El coordinador de la ONU en Venezuela: “Que me insulten de todos los lados significa que estoy haciendo mi trabajo”

Gianluca Rampolla en Caracas, el 6 de julio.

Gianluca Rampolla (Roma, 52 años) va por su tercer terremoto. El primero lo vivió en Haití, en 2010. El segundo, en Papúa Nueva Guinea, en 2018. Y el tercero lo tiene entre las manos ahora mismo: el que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio con dos sismos sucesivos de magnitud 7,2 y 7,5, el más devastador que ha sufrido el país en más de un siglo. Más de 3.000 muertos, decenas de miles sin techo y un Estado que llegó a la catástrofe ya en los huesos: sin sistema de salud robusto, sin infraestructura eléctrica fiable, con millones de personas en situación de vulnerabilidad crónica antes de que cayera el primer edificio.

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Un voluntario juega con una pelota sobre los escombros de un edificio, en La Guaira, el 3 de julio.Labores de rescate en La Guaira, Venezuela, el 30 de junio. Gianluca Rampolla advierte de que la reconstrucción tras los terremotos exigirá desbloquear activos congelados, reabrir el crédito multilateral y decidir dónde no se vuelve a construir  

Gianluca Rampolla (Roma, 52 años) va por su tercer terremoto. El primero lo vivió en Haití, en 2010. El segundo, en Papúa Nueva Guinea, en 2018. Y el tercero lo tiene entre las manos ahora mismo: el que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio con dos sismos sucesivos de magnitud 7,2 y 7,5, el más devastador que ha sufrido el país en más de un siglo. Más de 3.000 muertos, decenas de miles sin techo y un Estado que llegó a la catástrofe ya en los huesos: sin sistema de salud robusto, sin infraestructura eléctrica fiable, con millones de personas en situación de vulnerabilidad crónica antes de que cayera el primer edificio.

En ese escenario, Rampolla ocupa un lugar singular. Como coordinador residente y humanitario de Naciones Unidas en Venezuela, lleva cinco años navegando entre un Gobierno que hasta hace poco lo llamaba “hipócrita” o lo amenazaba y una comunidad internacional reticente a comprometerse con Caracas. Su mandato debería haber terminado ya, pero las sucesivas crisis —la humanitaria crónica, la política y ahora la sísmica— lo mantienen en el país hasta que encuentran a su sustituto. No parece muy contrariado: “Mi cariño por Venezuela es infinito”.

Pregunta. ¿Cuál es la dimensión de esta catástrofe? ¿Es comparable con alguna otra que haya vivido?

Respuesta. Todavía no le puedo dar una respuesta cerrada. Una de las dimensiones que hay que tener en cuenta es que ya teníamos una crisis humanitaria preexistente: en los estados afectados había unas 700.000 personas en situación de necesidad. En nuestro Plan de Respuesta, La Guaira no era una zona priorizada, pero sí que sus habitantes tienen un margen limitado para absorber shocks externos. Si se te cae la casa, se te cae el mundo.

P. Ha habido críticas al Gobierno por el caos de las primeras horas. ¿Esto habría pasado en cualquier país?

R. No es la primera vez que me toca. Estuve en Haití en 2010, fue horrible; estuve en Papúa Nueva Guinea con un terremoto de 7.5 en 2018; he seguido los de Turquía, Siria. Y lo que he visto siempre es que en la primera fase hay confusión, no hay una respuesta organizada. Aquí hablamos además de un país en una situación de debilidad estructural, hasta el punto de que parte del trabajo de Naciones Unidas, de acuerdo con ellos mismos, es y va a seguir siendo el fortalecimiento institucional. Fue, tristemente, confuso, pero es totalmente normal. ¿En qué tragedia no es la propia comunidad la primera en responder? El primer equipo internacional llegó en menos de 24 horas —fueron los suizos—. Delcy Rodríguez me llamó para movilizar toda la capacidad internacional de rescate, y dentro de las primeras 12 horas llegó el segundo pedido: necesitamos su ayuda con el alojamiento.

P. A algunos rescatistas internacionales se les oía preguntarse qué habría pasado si el terremoto hubiese ocurrido con Nicolás Maduro. ¿Cómo cree que se habría gestionado?

