España, el sexto país que más intereses paga por su deuda

El Reino de España es el sexto país del mundo que más gasta en intereses de su deuda pública, según una clasificación elaborada por Visual Capitalist, con datos de 2025 de la OCDE, el club de los países más ricos del mundo, y las cantidades medidas en dólares.

España tuvo que destinar a lo que se conoce en el argot como el «servicio de la deuda» 55.400 millones de dólares –unos 48.000 millones de euros al cambio actual–, una cantidad solo superada, por este orden por Estados Unidos, Italia, Reino Unido, México y Francia. El Estado español tuvo que destinar más recursos para atender esa necesidad que economías mucho más grandes, como la alemana o la canadiense. No obstante, en términos proporcionales sobre el gasto gubernamental, España se queda en el puesto 12, pero en este caso por delante también de países europeos como Alemania y de Francia.

La clasificación, en valores absolutos, del gasto en intereses de la deuda pública la encabeza Estados Unidos, que tiene que dedicar 1,23 billones de dólares a ese capítulo, ya que también tiene una deuda gigantesca que supera los 40 billones de dólares. A continuación, en un ránking que no incluye a China ni a Japón, aparece Italia, con 134.500 millones de dólares de gasto en intereses de la deuda; el Reino Unido, con 124.800 millones; México, con 107.000 millones; Francia, con 93.200 y después, España, con los citados 55.400.

Términos proporcionales

En términos proporcionales, en relación con el gasto público total, México encabeza la clasificación, ya que tiene que destinar el 10,9% de su gasto a intereses. A continuación, figuran Estados Unidos, 110,6%; Colombia, 7,4%; Italia, 7,1%; Hungría, 7,0%; Islandia, 6,5%, Israel, 6,2%. España, con un 4,1% aparece en el puesto doce, por delante de Francia, que dedica a este capítulo un 3,7% y a distancia sideral de Alemania, que solo tiene que emplear un 1,4% de su gasto al servicio de la deuda.

La deuda pública, no obstante, no es la única ni toda la deuda. «La deuda privada también cuenta», como apunta Judith Arnal, del Real Instituto Elcano y consejera del Banco de España, que en la web de Elcano acaba de publicar un estudio en el que analiza la deuda total –incluye hogares, empresas no financieras y administraciones públicas– de casi todos los países que, a finales de marzo, según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), alcanzaba la inimaginable cantidad de 353 billones de dólares. En este caso, Japón tiene el dudoso honor de encabezar esta clasificación, con una deuda total que supera el 367% de su PIB, seguida por Francia, con el 331% y Canadá, con el 320%. España, con una deuda total del 221% del PIB está en el puesto 14, en mejor posición, por ejemplo que Estados Unidos, con un 256%; Italia, con un 233%, o el Reino Unido, 229%. Alemania también en este caso, con una deuda público-privada del 198% del PIB, estaría en mejor situación que España y que los principales países que componen la zona euro.

Judith Arnal destaca que España ha hecho los deberes en la reducción de la deuda de hogares y empresas desde el inicio de la Gran Recesión. «Entre finales de 2007 –escribe– y el primer trimestre de 2026, la deuda de hogares y empresas cayó 96,9 puntos del PIB en España; 65,4 en Portugal; 17,7 en Italia y 7,2 en Alemania».

Fuera de la eurozona, familias y empresas también se desapalancaron en 46,8 puntos en el Reino Unido y 30,9 en Estados Unidos.

Los problemas de Francia

El garbanzo negro en Europa en este capítulo es Francia, en donde la deuda privada no solo no ha bajado desde 2007, sino que ha crecido en 55 puntos de PIB y la suma de la deuda de hogares y empresas no financieras es superior a la ya monstruosa deuda pública del país que preside Macron. A pesar de estos datos, Arnal matiza el caso francés, ya que los déficits exteriores galos son pequeños, del 0,6% del PIB de media desde 2007 y no reflejan un exceso de gasto privado, ya que empresas y familias ahorran más de lo que invierten.

El problema es que el Estado francés necesita la inversión extranjera para financiarse, ya que el 56,1% de la deuda pública gala está en manos de extranjeros, un inversor sensible a los cambios en la percepción del riesgo, y que han elevado la prima de riesgo francesa hasta colocarla a la cabeza de los países de la zona euro, con 110 puntos básicos, más de doble que la española y 30 puntos por encima de la griega.

Judith Arnal concluye su estudio con la afirmación de que «para España, la lección es no dar por hecho lo conseguido. Desde finales de 2019, la ratio de deuda privada baja por el crecimiento del PIB nominal más que por la amortización: el saldo en euros ha aumentado un 7,4% desde entonces y el de los hogares un 5,4% desde finales de 2023». La investigadora de Elcano entra en ese asunto, pero en este mismo periodo, desde 2024, la deuda pública ha crecido en un 40% y si en los últimos ejercicios ha bajado en porcentaje de PIB y está por debajo del 100%, también ha sido por el crecimiento nominal de la economía, no por la amortización.

