
Teresa Sáez pregunta que por dónde empieza, y lo hace porque no quiere dejarse nada en la cronología para explicar qué ha ocurrido en los últimos diez años en la sociedad española colocando la agresión múltiple de La Manada como inicio de un cambio social “clarísimo y obvio”. Y teniendo en cuenta que ella lo hace desde un lugar que empezó a transformarse casi una década antes: Pamplona, Navarra, cuyo punto de inflexión propio fue tras la violación y el asesinato de Nagore Laffage a manos de José Diego Yllanes, en 2008, también un 7 de julio.
La histórica activista y cofundadora de Lunes Lilas habla de la importancia del trabajo común entre el movimiento y las instituciones cuando se cumplen diez años de la agresión de La Manada en San Fermín
Teresa Sáez pregunta que por dónde empieza, y lo hace porque no quiere dejarse nada en la cronología para explicar qué ha ocurrido en los últimos diez años en la sociedad española colocando la agresión múltiple de La Manada como inicio de un cambio social “clarísimo y obvio”. Y teniendo en cuenta que ella lo hace desde un lugar que empezó a transformarse casi una década antes: Pamplona, Navarra, cuyo punto de inflexión propio fue tras la violación y el asesinato de Nagore Laffage a manos de José Diego Yllanes, en 2008, también un 7 de julio.
Saéz tiene ahora 69 años, estudió Historia y Pedagogía y cumple ya medio siglo dedicada a los derechos humanos, los de las mujeres, y a trabajar institucional y socialmente contra la violencia machista. También contra ella sale cada primer lunes de mes, con Lunes Lilas, la organización feminista de la que es cofundadora. Esa es “la herencia” desde la que arranca esta entrevista, a principios de julio, por teléfono.
Pregunta. ¿Qué ha visto en la última década?
Respuesta. Creo que ha habido dos cuestione clave. Por un lado, la instalación de la idea del consentimiento en mujeres de todas las edades, ese saber que ya no voy a hacer algo que no quiera porque no tengo por qué hacerlo. Un ejemplo: el otro día en el autobús una chica se acercó al conductor y le dijo que había un hombre que no paraba de sobarla. El conductor paró, cerró las puertas y llamó a la policía. La percepción de ella fue que podía ir hasta el conductor a decírselo, y él, automáticamente, reaccionó frente a esa violencia. Esto antes era impensable, lo uno y lo otro.
P. ¿Y la segunda cuestión clave?
R. Algo que en Navarra lleva ocurriendo desde antes de la agresión de La Manada y que creo que ha sido buen ejemplo y práctica para otros espacios, que es la consolidación del trabajo común entre las instituciones y el movimiento feminista. En nuestro caso, con el ayuntamiento. Pasamos de trabajar solo para lo que empezó a llamarse Sanfermines en Igualdad [en 2014] a hacerlo todo el año, con una mirada mucho más amplia ante la violencia machista y, en particular, la violencia sexual.
P. ¿Cómo lo hacen?
R. Por ejemplo, conociendo los datos. El ayuntamiento nos informa de las estadísticas para que a partir de esa información podamos ver qué tipo de formaciones hay que hacer, a quiénes, revisamos los protocolos, decidimos qué incluimos y qué no y cómo tienen que funcionar las casetas, lo que se conoce en general como puntos lilas [lugares de información, prevención y atención a la violencia en espacios de ocio]. Ya nadie cuestiona la necesidad de este trabajo en equipo, al revés, es un espacio necesario.
P. ¿Cuál diría que es la consecuencia más positiva de ese trabajo conjunto?
R. Que cuando se produce la violencia los recursos están claros, definidos, revisados y son muy cercanos para todas: para las mujeres sin ninguna discapacidad y para las que tienen alguna, para las nacidas en Pamplona y para las migrantes. En días de fiesta y sin fiestas. Para actuar contra la violencia una vez se ha producido eso es imprescindible, son imprescindibles los recursos especializados, con personal experto, y disponibles para todas las mujeres. Y lo tenemos muy afianzado. Pero también estamos encontrando un gran problema.
P. ¿Cuál?
R. Aún cuesta aceptar que cualquiera pueda ser un agresor: tu vecino, tu primo, un amigo o tu hermano. Es en lo que más estamos trabajando estos dos últimos años, en explicar que la violencia es violencia la perpetre quien la perpetre y que no es menos violencia porque la perpetre alguien de tu círculo cercano, sino que evidencia un problema estructural. Hay mucho conocimiento que ha saltado de la teoría y los movimientos feministas a las calles y este en un paso más que hay que lograr también hacer común. Hay que hacer pedagogía como hemos hecho con todo lo demás.
P. Habla de pedagogía. El caso de La Manada conllevó mucha respecto a la violencia sexual, en la calle y en los medios, pero hubo también cierta pedagogía institucional, por cómo funcionó todo el sistema en Pamplona.
R. Ocurrió por todo un trabajo previo. Las cosas no surgen de la nada y Pamplona, Navarra, tiene un movimiento feminista fuerte desde los años ochenta, pero además en Navarra el punto de inflexión no fue 2016 sino 2008, con el asesinato de Nagore Laffage. Ahí se empieza un trabajo fuerte, social e institucional. Para cuando ocurre la violación de La Manada, la ciudad contaba con un feminismo preparado que había hecho incidencia, social y política, y un sistema institucional y de las organizaciones preparado por el aprendizaje de los últimos años, y sobre todo por haber convertido ese aprendizaje en cuestiones palpables: protocolos y personal formado, por ejemplo. Pero también una conciencia fuerte contra la violencia, una conciencia feminista, tanto entre la ciudadanía como en las instituciones.
El teléfono 016 atiende a las víctimas de violencia machista, a sus familias y a su entorno las 24 horas del día, todos los días del año, en 53 idiomas diferentes. El número no queda registrado en la factura telefónica, pero hay que borrar la llamada del dispositivo. También se puede contactar a través del correo electrónico 016-online@igualdad.gob.es y por WhatsApp en el número 600 000 016. Los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10. Si es una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062). Y en caso de no poder llamar, se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.
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