Un inmigrante duerme entre cañas junto al monumento franquista del Monte Hacho

La situación de Ceuta desde la invasión sigue dejando imágenes que sorprenden a los ciudadanos.

Se puede salir a pasear por cualquier zona de la ciudad pensando que se disfruta de un entorno tranquilo o que puede estar solo y, de repente, encontrarse con alguien que permanece escondido entre la vegetación.

Cada rincón parece haberse convertido en un posible refugio para quienes continúan sin identificar o esperan encontrar un lugar de acogida.

Junto al monumento del Llano Amarillo

En esta ocasión, el escenario es el Monte Hacho, más bien en la zona próxima a Valdeaguas. Allí vive un inmigrante que ha establecido su particular dormitorio entre las cañas, junto al conocido como monumento del Llano Amarillo, situado en la carretera de San Amaro, a los pies del monte.

El hombre ha elegido un espacio apartado de la carretera. Si se observa el monumento de frente, el improvisado alojamiento se encuentra a su izquierda, oculto entre la vegetación.


Allí, aprovechando la protección que ofrecen las cañas, ha encontrado un lugar donde pasar las noches, con vistas al mar y rodeado de naturaleza, pero que puede dejar expuesto a las inclemencias del tiempo a quien haya decidido instalarse ahí.

Un dormitorio entre las cañas

La escena tiene también un componente histórico. El inmigrante duerme prácticamente a los pies de un monumento levantado para conmemorar el Alzamiento Militar del 17 de julio de 1936, por lo que su improvisado refugio queda bajo un símbolo de la época franquista que perdura tras los cambios ejecutados en aplicación de la ley de memoria histórica.

La historia de este lugar también comenzó al otro lado de la frontera. Fue inaugurado el 13 de julio de 1940 en Llano Amarillo, en Marruecos, y posteriormente trasladado a Ceuta en 1962. Para ello tuvo que desmontarse piedra a piedra y reconstruirse en su ubicación actual, donde permanece desde entonces.

La vegetación que rodea este espacio sirve de escondite a una persona que ha encontrado allí un lugar donde dormir.

El vecino que ha compartido las imágenes con este periódico explica cómo pudo comprobar la permanencia de este inmigrante en el lugar.

Allí vive. “Ni se ha movido”, cuenta a este periódico cuando lo detectó.

Los asentamientos siguen apareciendo

Este caso tampoco es un hecho aislado. Este mismo ceutí explica que ya se ha encontrado en otras ocasiones con asentamientos improvisados en distintos puntos de Ceuta, en donde todavía permanecen personas casi tres meses después de las entradas masivas.

Este mismo martes, los acantilados del Sarchal y el Recinto volvían a presentar casetas construidas nuevamente por inmigrantes.

Son espacios utilizados como refugio entre quienes permanecen escondidos, los que todavía esperan una solución o que continúan fuera de los recursos de acogida.

La situación vuelve a poner sobre la mesa la dificultad para recuperar la normalidad en la ciudad. Los montes, las zonas verdes, los acantilados y los rincones de las barriadas siguen albergando pequeños asentamientos que aparecen y desaparecen con el paso de los días.

Incertidumbre

La imagen del Monte Hacho se suma así a una realidad que los vecinos siguen encontrándose en sus paseos cotidianos.

La incertidumbre forma parte de ese día a día, especialmente para quienes transitan por lugares apartados y descubren de repente la presencia de personas que permanecen ocultas en los montes.

Ceuta continúa intentando localizar a quienes siguen sin identificar. Los dispositivos policiales tratan de encontrar a estas personas, mientras algunas se esconden entre la vegetación o abandonan los lugares cuando detectan su presencia.

Las consecuencias de la invasión

La ciudad sigue arrastrando las consecuencias de aquella entrada masiva. Los asentamientos continúan apareciendo, los montes mantienen sus refugios improvisados y la normalidad que se esperaba recuperar sigue lejos de llegar.

Este monumento es ahora otro escenario de esta realidad que parece estar presente en cada rincón de Ceuta.

La entrada Un inmigrante duerme entre cañas junto al monumento franquista del Monte Hacho aparece primero en El Faro de Ceuta.

