Eva Borreguero: «India tiene un gran potencial que España no sabe aprovechar»

La autora de India. La nueva potencia mundial (Editorial Península) analiza el ascenso del país asiático, su relación con China, el papel de Narendra Modi, los retos internos de la democracia india y las oportunidades que se abren para España y Europa.

¿En qué momento deja India de ser vista como una promesa de futuro y empieza a consolidarse como una potencia real en el presente?

En el momento en que se juntan varias cifras: India es una de las grandes economías del mundo, el país más poblado del planeta y también la mayor democracia. A eso se añaden otros elementos, como el acuerdo comercial con la Unión Europea, que de repente conectaría un mercado de unos dos mil millones de consumidores. Hay un agregado de factores, pero la clave está claramente en la convergencia entre economía y demografía.

En el libro propone entender India a través de seis fechas clave y cincuenta preguntas. ¿Por qué elige esa estructura para explicar una realidad tan extensa, diversa y compleja?

Porque la India del presente no se entiende sin conocer su pasado. La India actual es el resultado de un agregado, de un acumulado de hechos históricos, con muchos factores propios y también extranjeros. Hace falta saber qué ha ido ocurriendo durante los últimos dos mil años para comprender bien cómo funcionan hoy la política y la sociedad indias.

Habla mucho de Narendra Modi, una figura central para entender la India contemporánea. ¿Qué ha cambiado con él en la política, la sociedad y la proyección internacional del país?

En términos internacionales, Modi ha proyectado mucho a India. Cuando ganó las elecciones en 2014, lo primero que hizo fue empezar a viajar al extranjero. Le dio una gran visibilidad internacional al país. Su objetivo declarado era que esa India, con ese crecimiento económico y demográfico, tuviese una visibilidad internacional equiparable. Y la ha colocado en foros como el Quad, entre otros. En el plano nacional ha habido dos grandes vías de desarrollo. Por una parte, un crecimiento económico bastante elevado. Por otra, una transformación de la política india mediante la afirmación del nacionalismo hindú y de la identidad hindú.

India suele presentarse como la mayor democracia del mundo. ¿Qué tensiones atraviesa actualmente esa democracia?

Las principales tensiones tienen que ver con lograr que el crecimiento económico vaya acompañado de la integración de los jóvenes en el mercado laboral y de una disminución de las desigualdades. La pobreza se ha reducido bastante, pero la estructura social del reparto de la riqueza sigue siendo muy desigual.

De todas formas, India ya no se asocia solo con pobreza o desigualdad, sino también con tecnología, crecimiento económico y ambición global. ¿Qué explica este cambio de percepción?

Lo explica, en parte, su crecimiento económico, que es de los más elevados del mundo. También el despegue de las nuevas tecnologías. Los indios han sido tradicionalmente grandes matemáticos, y todo el desarrollo de las matemáticas, la investigación y las ciencias les ha permitido impulsar compañías muy modernas en ese ámbito. Eso ha cambiado muchísimo la percepción de India.

India mantiene relaciones con Estados Unidos, Rusia, Europa y el sur global, pero intenta no alinearse completamente con ninguno. ¿Esa ambigüedad es una contradicción o una estrategia deliberada?

Es una estrategia deliberada que le ha dado bastantes ventajas y también algunos inconvenientes. La ventaja es que permite a India mantener alianzas con países muy diversos, incluso enfrentados entre sí, como Rusia y Estados Unidos, o Irán e Israel, y obtener beneficios de esas relaciones. El inconveniente es que, a veces, India puede encontrarse muy sola en determinados momentos de crisis. Pero es algo muy pensado, muy sopesado y muy cuidado.

¿Puede convertirse India en el gran contrapeso de China en Asia?

Ya lo es. India y China son las dos grandes potencias de la región, y eso en un mapa se ve claramente. Si a eso sumamos que India tiene más población y que es una de las principales economías del mundo, el país ya constituye un contrapeso.

¿Qué margen tiene España para mejorar su relación política, económica y cultural con India?

Muchísimo. Me parece una pena que España, que hace quinientos años tenía tan claro que quería llegar a India, se haya quedado por el camino. Países como Italia, Francia o Reino Unido tienen relaciones excelentes con India, mientras que España parece haberse perdido en esa búsqueda. Hay mucho por hacer. Se puede trabajar desde centros culturales, actividades, instituciones y proyectos de cooperación. Es una oportunidad, pero hace falta voluntad, interés y determinación por parte de los gobiernos nacionales, regionales y locales. Hay un potencial muy importante.

