Hace la friolera de 45 días, o lo que es lo mismo, un mes y medio, que se consumó el descenso a Segunda y al Mallorca le queda casi todo por hacer. Seguramente el director deportivo, Pablo Ortells, apelará al clásico de que «el mercado está muy parado» durante la presentación del técnico Luis García, pero la realidad es que hay demasiadas incógnitas que planean sobre la confección de la plantilla. Hace la friolera de 45 días, o lo que es lo mismo, un mes y medio, que se consumó el descenso a Segunda y al Mallorca le queda casi todo por hacer. Seguramente el director deportivo, Pablo Ortells, apelará al clásico de que «el mercado está muy parado» durante la presentación del técnico Luis García, pero la realidad es que hay demasiadas incógnitas que planean sobre la confección de la plantilla.
Hace la friolera de 45 días, o lo que es lo mismo, un mes y medio, que se consumó el descenso a Segunda y al Mallorca le queda casi todo por hacer. Seguramente el director deportivo, Pablo Ortells, apelará al clásico de que «el mercado está muy parado» durante la presentación del técnico Luis García, pero la realidad es que hay demasiadas incógnitas que planean sobre la confección de la plantilla.
Hay más jugadores que se han marchado o que tienen intención de dejar Son Moix que los que quieren quedarse y ofrecen garantías para Segunda División. Sería de agradecer que el club acelerara muchas gestiones para no encontrarse la casa sin barrer el último día de mercado, como casi siempre sucede con estos gestores.
La pretemporada empieza este miércoles y el nuevo entrenador trabajará con muchos futbolistas que no serán importantes a partir del 1 de septiembre o, directamente, no estarán. Y eso es perder el tiempo, justo lo que ocurrió el verano pasado con Jagoba Arrasate, cuando muchos frentes abiertos se cerraron de una forma catastrófica. El preparador asturiano necesita enseñar su manual y lo suyo es contar con la mayor parte de su plantilla lo antes posible. Sin embargo, nada de esto está sucediendo.
Es verdad que el Mallorca parte con mucha ventaja respecto a sus competidores porque le sale el dinero por las orejas, por lo que tiene más opciones para elegir. No hay margen para equivocarse porque el proyecto solo pasa por volver a Primera División en menos de un año. Y para eso debe tener credibilidad, justo lo más complicado, no solo millones sobre la mesa.
Otra vez el aficionado debe hacer un acto de fe y armarse de paciencia. Toca creer que el castellonense, con la imagen muy tocada tras su sonoro fracaso de la pasada campaña, que costó perder la categoría, diseñará un grupo que sea capaz de ilusionar. La humildad en su discurso debe ser protagonista en el camino de los bermellones en Segunda, no creerse más que nadie, pero tampoco hay que insultar a la inteligencia de nadie. La exigencia debe ser máxima. Solo faltaría.
Diario de Mallorca – Deportes
