Vivimos en la era de las IP —Propiedades Intelectuales, todas esas marcas, sagas y personajes cuyos derechos posee una productora—. Hay que aceptarlo. La industria ha descubierto que apostar por activos reconocibles, con una base de fans ya consolidada, es rentable; y en un sistema capitalista donde esa rentabilidad parece representar el fin último, bastante por encima de lo artístico o lo reflexivo, estas IP son un hueso que nadie tiene la menor intención de soltar.
Todo el mundo quiere su «Star Wars», su «Casa de Papel», su «Juego de tronos». En definitiva, todo el mundo quiere una vaca que ordeñar hasta que no quede nada; hasta que la última subtrama, el último secundario, que aparecía desenfocado en el episodio 8, tengan, por supuesto, su spin-off. En el caso de Prime Video, «Jack Ryan» parece uno de los principales candidatos para «franquiciarse» y coger así el testigo, salvando las distancias, de otras grandes sagas de acción, como «Misión: Imposible».
El personaje, creado por el novelista Tom Clancy en los 80, no es precisamente un recién llegado. En los zapatos de este agente de la CIA ya se han puesto actores de la talla de Harrison Ford, Alec Baldwin o Ben Affleck. El último en sumarse fue John Krasinski, que en 2018 sorprendió a todos al romper con su imagen del sensible Jim Halpert en «The Office» para ponerse cachas e interpretar a Ryan en la nueva adaptación en formato serie a cargo de la plataforma de Amazon. Creada por Carlton Cuse —uno de los cocreadores de «Perdidos»— y Graham Roland, la serie tomaba libremente al personaje de Clancy y lo situaba en un contexto geopolítico moderno, centrándose en su evolución, de analista de escritorio a operativo de campo de alto nivel.
El balance de la serie fue más que positivo. «Jack Ryan» consiguió consolidarse como uno de los grandes pilares de Prime Video, logró revitalizar el universo de Tom Clancy al traerlo al presente y humanizar a su héroe, alejándolo del clásico agente invulnerable y logrando récords de audiencia, que superó los 7 millones de espectadores en sus semanas de estreno y mantuvo una presencia constante en el Top 10 global de la plataforma. Tres años después de su final, que se entendió como cerrado e inamovible, el Ryan de Krasinski vuelve, seguramente poseído porTres años después de su final, que se entendió como cerrado e inamovible, el Ryan de Krasinski vuelve, seguramente poseído por esa fiebre franquiciadora que todo lo resucita, en formato película con «Guerra encubierta».
Dirigida por Andrew Bernstein —que ya estuvo al frente de algunos episodios de la serie—, «Guerra encubierta» nos presenta a un Jack Ryan alejado de las labores de campo, en una apuesta clara por la calma y la tranquilidad. Poco le durará. James Greer —Wendell Pierce— no tardará en enmarronarles a él y a su inseparable Mike November —Michael Kelly— en una misión entre Londres y Dubái, a la caza de un díscolo exagente de inteligencia que planea un ataque fantasma contra Estados Unidos. Al grupo se unirá Emma Marlow, una agente del MI6 interpretada por Sienna Miller.
Si mientras leía el párrafo anterior ha pensado en Tom Cruise o en Daniel Craig, no se equivoca. Si algo se puede decir de «Jack Ryan: Guerra encubierta» es que, en su afán por construir un universo propio, cercano al de Ethan Hunt o al de Bond, acaba siendo prácticamente indistinguible de ellos. Nada en sus casi dos horas de metraje resulta novedoso, fresco u original. Tampoco fallido. De hecho, la acción, rodada con mimo y sin abusar del digital, transmite ese cuidado y resulta sólida en su ejecución. El problema, en este mundo de sobreexposición audiovisual, es que con eso ya no basta. La corrección, por mucho que no sea fácil de conseguir, no transmite por sí sola. Hace falta alma, hace falta ese «mojo», esa chispa que atrapa y que ni este Jack Ryan, ni sus secundarios, ni su trama —especialmente genérica y dispersa— terminan de tener.
Al final, «Jack Ryan: Guerra encubierta» funciona mejor como entretenimiento de baja exigencia: una película sólida, simpática y perfectamente válida para una tarde de domingo si apetece acción sin demasiadas complicaciones. Tiene oficio, tiene un reparto al que es fácil querer acompañar y nunca llega a ser un mal trago. Pero tampoco encuentra nada que la haga quedarse. En esa maquinaria actual donde cada título parece nacer con vocación de universo expandido, su mayor problema no es fallar, sino limitarse a cumplir. Y cumplir, hoy, rara vez basta para sobrevivir a la quema.
En palabras del mismísimo Jack Ryan: LA RAZÓN ha podido charlar con John Krasinski sobre la nueva película de «Jack Ryan», un salto al cine que el actor define como una oportunidad para llevar al personaje a una escala mucho mayor que la de la serie. «Al final, esto es con lo que crecimos», explicó Krasinski, recordando las películas protagonizadas por Harrison Ford y aquellas imágenes de Jack Ryan «colgado de helicópteros» y envuelto en grandes secuencias de acción. Para el intérprete, lo más poderoso del personaje siempre ha sido precisamente que no es un superhéroe: «No tiene poderes, pero hace cosas igual de valientes, si no más». Por eso, considera que la película permite recuperar esa dimensión cinematográfica del personaje, con más acción, más presión y secuencias diez veces más grandes, pero sin perder el vínculo emocional construido durante la serie.
