes.

La Formación Profesional Superior vive una explosión desconocida: de 362.300 inscritos a 465.500 en casi una década. Y en el reparto de la tarta universidades privadas, fondos de inversión y pequeños empresarios tratan de hacerse un hueco. Hasta 18 de las universidades privadas de España ya ofertan FP Superior con un centro con marca distinta como exige la ley, aunque físicamente estén dentro del campus. La red pública no da abasto y resulta muy atractiva el paquete grado de FP superior más carrera que oferta la privada. Esta se finaliza en menos tiempo si se convalidan materias de FP de la familia profesional. Y el interesado se ahorra, además, la criba de la PAU (Prueba de Acceso a la Universidad).

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Manifestación en Madrid en 2024, para reclamar más plazas de prácticas de FP para los centros públicos. Estos campus de pago convalidan más materias que los públicos, que certifican con más recelo materias que sus profesores no han impartido  

La Formación Profesional Superior vive una explosión desconocida: de 362.300 inscritos a 465.500 en casi una década. Y en el reparto de la tarta universidades privadas, fondos de inversión y pequeños empresarios tratan de hacerse un hueco. Hasta 18 de las universidades privadas de España ya ofertan FP Superior con un centro con marca distinta como exige la ley, aunque físicamente estén dentro del campus. La red pública no da abasto y resulta muy atractiva el paquete grado de FP superior más carrera que oferta la privada. Esta se finaliza en menos tiempo si se convalidan materias de FP de la familia profesional. Y el interesado se ahorra, además, la criba de la PAU (Prueba de Acceso a la Universidad).

El 23,9% de los titulados en FP de Grado Superior en 2021 (suman 32.100) se matricularon en una carrera en los siguientes tres años, según el estudio de seguimiento que hizo público el Ministerio de Educación este otoño. Con una gran brecha de género (28,6% de las mujeres y 19,2% de los hombres) y también por familias profesionales. Sobre todo se inscriben en grados relacionados con el trabajo y la educación social (28,6%), el deporte (39,4 %) y la sanidad (29,9 %).

Pero Educación alerta: “Ni todas las universidades regulan, ni todas reconocen el mismo número de créditos”. Por ejemplo, La Laguna (pública) certifica hasta 48 créditos (un curso académico equivale a 60) del grado de Técnico Superior de Educación Infantil cuando se cursa el grado universitario, mientras que la privada UDIMA certifica 70.

La ley de FP de 2025 fomenta la colaboración de la universidad y los centros profesionalizantes “con el fin de crear innovación científica y empresarial y optimizar recursos”, pero la mayoría de los rectores de la red pública ven esta etapa formativa como un competidor, no un aliado. Ni se intercambian profesores, ni cursan materias en los otros centros, como se planteó el Gobierno. Las universidades privadas, sin embargo, sí han visto el filón empresarial.

“Estar bajo el paraguas de una universidad te obliga a poner su calidad académica y te permite generar un paso acelerado de la FP al grado universitario. Y esto, evidentemente, es una ventaja”, argumenta Héctor Alonso-Misol Gerlache, director de UDIT Formación Profesional, la rama de FP de esta universidad enfocada en las artes. Les da “ventaja” frente a los centros de FP ligados a colegios, que no tienen ese puente, aunque también a esos alumnos se les convalida materias estudiando cada caso.

En muchas especialidades, la mayoría de los interesados se quedan fuera en la red pública: este curso en Madrid 60.000 jóvenes no lograron una plaza pública del grado de FP deseado, según el sindicato Comisiones Obreras, o 15.000 en Cataluña, según la Generalitat. Justamente en las dos comunidades en las que no es una enseñanza pública gratuita, cuesta unos 800 euros anuales. Ante ese panorama de notas de acceso desorbitadas, quien puede costearse un centro privado hace el esfuerzo. Pagará entre 3.000 y 9.000 euros anuales.

A la FP Superior se llega tras el Bachillerato o el grado medio. Dura dos años, incluidas las prácticas. Logrado el título, el alumno entra si quiere en la universidad pública sin presentarse a la PAU, si alcanza la nota de corte requerida. En carreras con mucha demanda, como las sanitarias, se ve forzado a examinarse en la fase voluntaria para puntuar sobre 14, no sobre 10, y competir. Los que prueban suerte no paran de subir: de 11.700 en 2015 a 25.000 candidatos.

Evolución de estudiantes de Educación Superior (Gráfico de área)

Pero el ingreso en la universidad privada desde el FP Superior es automática. No hay ni notas de corte. Y estos campus tienden a convalidar más materias de FP que los públicos, que tienen serios reparos en avalar contenidos de los que no han examinado. Aunque hay un límite a las validaciones. En 2023, un decreto de ordenación de las enseñanzas de FP determinó que la convalidación no podrá ser ni inferior al 15% y ni superior al 25% de la carga de créditos total de la formación a la que se quiera acceder (porque también se puede hacer el camino inverso, de la universidad al FP).

“Hay dos tipos de Formación Profesional. La que está muy vinculada a un oficio, por ejemplo, la alfarería o mantenimiento de motores aeronáuticos, que tienen una línea muy clara, que son oficios. Y luego otra línea de títulos, como son los de Informática o Diseño, en los que hay una progresión muy clara a universidad, es natural”, distingue Alonso-Misol Gerlache, que es ingeniero.

Porque la FP superior y la universidad ofrecen cosas distintas. “El alumno sale de FP con una competencia técnica brutal, pero no de resolución de problemas complejos, con esa visión completa que te da la universidad. Pero es que el puesto al que acceden profesionalmente no es el mismo. Yo formo la base de la pirámide”, compara el directivo de UDIT. Por eso un porcentaje alto ―su centro no tiene datos porque la FP echó a andar el pasado curso― da el paso a la universidad tras trabajar un tiempo con el ánimo de progresar dentro de la compañía. “En este país, un título de grado universitario y un posgrado es algo que todavía muchísimas empresas demandan como requisito, por ejemplo, para promocionar a managers”.

La historia detrás de cada centro es muy distinta en cada caso. La Universidad de Mondragón (Guipúzcoa) nació en 1943 como un centro para dar formación a los trabajadores del grupo empresarial homónimo y, al abrirse el campus en 1997, sumó las carreras. Parecido recorrido a Mondragón tiene ESIC. Comenzó en 1965 como una escuela de la congregación religiosa Corazón de Jesús para formar en marketing. Luego se añadieron estudios universitarios como centro adscrito a la Complutense.

Pero el camino suele ser el contrario. La FP supone una extensión de la universidad. En el caso del Grupo CEU arrancaron estas enseñanzas profesionalizantes en 1969 en Madrid y antes, en 1933, las universitarias. En la Europea o la Nebrija, la experiencia es contemporánea. Y algunas universidades sellan, además, alianzas con centros, de forma que se alinean los contenidos de los estudios para que no haya problemas para convalidar materias. Por ejemplo la Alfonso X ha cerrado un acuerdo con Xart, que se jacta de formar “expertos en negocio, tecnología, salud y emergencias”. O la Católica de Murcia con CCC.

Y hay incluso universidades creadas ex profeso para prolongar los estudios de los inscritos. Es el caso de la Universidad Tecnológica Atlántico-Mediterráneo (UTAMED), en remoto desde Málaga, que tiene su origen en la Escuela de Negocios del Mediterráneo (MEDAC), dueña de un centenar de academias. En 2022, el fondo de inversiones Kohlberg Kravis Roberts (KKR) compró toda la empresa por 200 millones de euros, multiplicando por siete el valor de la compañía en tres años.

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