Paula Sanders tiene una vida complicada, y de más de cinco o diez formas distintas. Su exmarido la presiona para discutir sobre la custodia de su hija; en el trabajo no encuentra la estabilidad que necesita y ha visto cómo secuestran a su «cam boy». Dicho así, parece mentira, pero es ficción. Apple TV acaba de estrenar la serie «Máximo placer garantizado», un thriller con muchos tintes de comedia negra, creado por David J. Rosen y protagonizado por la ganadora del Emmy Tatiana Maslany.
Recientemente divorciada de Karl (Jake Johnson), Paula (Maslany) intenta rehacer su vida en un nuevo piso en el que prepara una bonita habitación para su hija Hazel (Nola Wallace). Se juega la custodia, ya que tiene una manera muy particular de ser que ya le causó problemas en el pasado y que volverán a su nueva vida. Entre su trabajo como correctora de textos en una editorial y mantener el vínculo con la niña, cuando llega a casa por las noches, lo único que quiere Paula es conectarse, servirse una copa de vino y hablar con su «Cam Boy» favorito, Trevor (Brandon Flynn). Sin embargo, todo se tuerce cuando cree haber sido testigo en directo de la agresión y el secuestro de «Trev».
Ahí es cuando entra en juego la policía. Los detectives Sofía González (Dolly De Leon) y Baxter (Jon Michael Hill) se encuentran con un misterio por resolver mientras intentan no acusar de asesinato a Paula en más de una ocasión. Pero Paula no sabe quedarse quieta y quiere atar cabos para intentar huir de una extorsión que amenaza con destruir su vida, la posible custodia de Hazel y todo lo que la rodea. Pero ese comportamiento habitual de Paula de no poner la otra mejilla la mete aún en más problemas de los que ya tenía. Un corte en un brazo con una lata de conservas es el menor de sus males. Una propuesta para mudarse junto a Karl y su actual pareja Mallory (Jessy Hodges) a Idaho es la gota que colma el vaso. Lo que comenzó como una comedia negra de una madre que intenta mantener el vínculo con su hija mientras saca a flote su vida se convierte en un thriller, lleno de secretos, mentiras y mucho sospechoso con gorra de béisbol e intenciones más que asesinas hacia cualquiera que se le ponga por medio.
La interpretación de Maslany me trajo recuerdos de la sufridora de Charlie Cale en «Poker Face» o Nadia Vulvokov en «Muñeca Rusa» (ambas interpretadas por Natasha Lyonne), con esa inocencia que oculta superficialmente una personalidad arrolladora, causante de problemas y que atrae las desgracias. Todo orbita a su alrededor y, además, oculta un secreto en su pasado en Portland que podría volverse en su contra. Además, su personaje oscila entre la paranoia, la culpa materna y una extraña forma de lucidez mental que sorprende en los momentos más inesperados. La serie juega con el espectador a traerle pistas desde el pasado. Algunas reconstrucciones permitirán que podamos empezar a atisbar qué cadena de sucesos ha desencadenado el caos que es ahora mismo la vida de Paula. A su alrededor todo se complica, y no ayudan su jefa Suzie (Tara Summers) y sus dos locos compañeros de viaje: Rudy (Charlie Hall), corrector como ella, pero con ínfulas de abogado y al que parece faltarle algún hervor, y Geri (Kiarra Hamagami), una «trepa» de manual que desprecia a todo el mundo y le gusta fisgonear en la vida de los demás. Y no nos olvidemos del malo, malísimo Murray Bartlett, al que hay que elogiar en esos momentos en los que es capaz de hacer aflorar unas muy reales lágrimas y al segundo siguiente estar preparando la siguiente agresión sin tan siquiera parpadear.
«Máximo placer garantizado» —eslogan que aparece cuando la protagonista abona cantidades de dinero por un show privado con un «cam boy»— va deshilando la trama con cierta lentitud, desvelando sin querer que hay una historia más complicada que unas extorsiones por internet a algunos (y algunas) incautos. En el fondo, una crítica de la vida suburbana más aburrida con sus divorcios, custodia de hijos y fútbol infantil en grandes dosis. El espectador disfrutará más de la serie cuando deje de pensar y se la tome como lo que es: una ficción que no pretende en absoluto ser real.
No desvelaremos los compases finales de esta serie, que promete no cerrar nada que permita que sigamos disfrutando del misterio que se esconde detrás de todos estos chanchullos y chantajes. Puede que Paula gane o pierda la custodia. La cuestión es si en eso le va la vida también.
