Los ocupados sin trabajar se duplican con Sánchez

España vive en una ilusión laboral que cada día se parece más a un laberinto de espejos. Todo resulta distorsionado hasta confundir el engaño con la realidad. Hay 22,85 millones de ocupados, un máximo que permite exhibir una evolución favorable de la creación de puestos de trabajo desde la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno. Sin embargo, detrás de esa cifra hay otra realidad: la de los fijos discontinuos inactivos sobre los que desconocemos la cifra, que se oculta sistemáticamente detrás de los espejos en los que solo se reflejan los 22,85 millones de ocupados, y la del número de personas que figuran como ocupadas, pero no realizaron ni una sola hora de trabajo durante la semana de referencia, que ha experimentado un crecimiento extraordinario. Una parte especialmente preocupante de ese fenómeno está relacionada con las ausencias por enfermedad, accidente e incapacidad temporal, un aspecto sobre el que los empresarios llevan años clamando en el desierto.

Los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre de 2026 son demoledores. 1.087.200 ocupados no trabajaron ninguna hora durante la semana analizada por enfermedad, accidente o incapacidad temporal. Son 124.800 más que en el mismo periodo de 2025, lo que representa un incremento interanual del 13%. Pero la comparación más reveladora es la histórica: el volumen actual multiplica por 2,7 el promedio de los terceros trimestres comprendidos entre 2008 y 2019, los años anteriores a la pandemia.

La evolución desde el tercer trimestre de 2018, tomado como referencia para medir el periodo transcurrido desde la llegada del actual Gobierno, también resulta significativa. Entonces había 476.000 personas que no habían trabajado ninguna hora por enfermedad, accidente o incapacidad temporal. Ahora son 1.087.200. La diferencia alcanza las 611.200 personas, un incremento del 128,4%. En otras palabras, el colectivo se ha multiplicado por más de dos en ocho años. Si se incorpora también la categoría de motivos desconocidos, el incremento de los ocupados que no realizaron ninguna hora por enfermedad, accidente, incapacidad temporal o causas que no se han podido determinar alcanza el 134% desde el tercer trimestre de 2018, según la comparación de la serie.

El contraste es especialmente llamativo cuando se observa el conjunto del mercado laboral. Desde el tercer trimestre de 2018, España ha pasado de aproximadamente 19,53 millones de ocupados a 22,85 millones. Esto supone 3,32 millones de personas más con empleo, un aumento cercano al 17%. Al mismo tiempo, el colectivo que no trabajó por enfermedad, accidente o incapacidad temporal ha aumentado en más de 611.000 personas.

No significa que todos esos trabajadores formen parte de las nuevas contrataciones, ni que se pueda establecer una relación causal entre la creación de empleo y las ausencias. Pero sí pone de manifiesto que el crecimiento de la ocupación convive con una expansión muy notable de las personas que mantienen su condición de ocupadas sin realizar actividad laboral efectiva.

La trayectoria de los últimos ejercicios refuerza la preocupación. En el tercer trimestre de 2023, los ocupados que no trabajaron por enfermedad, accidente o incapacidad temporal eran 851.400. Un año después ascendían a 915.800. En 2025 llegaron a 962.400 y en 2026 han alcanzado los 1.087.200. La progresión ha sido continuada, con un aumento de 235.800 personas en apenas tres años.

La comparación interanual también ofrece una señal relevante. En un solo ejercicio se han incorporado 124.800 personas a este colectivo, un incremento que supera el 13%. No se trata, por tanto, de un fenómeno que pueda explicarse únicamente por una comparación con los niveles excepcionalmente bajos de hace más de una década. El crecimiento continúa dentro de la propia serie reciente.

El recorrido histórico permite apreciar todavía mejor la magnitud del cambio. En el tercer trimestre de 2008 había 463.200 ocupados en esta situación. En 2009 eran 418.600 y en 2010, 406.100. La cifra descendió hasta 372.800 en 2011 y siguió reduciéndose hasta alcanzar 317.000 en 2012. El mínimo de la serie facilitada llegó en 2015, con 379.600 personas, aunque el descenso más acusado había comenzado en los primeros años de la década. En 2018 se contabilizaban 476.000 y en 2019, 519.500.

A partir de entonces, coincidiendo con el «sanchismo» la evolución cambió de escala. En 2020 se alcanzaron 654.100 personas; en 2021, 706.500; en 2022, 758.000, y en 2023 se superaron las 850.000. La serie ha seguido creciendo hasta rebasar el millón en 2026.

La referencia al promedio anterior a la pandemia es especialmente ilustrativa. Entre 2008 y 2019, el promedio de los terceros trimestres fue de aproximadamente 406.700 personas. Frente a ese nivel, los 1.087.200 actuales suponen casi 681.000 ocupados adicionales y una magnitud 2,7 veces superior. La diferencia evidencia que las ausencias completas por motivos de salud ocupan hoy un espacio mucho mayor dentro de la estadística laboral.