 La situación de Ceuta desde la invasión sigue dejando imágenes que sorprenden a los ciudadanos. Se puede salir a pasear por cualquier zona de la ciudad pensando que se disfruta de un entorno tranquilo o que puede estar solo y, de repente, encontrarse con alguien que permanece escondido entre la vegetación. Cada rincón parece haberse
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La situación de Ceuta desde la invasión sigue dejando imágenes que sorprenden a los ciudadanos.

Se puede salir a pasear por cualquier zona de la ciudad pensando que se disfruta de un entorno tranquilo o que puede estar solo y, de repente, encontrarse con alguien que permanece escondido entre la vegetación.

Cada rincón parece haberse convertido en un posible refugio para quienes continúan sin identificar o esperan encontrar un lugar de acogida.

Junto al monumento del Llano Amarillo

En esta ocasión, el escenario es el Monte Hacho, más bien en la zona próxima a Valdeaguas. Allí vive un inmigrante que ha establecido su particular dormitorio entre las cañas, junto al conocido como monumento del Llano Amarillo, situado en la carretera de San Amaro, a los pies del monte.

El hombre ha elegido un espacio apartado de la carretera. Si se observa el monumento de frente, el improvisado alojamiento se encuentra a su izquierda, oculto entre la vegetación.

Allí, aprovechando la protección que ofrecen las cañas, ha encontrado un lugar donde pasar las noches, con vistas al mar y rodeado de naturaleza, pero que puede dejar expuesto a las inclemencias del tiempo a quien haya decidido instalarse ahí.

Un dormitorio entre las cañas

La escena tiene también un componente histórico. El inmigrante duerme prácticamente a los pies de un monumento levantado para conmemorar el Alzamiento Militar del 17 de julio de 1936, por lo que su improvisado refugio queda bajo un símbolo de la época franquista que perdura tras los cambios ejecutados en aplicación de la ley de memoria histórica.

La historia de este lugar también comenzó al otro lado de la frontera. Fue inaugurado el 13 de julio de 1940 en Llano Amarillo, en Marruecos, y posteriormente trasladado a Ceuta en 1962. Para ello tuvo que desmontarse piedra a piedra y reconstruirse en su ubicación actual, donde permanece desde entonces.

La vegetación que rodea este espacio sirve de escondite a una persona que ha encontrado allí un lugar donde dormir.

El vecino que ha compartido las imágenes con este periódico explica cómo pudo comprobar la permanencia de este inmigrante en el lugar.

Allí vive. “Ni se ha movido”, cuenta a este periódico cuando lo detectó.

Los asentamientos siguen apareciendo

Este caso tampoco es un hecho aislado. Este mismo ceutí explica que ya se ha encontrado en otras ocasiones con asentamientos improvisados en distintos puntos de Ceuta, en donde todavía permanecen personas casi tres meses después de las entradas masivas.

Este mismo martes, los acantilados del Sarchal y el Recinto volvían a presentar casetas construidas nuevamente por inmigrantes.

Son espacios utilizados como refugio entre quienes permanecen escondidos, los que todavía esperan una solución o que continúan fuera de los recursos de acogida.

La situación vuelve a poner sobre la mesa la dificultad para recuperar la normalidad en la ciudad. Los montes, las zonas verdes, los acantilados y los rincones de las barriadas siguen albergando pequeños asentamientos que aparecen y desaparecen con el paso de los días.

Incertidumbre

La imagen del Monte Hacho se suma así a una realidad que los vecinos siguen encontrándose en sus paseos cotidianos.

La incertidumbre forma parte de ese día a día, especialmente para quienes transitan por lugares apartados y descubren de repente la presencia de personas que permanecen ocultas en los montes.

Ceuta continúa intentando localizar a quienes siguen sin identificar. Los dispositivos policiales tratan de encontrar a estas personas, mientras algunas se esconden entre la vegetación o abandonan los lugares cuando detectan su presencia.

Las consecuencias de la invasión

La ciudad sigue arrastrando las consecuencias de aquella entrada masiva. Los asentamientos continúan apareciendo, los montes mantienen sus refugios improvisados y la normalidad que se esperaba recuperar sigue lejos de llegar.

Este monumento es ahora otro escenario de esta realidad que parece estar presente en cada rincón de Ceuta.

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 Sociedad – El Faro de Ceuta 

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