La noche en la que el nacionalpopulista Viktor Orbán perdió las elecciones en Hungría tras 16 años en el poder, un grito atravesaba la euforia de las celebraciones en Budapest. “¡Rusos, iros a casa!“, exigía la multitud tras una campaña electoral empozoñada por la injerencia de Moscú y la evidencia de la sumisión del anterior Ejecutivo ante el Kremlin. Desde aquel 12 de abril, el nuevo primer ministro conservador, Péter Magyar, ha emprendido una transición radical para romper con el sistema de Gobierno anterior. En el capítulo ruso, el cambio ha cristalizado en la expulsión de 10 miembros de la legación rusa en Budapest por llevar a cabo ”actividades inaceptables para diplomáticos según la Convención de Viena».
“Vamos a defender la soberanía de nuestro país”, afirma el primer ministro, Péter Magyar
La noche en la que el nacionalpopulista Viktor Orbán perdió las elecciones en Hungría tras 16 años en el poder, un grito atravesaba la euforia de las celebraciones en Budapest. “¡Rusos, iros a casa!“, exigía la multitud tras una campaña electoral empozoñada por la injerencia de Moscú y la evidencia de la sumisión del anterior Ejecutivo ante el Kremlin. Desde aquel 12 de abril, el nuevo primer ministro conservador, Péter Magyar, ha emprendido una transición radical para romper con el sistema de Gobierno anterior. En el capítulo ruso, el cambio ha cristalizado en la expulsión de 10 miembros de la legación rusa en Budapest por llevar a cabo ”actividades inaceptables para diplomáticos según la Convención de Viena».
“Vamos a defender la soberanía de nuestro país”, ha afirmado Magyar en redes sociales tras el anuncio de la ministra de Exteriores, Anita Orbán, que no tiene vínculos con el ex primer ministro. En un comunicado, la jefa de la diplomacia húngara había explicado horas antes: “Siguiendo mis instrucciones, el martes un responsable del Ministerio de Asuntos Exteriores comunicó al embajador de Rusia en Hungría que, según la evaluación de las autoridades húngaras, 10 miembros de la misión rusa habían llevado a cabo actividades inaceptables para diplomáticos según la Convención de Viena”. La fórmula es el eufemismo que se suele emplear para referirse a espionaje, actividades de inteligencia o injerencia política. “Por ello, Hungría ha pedido a esas personas que abandonen el país”, ha afirmado la ministra.
La decisión, según la ministra, “busca proteger la seguridad y la soberanía de Hungría”. Orbán ha subrayado sin embargo que la expulsión de los diplomáticos no implica una ruptura de las relaciones diplomáticas con Moscú. “Hungría seguirá manteniendo el diálogo necesario, sobre la base del respeto mutuo y el cumplimiento de las normas”, ha dicho.
La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, Maria Zakharova, ha respondido a través a la agencia TASS: “La respuesta al lobby rusófobo de Budapest será dura y dolorosa”.
La decisión de Hungría ha contado con el respaldo de la Comisión Europea. Un portavoz comunitario ha considerado el anuncio “una reacción esperada ante la persistente campaña rusa de ataques híbridos contra la Unión Europea y sus Estados miembros”. “La Unión Europea expresa su plena solidaridad con Hungría y reafirma su apoyo a las actividades diplomáticas y consulares de todos los Estados miembros llevadas a cabo de conformidad con el derecho internacional”, ha añadido.
El país centroeuropeo es extremadamente dependiente de los suministros energéticos rusos, por lo que Magyar no pretende, como había advertido al llegar al poder, cortar lazos con Rusia. El primer ministro defiende una relación pragmática, pero rechaza la injerencia de Moscú y el vínculo servil que cultivó Orbán.
Tras el inicio de la guerra en Ucrania, una mayoría de países de la UE han expulsado a cientos de diplomáticos rusos. No así la Hungría de Orbán, el socio más leal de Moscú entre los 27 Estados miembros. Como publicó un consorcio de medios de investigación durante la campaña electoral, el Ejecutivo húngaro no solo defendió los intereses rusos en el seno del Consejo Europeo, sino que informó de conversaciones sensibles de los socios al Kremlin.
En mayo de este año, medios húngaros publicaron que el Gobierno había expulsado también al tercer secretario de la Embajada de Rusia en Budapest, Artur Sushkov, y a su exposa. Las autoridades húngaras, aún bajo mando de Orbán, habían indentificado a Sushkov como un agente encubierto del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia (SVR), pero la decisión de expulsarle justo antes de la toma de posesión del nuevo Ejecutivo no se hizo pública.
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