La segunda tabla de la EPA amplía el foco y permite observar una realidad todavía más extensa. De los 22.852.600 ocupados contabilizados en el tercer trimestre de 2026, un total de 4.541.500 no realizó ninguna hora efectiva en su empleo principal durante la semana de referencia. Es decir, prácticamente uno de cada cinco ocupados, el 19,9% del total, no registró actividad laboral durante esos siete días.

Otros motivos

Esta cifra no significa que 4,54 millones de personas estuvieran de baja ni que todas se encontraran ausentes de su puesto por razones injustificadas. La categoría de cero horas reúne situaciones muy distintas, especialmente en un trimestre que coincide con las vacaciones de verano.

Millones de trabajadores disfrutan durante julio, agosto y septiembre de sus vacaciones anuales, que constituyen uno de los motivos más habituales de ausencia temporal del trabajo.

También se incluyen permisos retribuidos, bajas médicas por enfermedad común o accidente, incapacidades temporales, permisos de maternidad y paternidad y otras licencias. A ello se suman interrupciones de actividad por razones técnicas, económicas o de fuerza mayor, determinadas suspensiones temporales de empleo, conflictos laborales y huelgas, así como otras circunstancias personales o familiares.

La distribución de las horas efectivas ofrece otros datos de interés. Además de los 4.541.500 ocupados que no realizaron ninguna hora, otros 344.200 trabajaron entre una y nueve horas; 661.800, entre diez y 19; 1.635.700, entre 20 y 29, y 4.156.300, entre 30 y 39 horas. En el tramo de 40 a 49 horas aparecen 9.423.800 personas, mientras que otras 1.159.900 trabajaron 50 horas o más. Ambos intervalos suman 10.583.700 ocupados, aproximadamente el 46,3% del total. Por último, 929.300 personas figuran en la categoría de horas desconocidas.

De los casi 22,9 millones de personas con empleo, menos de la mitad realizaron 40 horas o más durante la semana de referencia. Esto no implica que todos los demás tengan jornadas reducidas de forma habitual: la estadística recoge una semana concreta y puede reflejar vacaciones, permisos o ausencias temporales. Pero sí demuestra que el salto entre más ocupados y el volumen de trabajo aportado afecta a la productividad y a la calidad del empleo. La diferencia entre ocupación y actividad efectiva tiene implicaciones. Cuanto mayor es la brecha, mayor es la distorsión.

 Desde 2018, la cifra de trabajadores que no han echado ni una hora  en la semana por enfermedad crece en más de 600.000, un 128%, según la EPA  

España vive en una ilusión laboral que cada día se parece más a un laberinto de espejos. Todo resulta distorsionado hasta confundir el engaño con la realidad. Hay 22,85 millones de ocupados, un máximo que permite exhibir una evolución favorable de la creación de puestos de trabajo desde la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno. Sin embargo, detrás de esa cifra hay otra realidad: la de los fijos discontinuos inactivos sobre los que desconocemos la cifra, que se oculta sistemáticamente detrás de los espejos en los que solo se reflejan los 22,85 millones de ocupados, y la del número de personas que figuran como ocupadas, pero no realizaron ni una sola hora de trabajo durante la semana de referencia, que ha experimentado un crecimiento extraordinario. Una parte especialmente preocupante de ese fenómeno está relacionada con las ausencias por enfermedad, accidente e incapacidad temporal, un aspecto sobre el que los empresarios llevan años clamando en el desierto.

Los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre de 2026 son demoledores. 1.087.200 ocupados no trabajaron ninguna hora durante la semana analizada por enfermedad, accidente o incapacidad temporal. Son 124.800 más que en el mismo periodo de 2025, lo que representa un incremento interanual del 13%. Pero la comparación más reveladora es la histórica: el volumen actual multiplica por 2,7 el promedio de los terceros trimestres comprendidos entre 2008 y 2019, los años anteriores a la pandemia.

La evolución desde el tercer trimestre de 2018, tomado como referencia para medir el periodo transcurrido desde la llegada del actual Gobierno, también resulta significativa. Entonces había 476.000 personas que no habían trabajado ninguna hora por enfermedad, accidente o incapacidad temporal. Ahora son 1.087.200. La diferencia alcanza las 611.200 personas, un incremento del 128,4%. En otras palabras, el colectivo se ha multiplicado por más de dos en ocho años. Si se incorpora también la categoría de motivos desconocidos, el incremento de los ocupados que no realizaron ninguna hora por enfermedad, accidente, incapacidad temporal o causas que no se han podido determinar alcanza el 134% desde el tercer trimestre de 2018, según la comparación de la serie.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

El contraste es especialmente llamativo cuando se observa el conjunto del mercado laboral. Desde el tercer trimestre de 2018, España ha pasado de aproximadamente 19,53 millones de ocupados a 22,85 millones. Esto supone 3,32 millones de personas más con empleo, un aumento cercano al 17%. Al mismo tiempo, el colectivo que no trabajó por enfermedad, accidente o incapacidad temporal ha aumentado en más de 611.000 personas.