Apple TV estrena este thriller con tintes de comedia negra, creado por David J. Roseny protagonizado por Tatiana Maslany
Paula Sanders tiene una vida complicada, y de más de cinco o diez formas distintas. Su exmarido la presiona para discutir sobre la custodia de su hija; en el trabajo no encuentra la estabilidad que necesita y ha visto cómo secuestran a su «cam boy». Dicho así, parece mentira, pero es ficción. Apple TV acaba de estrenar la serie «Máximo placer garantizado», un thriller con muchos tintes de comedia negra, creado por David J. Rosen y protagonizado por la ganadora del Emmy Tatiana Maslany.
Recientemente divorciada de Karl (Jake Johnson), Paula (Maslany) intenta rehacer su vida en un nuevo piso en el que prepara una bonita habitación para su hija Hazel (Nola Wallace). Se juega la custodia, ya que tiene una manera muy particular de ser que ya le causó problemas en el pasado y que volverán a su nueva vida. Entre su trabajo como correctora de textos en una editorial y mantener el vínculo con la niña, cuando llega a casa por las noches, lo único que quiere Paula es conectarse, servirse una copa de vino y hablar con su «Cam Boy» favorito, Trevor (Brandon Flynn). Sin embargo, todo se tuerce cuando cree haber sido testigo en directo de la agresión y el secuestro de «Trev».
Ahí es cuando entra en juego la policía. Los detectives Sofía González (Dolly De Leon) y Baxter (Jon Michael Hill) se encuentran con un misterio por resolver mientras intentan no acusar de asesinato a Paula en más de una ocasión. Pero Paula no sabe quedarse quieta y quiere atar cabos para intentar huir de una extorsión que amenaza con destruir su vida, la posible custodia de Hazel y todo lo que la rodea. Pero ese comportamiento habitual de Paula de no poner la otra mejilla la mete aún en más problemas de los que ya tenía. Un corte en un brazo con una lata de conservas es el menor de sus males. Una propuesta para mudarse junto a Karl y su actual pareja Mallory (Jessy Hodges) a Idaho es la gota que colma el vaso. Lo que comenzó como una comedia negra de una madre que intenta mantener el vínculo con su hija mientras saca a flote su vida se convierte en un thriller, lleno de secretos, mentiras y mucho sospechoso con gorra de béisbol e intenciones más que asesinas hacia cualquiera que se le ponga por medio.
La interpretación de Maslany me trajo recuerdos de la sufridora de Charlie Cale en «Poker Face» o Nadia Vulvokov en «Muñeca Rusa» (ambas interpretadas por Natasha Lyonne), con esa inocencia que oculta superficialmente una personalidad arrolladora, causante de problemas y que atrae las desgracias. Todo orbita a su alrededor y, además, oculta un secreto en su pasado en Portland que podría volverse en su contra. Además, su personaje oscila entre la paranoia, la culpa materna y una extraña forma de lucidez mental que sorprende en los momentos más inesperados. La serie juega con el espectador a traerle pistas desde el pasado. Algunas reconstrucciones permitirán que podamos empezar a atisbar qué cadena de sucesos ha desencadenado el caos que es ahora mismo la vida de Paula. A su alrededor todo se complica, y no ayudan su jefa Suzie (Tara Summers) y sus dos locos compañeros de viaje: Rudy (Charlie Hall), corrector como ella, pero con ínfulas de abogado y al que parece faltarle algún hervor, y Geri (Kiarra Hamagami), una «trepa» de manual que desprecia a todo el mundo y le gusta fisgonear en la vida de los demás. Y no nos olvidemos del malo, malísimo Murray Bartlett, al que hay que elogiar en esos momentos en los que es capaz de hacer aflorar unas muy reales lágrimas y al segundo siguiente estar preparando la siguiente agresión sin tan siquiera parpadear.
«Máximo placer garantizado» —eslogan que aparece cuando la protagonista abona cantidades de dinero por un show privado con un «cam boy»— va deshilando la trama con cierta lentitud, desvelando sin querer que hay una historia más complicada que unas extorsiones por internet a algunos (y algunas) incautos. En el fondo, una crítica de la vida suburbana más aburrida con sus divorcios, custodia de hijos y fútbol infantil en grandes dosis. El espectador disfrutará más de la serie cuando deje de pensar y se la tome como lo que es: una ficción que no pretende en absoluto ser real.
No desvelaremos los compases finales de esta serie, que promete no cerrar nada que permita que sigamos disfrutando del misterio que se esconde detrás de todos estos chanchullos y chantajes. Puede que Paula gane o pierda la custodia. La cuestión es si en eso le va la vida también.
Programación TV en La Razón
