Un Pogacar humano engrandece su leyenda en el Tour

El Tour descubrió en el segundo día por Alpe d’Huez al jersey amarillo más humano de la historia. Tadej Pogacar, que este domingo logrará una quinta victoria en la Grande Boucle, se sacrificó como gregario de su compañero mexicano Isaac del Toro para que pudiera conservar la tercera plaza del podio y el jersey blanco como mejor joven en la etapa más grande de Richie Carapaz. El Tour descubrió en el segundo día por Alpe d’Huez al jersey amarillo más humano de la historia. Tadej Pogacar, que este domingo logrará una quinta victoria en la Grande Boucle, se sacrificó como gregario de su compañero mexicano Isaac del Toro para que pudiera conservar la tercera plaza del podio y el jersey blanco como mejor joven en la etapa más grande de Richie Carapaz.  

El Tour descubrió en el segundo día por Alpe d’Huez al jersey amarillo más humano de la historia. Tadej Pogacar, que este domingo logrará una quinta victoria en la Grande Boucle, se sacrificó como gregario de su compañero mexicano Isaac del Toro para que pudiera conservar la tercera plaza del podio y el jersey blanco como mejor joven en la etapa más grande de Richie Carapaz.

Llegó la última etapa alpina con sensación de resaca porque era imposible superar la gesta del viernes. Pogacar ya había demostrado que era el más grande, el que se comía el Tour, el que lo dejaba más sentenciado de lo que ya estaba, prácticamente desde el Tourmalet salvo accidente trágico, como le ocurrió a Jonas Vingegaard. Y el jersey amarillo lo sabía, ya había avisado. ¿Qué ganaba con exhibirse de nuevo? Nada, absolutamente nada. En cambio, realizó un gesto de ‘fair-play’ hacia un gregario, algo que nunca hicieron Jacques Anquetil, Eddy Merckx y Bernard Hinault.

Ni siquiera Miguel Induráin, el más humano, hasta ahora, de los pentacampeones del Tour, el que más etapas regaló a los rivales y el que siempre renunciaba al trozo pequeño de la tarta para comerse entero y para él solito el pastel de crema en París.

Mientras Carapaz peleaba por la victoria con Sepp Kuss, en una fuga donde no resistió un valiente e impulsivo Juan Ayuso, Pogacar se ponía a tirar de Del Toro en la subida al Galibier, cuando todavía faltaban 60 kilómetros para la meta. Lo hizo sin dar sensación nunca de que desfallecía en el intento y hasta se despreocupó de contrarrestar a Remco Evenepoel al que le sobró en la meta el gesto de rabia por no cazar a Carapaz. Que hubiese atacado antes, en vez de quejarse. Este domingo subirá al segundo puesto del podio.

Alpe d’Huez se presentó sin los estragos del alcohol y sin aficionados bebidos, que deberían plantear en un futuro restringir el número de espectadores en la cima alpina más famosa -es un público diferente al del resto de etapas del Tour-. Y se subió por La Sarenne, sin espectadores en la parte final del ascenso para proteger el espacio natural, con Francia, al igual que España, combatiendo los incendios.

Por allí, Carapaz se concienció en ganar la etapa después de dejar sentenciada a su favor la clasificación de la montaña. Por ahí, Pogacar se despreocupó de la captura de los fugados. Sólo miraba y hablaba con Del Toro, al que le preguntaba una y otra vez cómo iba y si le iba bien el ritmo que le imponía. Hasta cuestionó a los Decathlon por tirar en una pequeña fase; ¿qué hacían? Él ya había intuido que el pequeño Paul Seixas, el alma del ciclismo francés, no tenía su día y por lo tanto era un sinsentido que los compañeros lo lanzaran. Perdió 2.55 minutos en meta y toda opción de podio.

Por la Sarenne atacó Sepp Kuss, que casi se despeña en su segunda caída, coronado el helipuerto y camino de la ruta habitual a Alpe d’Huez, reducida a 3,5 kilómetros. Tuvo mucha suerte el ganador de la Vuelta 2023. Fue un acierto que la organización colocase las protecciones habituales que salvan caídas graves de esquiadores en las estaciones invernales.

Pogacar seguía atento de Del Toro. ¡Ah! se quedaba. Él frenaba. Lo miraba. Lo animaba a través del pinganillo. Al corredor mexicano hasta le pesaban las gafas. Se las colocaba encima del casco y enfilaba la ruta final a Alpe d’Huez mientras Carapaz exponía una felicidad tremenda por ganar, Evenepoel se cabreaba y Kuss llegaba tercero quizá todavía alterado por el susto de salvar una caída al vacío.

Aquí, en Alpe d’Huez, en la misma meta donde Pogacar había mostrado su espíritu ciclista sobrenatural, se abrazó con Del Toro y cruzaron la línea de meta tal cual lo habían hecho Greg Lemond e Hinault hace 40 años. Si la histórica foto de un francés rendido que entregaba el timón del Tour a su delfín estadounidense fue una imagen forzosa, la de Pogacar y Del Toro era sincera, de dos chavales felices; uno había sufrido y el otro, firme de amarillo, se había convertido en el mejor guía que jamás podía pensar tener el ciclista mexicano. Hicieron con el dedo el símbolo de los cuernos de un toro, el apodo del mexicano y volvieron a abrazarse nada más acabar la etapa.

Este domingo se volverá a escuchar el himno de Eslovenia en los Campos Elíseos, en una etapa que se ha tenido que recortar a 89 kilómetros y correrse exclusivamente en París porque no hay efectivos suficientes de gendarmes en la capital francesa. Muchos de ellos han sido enviados a combatir el incendio próximo a Burdeos. Se mantienen los tres ascensos a Montmartre y con ello toda la gracia y espectacularidad en la despedida del Tour 2026.

 Diario de Mallorca – Deportes

Más Noticias