R. No le puedo decir cómo hubiera sido, solo cómo ha sido. Nos han pedido algo que no había ocurrido antes: coliderar el establecimiento y la gestión de los campamentos, con toda la pluralidad de servicios que eso implica, y asistencia técnica en toda la parte de recuperación. Que la comunidad internacional, a través de la ONU, sea el vehículo para el apoyo internacional ha sido algo muy novedoso.

P. ¿Cree que el terremoto puede traer alguna oportunidad?

R. Buscar una oportunidad dentro de una tragedia es, obviamente, difícil. Pero ojalá esto acelere la reapertura de canales de cooperación con los bancos multilaterales, que se reconstruya mejor y que el Gobierno se sienta aún más cómodo buscando acompañamiento. Han demostrado que están listos para abrirse al mundo. Creo también que ofrece una oportunidad política: que el proceso de reinstitucionalización se haga con espíritu de unidad nacional, sin ir hacia la confrontación, buscando soluciones que permitan la coexistencia.

P. La NASA calcula 58.870 edificios dañados o destruidos. ¿Cuál es el plazo realista para la reconstrucción?

R. Depende del nivel de daño de cada edificio; hay que determinar cuáles se pueden salvar. La manera de reducir la presión sobre los campamentos temporales es ir viendo qué edificios siguen siendo utilizables y qué intervención necesitan para que la gente pueda volver. Los que colapsaron o son inutilizables hay que demolerlos, y hay que definir soluciones para esa gente. ¿Y dónde se reconstruye? Cuando digo reconstruir mejor, también me refiero a determinar dónde sí y dónde no.

P. ¿Cree que La Guaira debería volver a ser La Guaira?

R. No soy geólogo ni sismólogo, pero es obvio que tendrán que determinar por qué en algunas zonas colapsó y en otras no. Yo vengo de un país [Italia] donde, cada vez que hay un desastre, nos damos cuenta de que hemos construido donde no debíamos. ¿Cuánto va a tomar? Mucho. ¿Cómo se va a financiar? Esa es la pregunta. Van a necesitar acceso a crédito internacional en una situación ya compleja, con una de las deudas más grandes pendientes de reestructurar. Voy a ser sincero: con acceso a sus activos congelados en el exterior —congelados por sanciones—, con un flujo de caja que les permita invertir con recursos propios y con apoyo internacional.

P. ¿La ONU ha hecho alguna mediación con Estados Unidos para que Venezuela pueda disponer de esos ingresos congelados?

R. Vamos a seguir insistiendo, siempre lo hemos hecho, en que las sanciones han tenido un impacto negativo.

P. El dinero del petróleo está en una cuenta en Estados Unidos y llega a cuentagotas. ¿Han hecho una petición formal para que el país disponga de sus ingresos?

R. No lo hemos hecho. Un principio clave de la Carta de Naciones Unidas es la soberanía, y ese principio incluye el control de los propios recursos. Pero es absolutamente necesario que el país tenga los recursos adecuados para lidiar con esta situación. Y sus propios recursos no van a ser suficientes: no lo eran antes, no lo van a ser ahora.

P. ¿Es posible relanzar la economía a pesar del terremoto?

R. Es totalmente posible, pero no va a lograrse enfocándose solo en el sector petrolero. Hace falta apoyar la industria y la empresa en toda su articulación. Un país cuyo PIB es hoy una cuarta parte de lo que era en 2012 necesita recuperar músculo financiero para invertir en los servicios básicos: salud, educación, agua, saneamiento. Un país sin esos servicios no es un país sostenible.

P. Ustedes eran “los hipócritas de la ONU”, según el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, y ahora el Gobierno los usa en sus ruedas de prensa para respaldar su gestión.

R. Me han llamado de todo desde distintos espectros políticos y no fue solo lo de “hipócritas”. A la ONU muchas veces se la instrumentaliza en cualquier parte del mundo. En las redes me han calificado de basurero de Venezuela, fascista, títere, según convenga. Pero ahora no es un momento de recriminar nada. Es momento de trabajar de la mano y en coordinación. El Gobierno nos ha pedido ayuda y estamos aquí para apoyar al pueblo venezolano.

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