Un hombre con un gorro y una camiseta negra se acerca poco antes de las 21.00 del lunes a la entrada de un edificio residencial de la calle Révérend Père Louis Frolla, en Mónaco. Sin apenas detenerse, deja una mochila en el suelo y huye a pie en dirección al municipio vecino de Beausoleil, ya en la región francesa de Alpes Marítimos. Al cabo de unos segundos, justo cuando dos adultos y un adolescente están a punto de entrar en la portería, la mochila, llena de tornillos y metralla, explota y provoca heridas graves en los hombres y leves en el menor. El padre de la familia es Vadim Ermolaev, un oligarca ucranio perseguido por las autoridades de su país. El hombre que depositó el paquete bomba sigue huido. El tranquilo principado se encuentra en estado de shock.
Kiev busca a este magnate, uno de los tres heridos en la explosión, por supuesto blanqueo de capitales y financiación a Rusia
Un hombre con un gorro y una camiseta negra se acerca poco antes de las 21.00 a la entrada de un edificio residencial de la calle Révérend Père Louis Frolla, en Mónaco. Sin apenas detenerse, deja una mochila en el suelo y huye a pie en dirección al municipio vecino de Beausoleil, ya en la región francesa de Alpes Marítimos. Al cabo de unos segundos, justo cuando dos adultos y un adolescente están a punto de entrar en la portería, la mochila, llena de tornillos y metralla, explota y provoca heridas graves en los hombres y leves en el menor. El padre de la familia es Vadim Ermolaev, un oligarca ucranio perseguido por las autoridades de su país. El hombre que depositó el paquete bomba sigue huido. El tranquilo principado se encuentra en estado de shock.
El Gobierno y la Fiscalía de Mónaco, considerado como uno de los Estados más seguros del mundo, calificaron la mañana del martes la acción como un “intento de asesinato”. No se conoce todavía el móvil, aunque es evidente que Ermolaev era el objetivo de la explosión. El príncipe Alberto II denunció “un crimen atroz” y señaló en un comunicado que se trata de una conmoción para toda la comunidad monegasca, cuya estabilidad y extrema seguridad es uno de los principales reclamos para las grandes fortunas ahí instaladas.
En Mónaco viven 38.367 personas de 120 nacionalidades distintas, de las cuales solo alrededor de 8.000 tienen un pasaporte de este país gracias al que gozan de exenciones fiscales. El principado es, en parte, un gran negocio controlado por la familia Grimaldi, alérgica a este tipo de ruido.

Los investigadores mantienen la prudencia respecto a los motivos del atentado, sin precedentes en el Principado de Mónaco. De hecho, hay que remontarse a 2004 —cuando una bomba explotó en el estadio Louis II— para encontrar un incidente similar.
La diplomacia ucrania ya ha entrado en contacto con Francia y con el principado para esclarecer algunos asuntos en torno al suceso. El fiscal monegasco aseguró que el hombre es residente en Mónaco desde al menos 2021. “No tenemos ninguna investigación abierta y, hasta donde sabemos, no es buscado por ninguna autoridad extranjera”.
Ermolaev es un oligarca ucranio de 58 años que figura como la 39ª fortuna del país, según la revista Forbes. La víctima obtuvo la nacionalidad chipriota tras disputas con el Gobierno de su país y es residente en Mónaco, pero también propietario de una gran villa en Saint-Jean-Cap-Ferrat (Francia) y de otros bienes de lujo en la Costa Azul.
El magnate, en el objetivo desde hace años del Gobierno de Kiev por sus opacos movimientos financieros, forma parte de los integrantes del llamado Batallón de Mónaco, una expresión utilizada irónicamente para designar a los 84 oligarcas y grandes fortunas ucranias instalados en la Costa Azul francesa y que están en el punto de mira de la Oficina Estatal de Investigaciones de Ucrania.
Ermolaev, según publicó Le Figaro, fue “el hombre que cambió el rostro de Dnipró”, ciudad del este del país de la que es originario. El empresario impulsó numerosos proyectos urbanísticos. Pero diversificó su empresa hacia la industria de materiales de construcción y acero, los servicios sanitarios con complejos odontológicos y el sector agroalimentario, llegando a controlar cerca de una veintena de negocios. Uno de ellos, en el centro de la polémica, estaba dedicado al sector vitivinícola.

El empresario amasó una gran fortuna con la producción de vinos elaborados en Crimea, hasta convertirse en uno de los principales actores del mercado ucranio. El problema es que tras la anexión ilegal de Crimea por Rusia en 2014, varios medios acusaron al multimillonario de seguir comercializando sus productos en Rusia bajo la etiqueta de “vino de Crimea con indicación geográfica protegida”, mientras que los destinados a los mercados europeo y estadounidense eran presentados como procedentes de la Ucrania continental. Todo ello a pesar de que las uvas utilizadas en ambas líneas de producción procedían exactamente de los mismos viñedos. Una maniobra teóricamente destinada a eludir las sanciones impuestas a los productos originarios de la península anexada ilegalmente por Rusia.
Las sospechas sobre sus actividades aumentaron. Las autoridades ucranias sostuvieron, entre otras cosas, que sus empresas contribuían al presupuesto del Estado ruso mediante el pago de los correspondientes impuestos. El empresario, debido a esas presiones, anunció en 2019 que renunciaba a la ciudadanía ucrania. Pero las investigaciones se ampliaron y apuntaron a un posible blanqueo de capitales con destino a Rusia a través del banco estonio Versobank, del que Ermolaev era copropietario. Según el diario regional Nice-Matin, el 87% de los depósitos realizados en las ventanillas de Versobank procedían de clientes no residentes, una circunstancia que llamó la atención de la unidad especializada contra el blanqueo de capitales de la policía estonia. Más de 7.000 millones de euros supuestamente transitaron por esa entidad bancaria antes de desaparecer hacia Europa occidental.
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