Hay trabajadores con depresión mayor que, pese a llevar meses o incluso años siguiendo un tratamiento, continúan teniendo graves dificultades para desarrollar su vida diaria y desempeñar su profesión.
Concentrarse, tomar decisiones o mantener una rutina pueden convertirse en tareas complicadas y, en los casos más limitantes, la situación puede llegar a afectar a la capacidad laboral.
El abogado laboralista Víctor Arpa ha explicado qué debe tener en cuenta una persona que se encuentra en esta situación y cuándo podría plantearse una incapacidad permanente.
«Puedes tener derecho a una pensión por incapacidad permanente»
«Puedes tener derecho a una pensión por incapacidad permanente», señala Arpa al comienzo de su explicación. El abogado pone el ejemplo de personas que permanecen en tratamiento y siguen las indicaciones de su psiquiatra, pero continúan teniendo dificultades que les impiden desarrollar su actividad con normalidad. En estos casos, la cuestión no pasa únicamente por el diagnóstico, sino por las consecuencias concretas que tiene la enfermedad sobre su capacidad para trabajar.
La normativa de la Seguridad Social establece que el grado de incapacidad permanente se determina atendiendo a la reducción de la capacidad de trabajo y a cómo esta afecta al desempeño de la profesión habitual. Así, la incapacidad permanente total se vincula a la imposibilidad de realizar todas o las fundamentales tareas de esa profesión, mientras que la incapacidad permanente absoluta supone quedar inhabilitado por completo para cualquier profesión u oficio.
La depresión mayor puede afectar a la capacidad para desarrollar una profesión, pero el diagnóstico no es suficiente por sí mismo
Teniendo en cuenta las declaraciones del profesional, una depresión mayor puede llegar a justificar una incapacidad para la profesión habitual cuando las limitaciones que provoca impiden desarrollar las funciones esenciales del puesto. «La depresión mayor puede llegar a justificar tu incapacidad para tu profesión habitual», afirma.
En estos casos, resulta especialmente importante explicar qué tareas concretas no puede realizar el trabajador y de qué manera su situación afecta a su actividad laboral.
La situación puede ser diferente cuando las limitaciones son tan importantes que impiden desempeñar cualquier tipo de trabajo. «Cuando las limitaciones impiden desempeñar cualquier trabajo puede reconocerse la incapacidad absoluta», asegura Arpa. No obstante, se trata de una valoración individual que debe hacerse atendiendo a las limitaciones funcionales acreditadas y a su repercusión sobre la capacidad laboral, no únicamente al nombre de la enfermedad.
Por eso, uno de los aspectos que el abogado considera fundamentales es la documentación médica. «Hay algo fundamental: el diagnóstico por sí solo no garantiza tu pensión», advierte. La persona que solicita una incapacidad debe poder acreditar cómo le limita la enfermedad, qué tratamientos ha seguido y por qué las dificultades continúan a pesar de esas medidas. Además, Arpa señala que debe quedar reflejado que esas limitaciones persisten y previsiblemente van a mantenerse.
«Por eso es tan importante que tus informes expliquen qué te ocurre en el día a día, que no se queden únicamente en las palabras ‘depresión mayor'», explica. Por lo tanto, el objetivo es que la documentación permita conocer las limitaciones reales del trabajador.
La valoración depende de cómo afectan los síntomas al día a día y a las funciones esenciales del puesto de trabajo
Hay trabajadores con depresión mayor que, pese a llevar meses o incluso años siguiendo un tratamiento, continúan teniendo graves dificultades para desarrollar su vida diaria y desempeñar su profesión.
Concentrarse, tomar decisiones o mantener una rutina pueden convertirse en tareas complicadas y, en los casos más limitantes, la situación puede llegar a afectar a la capacidad laboral.
El abogado laboralista Víctor Arpa ha explicado qué debe tener en cuenta una persona que se encuentra en esta situación y cuándo podría plantearse una incapacidad permanente.
«Puedes tener derecho a una pensión por incapacidad permanente»
«Puedes tener derecho a una pensión por incapacidad permanente», señala Arpa al comienzo de su explicación. El abogado pone el ejemplo de personas que permanecen en tratamiento y siguen las indicaciones de su psiquiatra, pero continúan teniendo dificultades que les impiden desarrollar su actividad con normalidad. En estos casos, la cuestión no pasa únicamente por el diagnóstico, sino por las consecuencias concretas que tiene la enfermedad sobre su capacidad para trabajar.
La normativa de la Seguridad Social establece que el grado de incapacidad permanente se determina atendiendo a la reducción de la capacidad de trabajo y a cómo esta afecta al desempeño de la profesión habitual. Así, la incapacidad permanente total se vincula a la imposibilidad de realizar todas o las fundamentales tareas de esa profesión, mientras que la incapacidad permanente absoluta supone quedar inhabilitado por completo para cualquier profesión u oficio.
La depresión mayor puede afectar a la capacidad para desarrollar una profesión, pero el diagnóstico no es suficiente por sí mismo
Teniendo en cuenta las declaraciones del profesional, una depresión mayor puede llegar a justificar una incapacidad para la profesión habitual cuando las limitaciones que provoca impiden desarrollar las funciones esenciales del puesto. «La depresión mayor puede llegar a justificar tu incapacidad para tu profesión habitual», afirma.
En estos casos, resulta especialmente importante explicar qué tareas concretas no puede realizar el trabajador y de qué manera su situación afecta a su actividad laboral.
La situación puede ser diferente cuando las limitaciones son tan importantes que impiden desempeñar cualquier tipo de trabajo. «Cuando las limitaciones impiden desempeñar cualquier trabajo puede reconocerse la incapacidad absoluta», asegura Arpa. No obstante, se trata de una valoración individual que debe hacerse atendiendo a las limitaciones funcionales acreditadas y a su repercusión sobre la capacidad laboral, no únicamente al nombre de la enfermedad.
Por eso, uno de los aspectos que el abogado considera fundamentales es la documentación médica. «Hay algo fundamental: el diagnóstico por sí solo no garantiza tu pensión», advierte. La persona que solicita una incapacidad debe poder acreditar cómo le limita la enfermedad, qué tratamientos ha seguido y por qué las dificultades continúan a pesar de esas medidas. Además, Arpa señala que debe quedar reflejado que esas limitaciones persisten y previsiblemente van a mantenerse.
«Por eso es tan importante que tus informes expliquen qué te ocurre en el día a día, que no se queden únicamente en las palabras ‘depresión mayor'», explica. Por lo tanto, el objetivo es que la documentación permita conocer las limitaciones reales del trabajador.
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