Xi y Putin ultiman un gran acuerdo energético en plena crisis de Ormuz

Pekín ha vuelto a desplegar este miércoles la alfombra roja para recordar que, en la geopolítica actual, todos los caminos pasan por China. El líder del gigante asiático, Xi Jinping, ha recibido esta mañana a su homólogo ruso, Vladímir Putin, con una puesta en escena casi idéntica a la que ofreció hace menos de una semana al presidente estadounidense, Donald Trump. El trasfondo, sin embargo, es bien distinto. Si la visita de Trump estuvo coreografiada al milímetro para escenificar una tentativa de deshielo entre las dos mayores economías del mundo, la de Putin ha servido para subrayar hasta dónde están dispuestos China y Rusia a mantener una sintonía que ambos presentan como contrapeso a un orden internacional dominado por Estados Unidos. Y, según ha afirmado el Kremlin, para acercar posturas sobre el Poder de Siberia 2, el gran gasoducto con el que Moscú aspira a redirigir hacia su vecino parte del gas que ya no vende a Europa.

Seguir leyendo

 El líder chino insta a su homólogo ruso a construir un mundo “más justo y equitativo” frente a la hegemonía estadounidense  

Pekín ha vuelto a desplegar este miércoles la alfombra roja para recordar que, en la geopolítica actual, todos los caminos pasan por China. El líder del gigante asiático, Xi Jinping, ha recibido esta mañana a su homólogo ruso, Vladímir Putin, con una puesta en escena casi idéntica a la que ofreció hace menos de una semana al presidente estadounidense, Donald Trump. El trasfondo, sin embargo, es bien distinto. Si la visita de Trump estuvo coreografiada al milímetro para escenificar una tentativa de deshielo entre las dos mayores economías del mundo, la de Putin ha servido para subrayar hasta dónde están dispuestos China y Rusia a mantener una sintonía que ambos presentan como contrapeso a un orden internacional dominado, precisamente, por Estados Unidos.

El mandatario ruso llegó a la capital china el martes por la noche, apenas cuatro días después de que Trump abandonara la ciudad, para su 25º viaje oficial al gigante asiático. Esta concatenación diplomática ha reforzado la imagen que China quiere proyectar como potencia capaz de marcar tiempos y de hablar con todos los actores decisivos en un mundo cada vez más fragmentado.

La ceremonia de bienvenida celebrada por la mañana a las puertas del Gran Salón del Pueblo, el mastodóntico edificio reservado para los grandes eventos políticos, ubicado en el lateral occidental de la plaza de Tiananmen, ha tenido todos los grandes elementos del protocolo chino: guardia de honor, una salva de 21 cañonazos y niños agitando banderas de los dos países. La banda militar interpretó Noches de Moscú, un clásico soviético de fuerte carga simbólica, mientras Putin saludaba a los escolares. Después, los dos líderes han mantenido una reunión en formato restringido, destinada a asuntos más sensibles. Para más tarde ha quedado un encuentro ampliado con sus delegaciones.

Xi ha marcado desde el arranque del encuentro el tono político y personal de la reunión al referirse a Putin como un “querido amigo”. Con él se ha entrevistado más de 40 veces desde que asumió las riendas de China en 2012. A pesar de que la semana pasada Trump se deshizo en halagos con Xi —y en varias ocasiones destacó la amistad entre ambos—, entonces el líder chino no hizo mención alguna a dicho vínculo. Ante Putin, sin embargo, ha enfatizado: “Usted y yo hemos cultivado una estrecha relación que ha contribuido a dar forma a los vínculos profundos y fructíferos entre China y Rusia”.

También ha asegurado que los lazos bilaterales han entrado en una etapa de desarrollo “más proactiva y acelerada” y ha llamado a aprovechar la “oportunidad histórica” para ensanchar la base de confianza entre ambos países, elevar la calidad de la cooperación y ampliar el camino de la amistad, según la cadena estatal china CCTV.

Putin, que ha agradecido la “cálida acogida” y la hospitalidad de Pekín, le ha devuelto el gesto con una fórmula calculada para subrayar la cercanía personal con su anfitrión, citando un proverbio chino: “Un día sin vernos parecen tres otoños”. Después, ha elevado el mensaje al terreno político: la relación bilateral se encuentra, ha dicho, en un nivel “sin precedentes” y ha mantenido un “fuerte dinamismo” pese a los “factores externos desfavorables”.

Además, el mandatario ruso ha subrayado que la asociación integral entre Moscú y Pekín se rige por los principios de igualdad y amistad y que el objetivo de la relación es el bienestar y la prosperidad de los dos pueblos. Putin ha extendido una invitación a Xi para visitar Rusia el año que viene, en una muestra más de continuidad de una relación que ambos gobiernos presentan como madura y estable.

