The Recirculars nació con una idea de fondo: transformar la gestión de residuos en un sistema trazable, eficiente y útil para todos los actores implicados. Su objetivo, explica su CEO, Ignacio Guillén, es desarrollar soluciones sistémicas que faciliten la vida al ciudadano, ayuden a las administraciones públicas a cumplir con la normativa europea y con la Ley 7/2022, y permitan que el mundo de los residuos funcione con la misma lógica de trazabilidad que ya existe en la industria.
«Queremos saber dónde se produce el residuo, quién lo produce y aplicar de verdad el principio de que quien contamina paga», resume Guillén. La compañía parte de una premisa clara: si se quiere mejorar la recogida selectiva, el ciudadano debe estar en el centro del sistema. No basta con exigirle que separe correctamente en casa; también hay que reconocer ese esfuerzo y devolverle parte del valor que genera. Esa es la base de Terra Recapture, el proyecto principal de The Recirculars.
La herramienta busca acelerar la separación en origen de la fracción orgánica, que representa en torno al 42% del volumen total de residuos. Para Guillén, ahí está una de las grandes claves: si la materia orgánica se separa bien en los hogares, no solo se evita que acabe en vertedero, sino que también se reduce la contaminación del resto de fracciones y se mejora la calidad de todo el sistema.
El funcionamiento combina tecnología, trazabilidad e incentivos. El ciudadano se da de alta a través de una aplicación vinculada a su número de usuario o tarjeta ciudadana. A partir de ahí, puede recoger en un dispensador una pequeña esfera reutilizable con tecnología RFID, similar en apariencia a las bolas de los antiguos dispensadores de chicles. Esa esfera se introduce en la bolsa de orgánico y permite identificar el residuo durante todo su recorrido: desde el depósito en el contenedor marrón hasta su llegada a la planta de tratamiento.
Cuando el camión recoge la fracción orgánica, el sistema ya puede leer que esa bolsa participa en el circuito. Al llegar a la planta, el residuo no se descarga en un foso convencional, sino sobre una cinta específica diseñada para evitar que las bolsas se rompan y para mantener la trazabilidad.
Después, las bolsas pasan por un sistema de rayos X y de inteligencia artificial capaz de detectar impropios, es decir, materiales que no deberían estar en la fracción orgánica. The Recirculars insiste en que el sistema no está concebido únicamente para sancionar, sino para educar y generar confianza. La trazabilidad permite certificar lo que ocurre con cada bolsa y, en caso de reclamaciones, conservar un registro verificable. Además, una vez abierto el residuo en planta, las esferas se recuperan, se lavan, se desvinculan del usuario y vuelven a introducirse en el circuito. «No generamos un residuo nuevo, como ocurriría si pegásemos una etiqueta con chip a cada bolsa. Es una solución totalmente circular», defiende Guillén.
El ciudadano, el principal beneficiario
La propuesta tiene, según la compañía, tres beneficiarios claros. El ciudadano puede recibir bonificaciones reales en la tasa municipal si separa correctamente. La administración pública obtiene datos fiables para aplicar el principio de «quien contamina paga» y para demostrar el cumplimiento de los objetivos europeos. Y las plantas de tratamiento reciben una materia prima de mayor calidad, lo que facilita la generación de compost, biogás, biometano o fertilizantes líquidos de origen orgánico.
El CEO de The Recirculars también subraya que la situación actual de la recogida selectiva atraviesa un momento crítico. A su juicio, muchos sistemas de tasas no son proporcionales porque no miden realmente el comportamiento de cada ciudadano. Eso genera desmotivación: si todos pagan lo mismo, quien separa bien no siente que su esfuerzo tenga retorno. En cambio, un sistema trazado permite premiar a quien lo hace correctamente y aplicar mayores costes a quien no participa o contamina el flujo de residuos.
El desarrollo de esta tecnología ha llevado siete años, una inversión de alrededor de dos millones de euros y siete patentes enlazadas entre sí. La compañía se encuentra ahora en una fase de exploración comercial y salida al mercado. The Recirculars espera confirmar sus primeras ciudades entre octubre y noviembre, o como muy tarde en diciembre, con la previsión de que el sistema pueda estar implementado en alguna de ellas aproximadamente un año después. La compañía trabaja con municipios y plantea su tecnología como una solución replicable tanto en España como en Europa.