 La autora de India. La nueva potencia mundial (Editorial Península) analiza el ascenso del país asiático  

La autora de India. La nueva potencia mundial (Editorial Península) analiza el ascenso del país asiático, su relación con China, el papel de Narendra Modi, los retos internos de la democracia india y las oportunidades que se abren para España y Europa.

¿En qué momento deja India de ser vista como una promesa de futuro y empieza a consolidarse como una potencia real en el presente?

En el momento en que se juntan varias cifras: India es una de las grandes economías del mundo, el país más poblado del planeta y también la mayor democracia. A eso se añaden otros elementos, como el acuerdo comercial con la Unión Europea, que de repente conectaría un mercado de unos dos mil millones de consumidores. Hay un agregado de factores, pero la clave está claramente en la convergencia entre economía y demografía.

En el libro propone entender India a través de seis fechas clave y cincuenta preguntas. ¿Por qué elige esa estructura para explicar una realidad tan extensa, diversa y compleja?

Porque la India del presente no se entiende sin conocer su pasado. La India actual es el resultado de un agregado, de un acumulado de hechos históricos, con muchos factores propios y también extranjeros. Hace falta saber qué ha ido ocurriendo durante los últimos dos mil años para comprender bien cómo funcionan hoy la política y la sociedad indias.

Habla mucho de Narendra Modi, una figura central para entender la India contemporánea. ¿Qué ha cambiado con él en la política, la sociedad y la proyección internacional del país?

En términos internacionales, Modi ha proyectado mucho a India. Cuando ganó las elecciones en 2014, lo primero que hizo fue empezar a viajar al extranjero. Le dio una gran visibilidad internacional al país. Su objetivo declarado era que esa India, con ese crecimiento económico y demográfico, tuviese una visibilidad internacional equiparable. Y la ha colocado en foros como el Quad, entre otros. En el plano nacional ha habido dos grandes vías de desarrollo. Por una parte, un crecimiento económico bastante elevado. Por otra, una transformación de la política india mediante la afirmación del nacionalismo hindú y de la identidad hindú.

India suele presentarse como la mayor democracia del mundo. ¿Qué tensiones atraviesa actualmente esa democracia?

Las principales tensiones tienen que ver con lograr que el crecimiento económico vaya acompañado de la integración de los jóvenes en el mercado laboral y de una disminución de las desigualdades. La pobreza se ha reducido bastante, pero la estructura social del reparto de la riqueza sigue siendo muy desigual.

De todas formas, India ya no se asocia solo con pobreza o desigualdad, sino también con tecnología, crecimiento económico y ambición global. ¿Qué explica este cambio de percepción?

Lo explica, en parte, su crecimiento económico, que es de los más elevados del mundo. También el despegue de las nuevas tecnologías. Los indios han sido tradicionalmente grandes matemáticos, y todo el desarrollo de las matemáticas, la investigación y las ciencias les ha permitido impulsar compañías muy modernas en ese ámbito. Eso ha cambiado muchísimo la percepción de India.

India mantiene relaciones con Estados Unidos, Rusia, Europa y el sur global, pero intenta no alinearse completamente con ninguno. ¿Esa ambigüedad es una contradicción o una estrategia deliberada?

Es una estrategia deliberada que le ha dado bastantes ventajas y también algunos inconvenientes. La ventaja es que permite a India mantener alianzas con países muy diversos, incluso enfrentados entre sí, como Rusia y Estados Unidos, o Irán e Israel, y obtener beneficios de esas relaciones. El inconveniente es que, a veces, India puede encontrarse muy sola en determinados momentos de crisis. Pero es algo muy pensado, muy sopesado y muy cuidado.

¿Puede convertirse India en el gran contrapeso de China en Asia?

Ya lo es. India y China son las dos grandes potencias de la región, y eso en un mapa se ve claramente. Si a eso sumamos que India tiene más población y que es una de las principales economías del mundo, el país ya constituye un contrapeso.

¿Qué margen tiene España para mejorar su relación política, económica y cultural con India?

Muchísimo. Me parece una pena que España, que hace quinientos años tenía tan claro que quería llegar a India, se haya quedado por el camino. Países como Italia, Francia o Reino Unido tienen relaciones excelentes con India, mientras que España parece haberse perdido en esa búsqueda. Hay mucho por hacer. Se puede trabajar desde centros culturales, actividades, instituciones y proyectos de cooperación. Es una oportunidad, pero hace falta voluntad, interés y determinación por parte de los gobiernos nacionales, regionales y locales. Hay un potencial muy importante.

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