Krasinski defendió que el formato cinematográfico permite llevar a Jack Ryan «a nuevos territorios», sobre todo porque el público ya conoce y quiere a estos personajes. La serie, explicó, permitió «pasar tiempo con ellos» y entender quiénes eran; la película, en cambio, comprime la historia y convierte el relato en «una olla a presión». «Una vez tienes personajes de los que la gente se enamora, puedes empujarlos a nuevos lugares», señaló el actor, que reconoció que las escenas de acción de la película han sido «quizá más divertidas» que las de la serie precisamente porque son mucho más grandes. «Cuanto más miedo pasamos en el set, más nos reímos», bromeó.
El actor también reconoció que, aunque la cuarta temporada se presentó como un cierre, nunca sintió del todo terminado su viaje como Jack Ryan. «Este personaje lleva años teniendo historias», recordó en referencia al legado de Tom Clancy y a las anteriores adaptaciones cinematográficas. Krasinski asumía que Jack Ryan podía continuar «conmigo o sin mí», pero lo tenía claro: «Prefería que fuera conmigo antes que sin mí». De ahí nació el punto de partida de la película: un Jack que cree haber dejado atrás la CIA y que ha vuelto al mundo de las finanzas, algo que forma parte del canon del personaje, hasta que descubre que aún puede marcar la diferencia. «Es como ese momento de «El padrino»: crees que estás fuera, pero te vuelven a meter dentro», resumió.
En cuanto a lo que todavía quedaba por explorar, Krasinski subrayó la evolución moral de Jack Ryan. El personaje, dijo, ya no es el analista contenido y aparentemente cómodo dentro de la CIA que el público conoció al principio, sino alguien que ha aprendido a actuar guiado por «una brújula moral». Jack sigue siendo un hombre que distingue lo correcto incluso cuando sus superiores le empujan en otra dirección: «Esto es lo que hay que hacer, aunque mi jefe diga que no». Para Krasinski, ahí reside buena parte de la fuerza del personaje: en su decisión de escoger «el camino correcto» y pelear esa batalla junto a quienes comparten ese mismo compromiso.
La nueva aventura del agente de Tom Clancy interpretado por John Krasinski tiene oficio, ritmo y buenas secuencias, aunque le falta una identidad propia que la haga destacar
Vivimos en la era de las IP —Propiedades Intelectuales, todas esas marcas, sagas y personajes cuyos derechos posee una productora—. Hay que aceptarlo. La industria ha descubierto que apostar por activos reconocibles, con una base de fans ya consolidada, es rentable; y en un sistema capitalista donde esa rentabilidad parece representar el fin último, bastante por encima de lo artístico o lo reflexivo, estas IP son un hueso que nadie tiene la menor intención de soltar.
Todo el mundo quiere su «Star Wars», su «Casa de Papel», su «Juego de tronos». En definitiva, todo el mundo quiere una vaca que ordeñar hasta que no quede nada; hasta que la última subtrama, el último secundario, que aparecía desenfocado en el episodio 8, tengan, por supuesto, su spin-off. En el caso de Prime Video, «Jack Ryan» parece uno de los principales candidatos para «franquiciarse» y coger así el testigo, salvando las distancias, de otras grandes sagas de acción, como «Misión: Imposible».
El personaje, creado por el novelista Tom Clancy en los 80, no es precisamente un recién llegado. En los zapatos de este agente de la CIA ya se han puesto actores de la talla de Harrison Ford, Alec Baldwin o Ben Affleck. El último en sumarse fue John Krasinski, que en 2018 sorprendió a todos al romper con su imagen del sensible Jim Halpert en «The Office» para ponerse cachas e interpretar a Ryan en la nueva adaptación en formato serie a cargo de la plataforma de Amazon. Creada por Carlton Cuse —uno de los cocreadores de «Perdidos»— y Graham Roland, la serie tomaba libremente al personaje de Clancy y lo situaba en un contexto geopolítico moderno, centrándose en su evolución, de analista de escritorio a operativo de campo de alto nivel.
El balance de la serie fue más que positivo. «Jack Ryan» consiguió consolidarse como uno de los grandes pilares de Prime Video, logró revitalizar el universo de Tom Clancy al traerlo al presente y humanizar a su héroe, alejándolo del clásico agente invulnerable y logrando récords de audiencia, que superó los 7 millones de espectadores en sus semanas de estreno y mantuvo una presencia constante en el Top 10 global de la plataforma. Tres años después de su final, que se entendió como cerrado e inamovible, el Ryan de Krasinski vuelve, seguramente poseído porTres años después de su final, que se entendió como cerrado e inamovible, el Ryan de Krasinski vuelve, seguramente poseído por esa fiebre franquiciadora que todo lo resucita, en formato película con «Guerra encubierta».