No significa que todos esos trabajadores formen parte de las nuevas contrataciones, ni que se pueda establecer una relación causal entre la creación de empleo y las ausencias. Pero sí pone de manifiesto que el crecimiento de la ocupación convive con una expansión muy notable de las personas que mantienen su condición de ocupadas sin realizar actividad laboral efectiva.

La trayectoria de los últimos ejercicios refuerza la preocupación. En el tercer trimestre de 2023, los ocupados que no trabajaron por enfermedad, accidente o incapacidad temporal eran 851.400. Un año después ascendían a 915.800. En 2025 llegaron a 962.400 y en 2026 han alcanzado los 1.087.200. La progresión ha sido continuada, con un aumento de 235.800 personas en apenas tres años.

La comparación interanual también ofrece una señal relevante. En un solo ejercicio se han incorporado 124.800 personas a este colectivo, un incremento que supera el 13%. No se trata, por tanto, de un fenómeno que pueda explicarse únicamente por una comparación con los niveles excepcionalmente bajos de hace más de una década. El crecimiento continúa dentro de la propia serie reciente.

El recorrido histórico permite apreciar todavía mejor la magnitud del cambio. En el tercer trimestre de 2008 había 463.200 ocupados en esta situación. En 2009 eran 418.600 y en 2010, 406.100. La cifra descendió hasta 372.800 en 2011 y siguió reduciéndose hasta alcanzar 317.000 en 2012. El mínimo de la serie facilitada llegó en 2015, con 379.600 personas, aunque el descenso más acusado había comenzado en los primeros años de la década. En 2018 se contabilizaban 476.000 y en 2019, 519.500.

A partir de entonces, coincidiendo con el «sanchismo» la evolución cambió de escala. En 2020 se alcanzaron 654.100 personas; en 2021, 706.500; en 2022, 758.000, y en 2023 se superaron las 850.000. La serie ha seguido creciendo hasta rebasar el millón en 2026.

La referencia al promedio anterior a la pandemia es especialmente ilustrativa. Entre 2008 y 2019, el promedio de los terceros trimestres fue de aproximadamente 406.700 personas. Frente a ese nivel, los 1.087.200 actuales suponen casi 681.000 ocupados adicionales y una magnitud 2,7 veces superior. La diferencia evidencia que las ausencias completas por motivos de salud ocupan hoy un espacio mucho mayor dentro de la estadística laboral.

La segunda tabla de la EPA amplía el foco y permite observar una realidad todavía más extensa. De los 22.852.600 ocupados contabilizados en el tercer trimestre de 2026, un total de 4.541.500 no realizó ninguna hora efectiva en su empleo principal durante la semana de referencia. Es decir, prácticamente uno de cada cinco ocupados, el 19,9% del total, no registró actividad laboral durante esos siete días.

Esta cifra no significa que 4,54 millones de personas estuvieran de baja ni que todas se encontraran ausentes de su puesto por razones injustificadas. La categoría de cero horas reúne situaciones muy distintas, especialmente en un trimestre que coincide con las vacaciones de verano.

Millones de trabajadores disfrutan durante julio, agosto y septiembre de sus vacaciones anuales, que constituyen uno de los motivos más habituales de ausencia temporal del trabajo.

También se incluyen permisos retribuidos, bajas médicas por enfermedad común o accidente, incapacidades temporales, permisos de maternidad y paternidad y otras licencias. A ello se suman interrupciones de actividad por razones técnicas, económicas o de fuerza mayor, determinadas suspensiones temporales de empleo, conflictos laborales y huelgas, así como otras circunstancias personales o familiares.

La distribución de las horas efectivas ofrece otros datos de interés. Además de los 4.541.500 ocupados que no realizaron ninguna hora, otros 344.200 trabajaron entre una y nueve horas; 661.800, entre diez y 19; 1.635.700, entre 20 y 29, y 4.156.300, entre 30 y 39 horas. En el tramo de 40 a 49 horas aparecen 9.423.800 personas, mientras que otras 1.159.900 trabajaron 50 horas o más. Ambos intervalos suman 10.583.700 ocupados, aproximadamente el 46,3% del total. Por último, 929.300 personas figuran en la categoría de horas desconocidas.

De los casi 22,9 millones de personas con empleo, menos de la mitad realizaron 40 horas o más durante la semana de referencia. Esto no implica que todos los demás tengan jornadas reducidas de forma habitual: la estadística recoge una semana concreta y puede reflejar vacaciones, permisos o ausencias temporales. Pero sí demuestra que el salto entre más ocupados y el volumen de trabajo aportado afecta a la productividad y a la calidad del empleo. La diferencia entre ocupación y actividad efectiva tiene implicaciones. Cuanto mayor es la brecha, mayor es la distorsión.

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