 El Estado destina a este concepto 55.400 millones de dólares al año, una cantidad solo superada por Estados Unidos, Italia, Reino Unido, México y Francia    

El Reino de España es el sexto país del mundo que más gasta en intereses de su deuda pública, según una clasificación elaborada por Visual Capitalist, con datos de 2025 de la OCDE, el club de los países más ricos del mundo, y las cantidades medidas en dólares.

España tuvo que destinar a lo que se conoce en el argot como el «servicio de la deuda» 55.400 millones de dólares –unos 48.000 millones de euros al cambio actual–, una cantidad solo superada, por este orden por Estados Unidos, Italia, Reino Unido, México y Francia. El Estado español tuvo que destinar más recursos para atender esa necesidad que economías mucho más grandes, como la alemana o la canadiense. No obstante, en términos proporcionales sobre el gasto gubernamental, España se queda en el puesto 12, pero en este caso por delante también de países europeos como Alemania y de Francia.

La clasificación, en valores absolutos, del gasto en intereses de la deuda pública la encabeza Estados Unidos, que tiene que dedicar 1,23 billones de dólares a ese capítulo, ya que también tiene una deuda gigantesca que supera los 40 billones de dólares. A continuación, en un ránking que no incluye a China ni a Japón, aparece Italia, con 134.500 millones de dólares de gasto en intereses de la deuda; el Reino Unido, con 124.800 millones; México, con 107.000 millones; Francia, con 93.200 y después, España, con los citados 55.400.

Términos proporcionales

En términos proporcionales, en relación con el gasto público total, México encabeza la clasificación, ya que tiene que destinar el 10,9% de su gasto a intereses. A continuación, figuran Estados Unidos, 110,6%; Colombia, 7,4%; Italia, 7,1%; Hungría, 7,0%; Islandia, 6,5%, Israel, 6,2%. España, con un 4,1% aparece en el puesto doce, por delante de Francia, que dedica a este capítulo un 3,7% y a distancia sideral de Alemania, que solo tiene que emplear un 1,4% de su gasto al servicio de la deuda.

La deuda pública, no obstante, no es la única ni toda la deuda. «La deuda privada también cuenta», como apunta Judith Arnal, del Real Instituto Elcano y consejera del Banco de España, que en la web de Elcano acaba de publicar un estudio en el que analiza la deuda total –incluye hogares, empresas no financieras y administraciones públicas– de casi todos los países que, a finales de marzo, según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), alcanzaba la inimaginable cantidad de 353 billones de dólares. En este caso, Japón tiene el dudoso honor de encabezar esta clasificación, con una deuda total que supera el 367% de su PIB, seguida por Francia, con el 331% y Canadá, con el 320%. España, con una deuda total del 221% del PIB está en el puesto 14, en mejor posición, por ejemplo que Estados Unidos, con un 256%; Italia, con un 233%, o el Reino Unido, 229%. Alemania también en este caso, con una deuda público-privada del 198% del PIB, estaría en mejor situación que España y que los principales países que componen la zona euro.

Judith Arnal destaca que España ha hecho los deberes en la reducción de la deuda de hogares y empresas desde el inicio de la Gran Recesión. «Entre finales de 2007 –escribe– y el primer trimestre de 2026, la deuda de hogares y empresas cayó 96,9 puntos del PIB en España; 65,4 en Portugal; 17,7 en Italia y 7,2 en Alemania».

Fuera de la eurozona, familias y empresas también se desapalancaron en 46,8 puntos en el Reino Unido y 30,9 en Estados Unidos.

Los problemas de Francia

El garbanzo negro en Europa en este capítulo es Francia, en donde la deuda privada no solo no ha bajado desde 2007, sino que ha crecido en 55 puntos de PIB y la suma de la deuda de hogares y empresas no financieras es superior a la ya monstruosa deuda pública del país que preside Macron. A pesar de estos datos, Arnal matiza el caso francés, ya que los déficits exteriores galos son pequeños, del 0,6% del PIB de media desde 2007 y no reflejan un exceso de gasto privado, ya que empresas y familias ahorran más de lo que invierten.

El problema es que el Estado francés necesita la inversión extranjera para financiarse, ya que el 56,1% de la deuda pública gala está en manos de extranjeros, un inversor sensible a los cambios en la percepción del riesgo, y que han elevado la prima de riesgo francesa hasta colocarla a la cabeza de los países de la zona euro, con 110 puntos básicos, más de doble que la española y 30 puntos por encima de la griega.

Judith Arnal concluye su estudio con la afirmación de que «para España, la lección es no dar por hecho lo conseguido. Desde finales de 2019, la ratio de deuda privada baja por el crecimiento del PIB nominal más que por la amortización: el saldo en euros ha aumentado un 7,4% desde entonces y el de los hogares un 5,4% desde finales de 2023». La investigadora de Elcano entra en ese asunto, pero en este mismo periodo, desde 2024, la deuda pública ha crecido en un 40% y si en los últimos ejercicios ha bajado en porcentaje de PIB y está por debajo del 100%, también ha sido por el crecimiento nominal de la economía, no por la amortización.

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