Lucia Rebolino, investigadora del ecocidio en Gaza: “Esas tierras contienen cuerpos, materiales tóxicos y aguas contaminadas”

Lucia Rebolino, arquitecta, artista e investigadora, en Matadero, Madrid.

Para Lucia Rebolino (Génova, 30 años), el nivel de destrucción que ha ejercido Israel sobre el pueblo palestino “va más allá de lo que podemos imaginar”. En sus investigaciones, la arquitecta italiana ha documentado cómo la violencia alcanza también al territorio: huertos, campos de cultivo y patrimonio arqueológico desaparecen como parte de una devastación sistemática que, afirma, convierte el paisaje en otra víctima de la guerra en Gaza.

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La investigadora italiana en Matadero, en el distrito de Arganzuela, Madrid. La arquitecta y artista genovesa rastrea, desde Forensic Architecture, las huellas ambientales de la ofensiva de Israel  

Para Lucia Rebolino (Génova, 30 años), el nivel de destrucción que ha ejercido Israel sobre el pueblo palestino “va más allá de lo que podemos imaginar”. En sus investigaciones, la arquitecta italiana ha documentado cómo la violencia alcanza también al territorio: huertos, campos de cultivo y patrimonio arqueológico desaparecen como parte de una devastación sistemática que, afirma, convierte el paisaje en otra víctima de la guerra en Gaza.

Su trabajo se mueve en una zona híbrida entre la investigación, el diseño computacional y los estudios ambientales. Desde hace tres años, forma parte de Forensic Architecture (FA), donde rastrea, a partir de modelos digitales y análisis de datos, las huellas ambientales del conflicto, gracias a una beca de la universidad inglesa Goldsmiths. Su trabajo tiene también una dimensión artística. Utiliza instalaciones y narrativas digitales para traducir esos hallazgos científicos en piezas que, de otro modo, quedarían confinadas a artículos académicos. Estuvo de paso en Madrid para presentar en Matadero una versión actualizada de su obra Unpredictable Atmosphere, que debutó en la 19.ª Bienal de Arquitectura de Venecia.

Pregunta. ¿Qué es una evidencia ahora cuando lo visible ya no es necesariamente lo real?

Respuesta. La forma en que me imagino y pienso acerca de las pruebas es cómo analizar todos estos activos (imágenes, modelos o datos) en conjunto, tratar de reunirlos y entenderlos. En cierto sentido, es hacer una autopsia de cómo se construyen las realidades. Por lo general, puede provenir de datos que se entrenan a partir de un modelo. Otras veces, nuestro trabajo consiste en seleccionar una imagen e intentar reconstruir cómo fue producida. Es un ejercicio retrospectivo. En algunos casos, eso implica, por ejemplo, geolocalizar fotografías de un incidente o reconstruir un acontecimiento dentro de un modelo arquitectónico.

P. En Forensic Architecture ha trabajado en investigaciones relacionadas con Gaza, donde el acceso al terreno es limitado. ¿Cómo se documenta el impacto ambiental en esas condiciones?

R. Mi trabajo en la investigación sobre Gaza se centró en la vigilancia ambiental. Gracias a ello no solo estamos hablando de genocidio, sino también de ecocidio. La devastación del medio ambiente en Gaza no es daño colateral, es una acción de destrucción sistemática por parte de Israel. Metodológicamente, investigo mediante imágenes satelitales y técnicas de teledetección, que permiten analizar distintas bandas de información contenidas en los píxeles y captar datos fuera del espectro visible. Con esto medimos la pérdida de vegetación a lo largo del tiempo.

P. ¿Qué nos cuenta toda esa información recopilada?

R. El análisis temporal, cruzado con datos de incursiones terrestres y bombardeos, permite ver cómo esa pérdida de vegetación se superpone con las operaciones militares. Revela patrones como el avance de las incursiones de este a oeste y la destrucción de zonas agrícolas, huertos, campos e invernaderos. Es una forma sistemática de empujar a las personas hacia otro lugar y destruir todos los recursos que tienen para sustentar su vida. Las empujan a una zona que es una duna de arena, que no tiene recursos que les permitan mantenerse por sí mismas.

P. La información que han conseguido ha tenido repercusiones legales y políticas. ¿Cuáles son los mayores desafíos a la hora de demostrar responsabilidades en conflictos ambientales de este calibre?

R. En los impactos ambientales hablamos siempre de diferentes escalas temporales. A veces, el daño es visible de inmediato, pero en otros casos se acumula y se vuelve casi irreversible con el tiempo. En el caso específico de Gaza, el daño ambiental va más allá de lo que podemos imaginar. Ha sufrido una invasión terrestre de manera reiterada que deja el suelo profundamente alterado y contaminado. Estamos hablando de tierras que contienen cuerpos, materiales tóxicos que provienen de los escombros de los edificios destruidos, aguas contaminadas. Son enormes vertederos de unos 15 metros de altura. Se ha destruido el patrimonio arqueológico de Gaza y se ha desarraigado la tierra.

P. ¿Cómo afecta a la gente toda esa basura?

R. La contaminación del aire y del suelo, los olores y las toxinas, se desplazan con el viento, y afectan a zonas habitadas, incluidos campamentos de desplazados. Los daños medioambientales repercuten en las profundidades de la tierra y en la salud de la gente. ¿Cómo pueden sobrevivir estas personas después de vivir en una tierra tóxica? Además, todo ello compromete el derecho que tienen a regresar a casa porque la tierra ya no es habitable.

P. ¿Investigar lo que ocurre en Gaza ha cambiado su visión de la violencia?

R. Definitivamente. Mientras algunos de mis compañeros pasaban los días viendo vídeos de bombardeos y ataques con drones contra la población civil, yo me centré en rastrear su impacto a largo plazo sobre el terreno: campos de cultivo, invernaderos y el control espacial de barrios enteros. Estaba más expuesta a esta forma de violencia más lenta. Trazar un mapa de la destrucción y el desmantelamiento gradual de zonas enteras significa ser testigo de cómo las condiciones necesarias para la vida se desmantelan sistemáticamente.

P. ¿Qué ocurre cuando los datos dejan de ser anónimos y adquieren rostro?

R. Las millas y el océano que te separan de un suceso te hacen sentir que está lejos. Pero cuando corroboras esa información, identificas un edificio como un punto en un mapa y, al mismo tiempo, escuchas el testimonio de que esa era la casa de una familia a la que entrevistaste una semana antes, se crea un enredo emocional del que es muy difícil desprenderse. Además, tenemos colaboradores en Gaza, algunos de los cuales hemos perdido en el camino. Hay mucho trabajo dentro de uno mismo para poder sostener esa carga emocional.

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