Por qué no debería pasar más de una hora sentado: el sedentarismo sube el riesgo de morir por cáncer pero pequeños ‘snacks’ de actividad lo reducen

Un nuevo estudio asocia cada hora de inactividad con un aumento del 10% en el riesgo de morir por cáncer Leer Un nuevo estudio asocia cada hora de inactividad con un aumento del 10% en el riesgo de morir por cáncer Leer  

Si ha empezado a leer este artículo desde la oficina, después de unas cuantas horas anclado a la silla, levántese y muévase un poco antes de seguir leyendo. Es la recomendación que sugieren los resultados de un nuevo estudio, que vuelve a asociar el sedentarismo con el cáncer y que señala que no solo importa el tiempo total que permanecemos sentados, sino también cómo se acumula esa inactividad.

No tiene el mismo impacto un sedentarismo continuado que la inactividad trufada de pequeñas pausas, señala el trabajo, que realizó un seguimiento a más de 91.000 británicos. Durante una semana, los participantes llevaron un acelerómetro, un dispositivo capaz de medir la intensidad, frecuencia y duración de su actividad física. Después, analizaron su estado de salud durante una media de 12 años, estudiando la posible aparición de enfermedades graves.

Los resultados mostraron que un sedentarismo prolongado se asociaba tanto con una mayor incidencia de cáncer como con un mayor riesgo de morir a causa de un tumor. Así, cada hora extra al día de comportamiento sedentario ininterrumpido se asociaba con un aumento del 10% de morir por cáncer.

Por el contrario, si en esa hora la inactividad se alternaba con periodos de movimiento, ese riesgo se reducía de forma significativa. Además, el hecho de sustituir 60 minutos por una hora de actividad física ligera se traducía en una reducción del 12% de riesgo.

Aunque se trata de un estudio observacional, que no permite establecer relaciones de causalidad, los autores del trabajo señalan en la revista PLOS que sus resultados sugieren que «los efectos sobre la salud de un comportamiento sedentario no solo dependen del tiempo, sino de si ese tiempo se acumula en periodos prolongados o es interrumpido por actividad física» y recuerdan que hay evidencias previas que indican que pequeños ‘snacks’ de actividad pueden mejorar la respuesta metabólica en comparación con la inactividad total.

Para Nabil Djouder, jefe del Grupo de Factores de Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), el estudio «encaja bien con la evidencia previa y la amplía, reforzando la idea de que el comportamiento sedentario es un factor independiente de riesgo y que no basta con compensarlo con ejercicio puntual», ha señalado en declaraciones a Science Media Centre (SMC).

«El trabajo matiza las corrientes actuales centradas en ejercicio vigoroso; confirma que este tiene un efecto protector potente, pero subraya que cambios más modestos y factibles, como levantarse o moverse más a menudo, también son relevantes», continúa el investigador, quien subraya que «en términos clínicos, aún no hay evidencia suficiente para recomendar el ejercicio como tratamiento específico de prevención del cáncer en sentido estricto, pero sí hay un cuerpo creciente de evidencia consistente para considerarlo un componente clave de la prevención poblacional, especialmente si se combina con la reducción del tiempo sedentario».

De cualquier manera, Djouder recuerda que la investigación tiene limitaciones importantes a tener en cuenta, como el hecho de que se trate de un estudio observacional, que no establece causalidad. También destaca como factores limitantes que la actividad física solo se midiera durante siete días, «lo que puede no reflejar los hábitos a largo plazo» y que la investigación no reflejara el contexto del sedentarismo -si se producía en el trabajo o como momentos de ocio-, lo que podría influir en el riesgo.

Se muestra de la misma opinión María Carmen Gómez Cabrera, catedrática del departamento de Fisiología de la Universidad de Valencia, que recuerda que «este trabajo es observacional y la actividad si midió únicamente durante siete días, por lo que no permite establecer relaciones causales».

De cualquier forma, también en declaraciones a SMC, la investigadora apunta que «este estudio refuerza la evidencia observacional de que no solo importa cuánto ejercicio realizamos, sino también cuánto tiempo permanecemos sentados de forma ininterrumpida».

Su principal aportación, añade, es «desplazar el foco hacia patrones cotidianos de movimiento, mostrando que pequeñas interrupciones del sedentarismo podrían tener relevancia biológica».

«En conjunto, la evidencia actual sugiere que ejercicio y reducción del sedentarismo deben considerarse componentes complementarios dentro de la prevención y el abordaje oncológico».

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