Dirigida por Andrew Bernstein —que ya estuvo al frente de algunos episodios de la serie—, «Guerra encubierta» nos presenta a un Jack Ryan alejado de las labores de campo, en una apuesta clara por la calma y la tranquilidad. Poco le durará. James Greer —Wendell Pierce— no tardará en enmarronarles a él y a su inseparable Mike November —Michael Kelly— en una misión entre Londres y Dubái, a la caza de un díscolo exagente de inteligencia que planea un ataque fantasma contra Estados Unidos. Al grupo se unirá Emma Marlow, una agente del MI6 interpretada por Sienna Miller.
Si mientras leía el párrafo anterior ha pensado en Tom Cruise o en Daniel Craig, no se equivoca. Si algo se puede decir de «Jack Ryan: Guerra encubierta» es que, en su afán por construir un universo propio, cercano al de Ethan Hunt o al de Bond, acaba siendo prácticamente indistinguible de ellos. Nada en sus casi dos horas de metraje resulta novedoso, fresco u original. Tampoco fallido. De hecho, la acción, rodada con mimo y sin abusar del digital, transmite ese cuidado y resulta sólida en su ejecución. El problema, en este mundo de sobreexposición audiovisual, es que con eso ya no basta. La corrección, por mucho que no sea fácil de conseguir, no transmite por sí sola. Hace falta alma, hace falta ese «mojo», esa chispa que atrapa y que ni este Jack Ryan, ni sus secundarios, ni su trama —especialmente genérica y dispersa— terminan de tener.
Al final, «Jack Ryan: Guerra encubierta» funciona mejor como entretenimiento de baja exigencia: una película sólida, simpática y perfectamente válida para una tarde de domingo si apetece acción sin demasiadas complicaciones. Tiene oficio, tiene un reparto al que es fácil querer acompañar y nunca llega a ser un mal trago. Pero tampoco encuentra nada que la haga quedarse. En esa maquinaria actual donde cada título parece nacer con vocación de universo expandido, su mayor problema no es fallar, sino limitarse a cumplir. Y cumplir, hoy, rara vez basta para sobrevivir a la quema.
►En palabras del mismísimo Jack Ryan: LA RAZÓN ha podido charlar con John Krasinski sobre la nueva película de «Jack Ryan», un salto al cine que el actor define como una oportunidad para llevar al personaje a una escala mucho mayor que la de la serie. «Al final, esto es con lo que crecimos», explicó Krasinski, recordando las películas protagonizadas por Harrison Ford y aquellas imágenes de Jack Ryan «colgado de helicópteros» y envuelto en grandes secuencias de acción. Para el intérprete, lo más poderoso del personaje siempre ha sido precisamente que no es un superhéroe: «No tiene poderes, pero hace cosas igual de valientes, si no más». Por eso, considera que la película permite recuperar esa dimensión cinematográfica del personaje, con más acción, más presión y secuencias diez veces más grandes, pero sin perder el vínculo emocional construido durante la serie.
Krasinski defendió que el formato cinematográfico permite llevar a Jack Ryan «a nuevos territorios», sobre todo porque el público ya conoce y quiere a estos personajes. La serie, explicó, permitió «pasar tiempo con ellos» y entender quiénes eran; la película, en cambio, comprime la historia y convierte el relato en «una olla a presión». «Una vez tienes personajes de los que la gente se enamora, puedes empujarlos a nuevos lugares», señaló el actor, que reconoció que las escenas de acción de la película han sido «quizá más divertidas» que las de la serie precisamente porque son mucho más grandes. «Cuanto más miedo pasamos en el set, más nos reímos», bromeó.
El actor también reconoció que, aunque la cuarta temporada se presentó como un cierre, nunca sintió del todo terminado su viaje como Jack Ryan. «Este personaje lleva años teniendo historias», recordó en referencia al legado de Tom Clancy y a las anteriores adaptaciones cinematográficas. Krasinski asumía que Jack Ryan podía continuar «conmigo o sin mí», pero lo tenía claro: «Prefería que fuera conmigo antes que sin mí». De ahí nació el punto de partida de la película: un Jack que cree haber dejado atrás la CIA y que ha vuelto al mundo de las finanzas, algo que forma parte del canon del personaje, hasta que descubre que aún puede marcar la diferencia. «Es como ese momento de «El padrino»: crees que estás fuera, pero te vuelven a meter dentro», resumió.
En cuanto a lo que todavía quedaba por explorar, Krasinski subrayó la evolución moral de Jack Ryan. El personaje, dijo, ya no es el analista contenido y aparentemente cómodo dentro de la CIA que el público conoció al principio, sino alguien que ha aprendido a actuar guiado por «una brújula moral». Jack sigue siendo un hombre que distingue lo correcto incluso cuando sus superiores le empujan en otra dirección: «Esto es lo que hay que hacer, aunque mi jefe diga que no». Para Krasinski, ahí reside buena parte de la fuerza del personaje: en su decisión de escoger «el camino correcto» y pelear esa batalla junto a quienes comparten ese mismo compromiso.
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