Su solución TR Recapture utiliza tecnología avanzada para mejorar la trazabilidad de los residuos
The Recirculars nació con una idea de fondo: transformar la gestión de residuos en un sistema trazable, eficiente y útil para todos los actores implicados. Su objetivo, explica su CEO, Ignacio Guillén, es desarrollar soluciones sistémicas que faciliten la vida al ciudadano, ayuden a las administraciones públicas a cumplir con la normativa europea y con la Ley 7/2022, y permitan que el mundo de los residuos funcione con la misma lógica de trazabilidad que ya existe en la industria.
«Queremos saber dónde se produce el residuo, quién lo produce y aplicar de verdad el principio de que quien contamina paga», resume Guillén. La compañía parte de una premisa clara: si se quiere mejorar la recogida selectiva, el ciudadano debe estar en el centro del sistema. No basta con exigirle que separe correctamente en casa; también hay que reconocer ese esfuerzo y devolverle parte del valor que genera. Esa es la base de Terra Recapture, el proyecto principal de The Recirculars.
La herramienta busca acelerar la separación en origen de la fracción orgánica, que representa en torno al 42% del volumen total de residuos. Para Guillén, ahí está una de las grandes claves: si la materia orgánica se separa bien en los hogares, no solo se evita que acabe en vertedero, sino que también se reduce la contaminación del resto de fracciones y se mejora la calidad de todo el sistema.
El funcionamiento combina tecnología, trazabilidad e incentivos. El ciudadano se da de alta a través de una aplicación vinculada a su número de usuario o tarjeta ciudadana. A partir de ahí, puede recoger en un dispensador una pequeña esfera reutilizable con tecnología RFID, similar en apariencia a las bolas de los antiguos dispensadores de chicles. Esa esfera se introduce en la bolsa de orgánico y permite identificar el residuo durante todo su recorrido: desde el depósito en el contenedor marrón hasta su llegada a la planta de tratamiento.
Cuando el camión recoge la fracción orgánica, el sistema ya puede leer que esa bolsa participa en el circuito. Al llegar a la planta, el residuo no se descarga en un foso convencional, sino sobre una cinta específica diseñada para evitar que las bolsas se rompan y para mantener la trazabilidad.
Después, las bolsas pasan por un sistema de rayos X y de inteligencia artificial capaz de detectar impropios, es decir, materiales que no deberían estar en la fracción orgánica. The Recirculars insiste en que el sistema no está concebido únicamente para sancionar, sino para educar y generar confianza. La trazabilidad permite certificar lo que ocurre con cada bolsa y, en caso de reclamaciones, conservar un registro verificable. Además, una vez abierto el residuo en planta, las esferas se recuperan, se lavan, se desvinculan del usuario y vuelven a introducirse en el circuito. «No generamos un residuo nuevo, como ocurriría si pegásemos una etiqueta con chip a cada bolsa. Es una solución totalmente circular», defiende Guillén.
El ciudadano, el principal beneficiario
La propuesta tiene, según la compañía, tres beneficiarios claros. El ciudadano puede recibir bonificaciones reales en la tasa municipal si separa correctamente. La administración pública obtiene datos fiables para aplicar el principio de «quien contamina paga» y para demostrar el cumplimiento de los objetivos europeos. Y las plantas de tratamiento reciben una materia prima de mayor calidad, lo que facilita la generación de compost, biogás, biometano o fertilizantes líquidos de origen orgánico.
El CEO de The Recirculars también subraya que la situación actual de la recogida selectiva atraviesa un momento crítico. A su juicio, muchos sistemas de tasas no son proporcionales porque no miden realmente el comportamiento de cada ciudadano. Eso genera desmotivación: si todos pagan lo mismo, quien separa bien no siente que su esfuerzo tenga retorno. En cambio, un sistema trazado permite premiar a quien lo hace correctamente y aplicar mayores costes a quien no participa o contamina el flujo de residuos.
El desarrollo de esta tecnología ha llevado siete años, una inversión de alrededor de dos millones de euros y siete patentes enlazadas entre sí. La compañía se encuentra ahora en una fase de exploración comercial y salida al mercado. The Recirculars espera confirmar sus primeras ciudades entre octubre y noviembre, o como muy tarde en diciembre, con la previsión de que el sistema pueda estar implementado en alguna de ellas aproximadamente un año después. La compañía trabaja con municipios y plantea su tecnología como una solución replicable tanto en España como en Europa.
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