Según la lectura de los medios estatales chinos, Xi ha defendido que Pekín y Moscú eleven la calidad de su cooperación estratégica integral en un momento de “turbulencias” internacionales y ha advertido del riesgo de que el mundo retroceda hacia “la ley de la jungla”. Como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y grandes potencias, ha sostenido, China y Rusia deben adoptar una visión estratégica a largo plazo y contribuir a construir un sistema de gobernanza global “más justo y equitativo”, una fórmula habitual en el lenguaje de Pekín para rechazar la hegemonía estadounidense y defender un orden multipolar.

Esa sintonía ha quedado plasmada en la firma de una declaración conjunta para reforzar la coordinación estratégica, así como en la rúbrica de una veintena de documentos en ámbitos como el comercio, educación, ciencia y tecnología. En la versión de la declaración conjunta difundida por el Kremlin, los dos países formulan una amplia condena de lo que describen como intervencionismo exterior. “Acciones como el asesinato de líderes de Estados soberanos y el secuestro descarado de dirigentes nacionales para ser juzgados violan gravemente los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas”, cita el rotativo hongkonés South China Morning Post.

Aunque no menciona incidentes ni actores concretos, el lenguaje parece aludir a la muerte del antiguo líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, durante los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel de febrero, así como al secuestro del líder venezolano Nicolás Maduro en enero.

En el comunicado sí que se menciona explícitamente a Japón y se hace un llamado a Tokio “a aprender la historia inhumana de su propia agresión, a reconocer plenamente los resultados de la II Guerra Mundial y a renunciar al nuevo militarismo y rearme”.

Xi y Putin han decidido prorrogar el Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación entre China y Rusia, firmado en 2001 y convertido en uno de los pilares jurídicos de la relación bilateral. Para Pekín, el aniversario tiene además un valor simbólico: se cumplen 25 años de ese acuerdo y tres décadas del establecimiento de la asociación estratégica entre los dos países. Xi ha defendido que el tratado conserva vigencia en un mundo marcado por profundos cambios, mientras Putin ha reivindicado que ambos países seguirán coordinándose en plataformas internacionales y ampliando una cooperación que, dijo, ha superado “muchas pruebas”.

Al contrario que el viaje de Trump —el primero de un presidente estadounidense a China en casi una década—, la visita de Putin no es una novedad en la agenda de los dos líderes. Ambos se ven al menos una vez al año y han tejido una densa red de mecanismos bilaterales. Pekín y Moscú describen sus vínculos como los mejores de su historia, aunque la relación se ha vuelto más desigual desde la invasión rusa de Ucrania.

Rusia necesita hoy a China más que China a Rusia. Desde 2022, Moscú ha incrementado su dependencia económica del gigante asiático, convertido en comprador clave de su energía, proveedor de bienes industriales y socio indispensable para amortiguar el impacto de las sanciones occidentales. Pekín, por su parte, ha evitado condenar la invasión, ha mantenido el comercio con el Kremlin y ha repetido una posición de neutralidad que Occidente critica por considerarla escorada hacia Moscú.

China, no obstante, también cuida los límites e intenta no aparecer como aliada militar formal de Rusia ni quedar atrapada en una guerra que tensiona su relación con Europa. De ahí que Pekín haya ido matizando el lenguaje de la relación. La amistad “sin límites” que Xi y Putin proclamaron poco antes de la invasión se ha convertido, con el paso de la guerra y el aumento de la presión occidental, en una fórmula más medida: una cooperación, en lugar de una alianza formal, no dirigida contra terceros y basada en la no confrontación. Xi ha recordado que ambos países se han adherido “consistentemente” a ese principio.

El componente energético ha ocupado un lugar central de la visita. Putin ha viajado acompañado de una amplia delegación de responsables de grandes empresas rusas de petróleo, gas y energía nuclear. Sobre la mesa sigue el gasoducto Poder de Siberia 2, un proyecto discutido desde hace casi dos décadas que permitiría a China cubrir la octava parte de su demanda con combustible extraído de los yacimientos árticos y siberianos rusos a través de Mongolia. De acuerdo con el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ambos países han alcanzado un acuerdo sobre los parámetros clave.

La crisis en Oriente Próximo, con el cierre del estrecho de Ormuz ―a través del cual China recibía grandes volúmenes de gas natural y petróleo desde el golfo Pérsico― ofrece argumentos adicionales para impulsar el proyecto. Sobre el conflicto, Xi ha dicho ante Putin que la situación se encuentra en un momento crítico “entre la guerra y la paz”, y ha defendido un cese inmediato de las hostilidades y la continuidad de las negociaciones. Un final rápido de los combates, ha añadido el mandatario chino, ayudaría a reducir las disrupciones en el suministro energético y preservar el funcionamiento del comercio internacional.

 Feed MRSS-S Noticias

Más Noticias