El intento de Meghan Markle por reactivar su faceta como actriz ha vuelto a chocar de frente contra el muro de la opinión pública británica. Lo que se perfilaba como el regreso estelar de la duquesa de Sussex a la ficción a través de la tercera temporada de «The Gentlemen: La serie» ha quedado congelado por el rechazo visceral que la noticia ha generado en el Reino Unido, donde la figura de la estadounidense sigue despertando una abierta animadversión mediática.
Según ha revelado la periodista y exeditora de Vanity Fair Tina Brown, el volumen de críticas y la presión generada tras filtrarse la negociación alcanzaron un nivel «insostenible» para la plataforma de streaming. El plan inicial contemplaba una reaparición calculada en suelo británico: una caminata por la alfombra roja el próximo 2 de septiembre en Londres con motivo del estreno de la segunda entrega de la serie, donde Markle posaría junto al Príncipe Harry y a los protagonistas de la producción, Theo James y Kaya Scodelario, para oficializar su fichaje.
Sin embargo, el clima de hostilidad alimentado por los tabloides ingleses —que continúan señalando a la actriz como la responsable del distanciamiento de Harry con la Casa Real— ha obligado a recalcular los pasos. Ante el riesgo de convertir la promoción de uno de sus títulos bandera en un foco de tensión social, la compañía habría preferido dar un paso atrás y mantener el movimiento en el terreno de las especulaciones no confirmadas.
El episodio deja al descubierto la ambición de la duquesa por retomar una carrera interpretativa que aparcó hace casi una década por su compromiso matrimonial. Tras construir su trayectoria con el papel de la pasante Rachel Zane en la exitosa «Suits: La clave del éxito», su actividad tras la mudanza a Los Ángeles se ha visto relegada al rol de productora de contenidos de estilo de vida y documentales en virtud del multimillonario acuerdo que mantiene con Netflix.
Este tropiezo en la industria audiovisual británica evidencia la compleja paradoja en la que se mueve la pareja. Mientras buscan rentabilizar su perfil público fuera de la disciplina de palacio, cualquier aproximación al ecosistema mediático del Reino Unido reactiva las fricciones con una audiencia que se resiste a validar sus movimientos en el terreno del entretenimiento.
La filtración sobre su participación en la serie de Guy Ritchie desata una ola de críticas en el Reino Unido que obliga a la plataforma a replegar velas ante el temor a un boicot
El intento de Meghan Markle por reactivar su faceta como actriz ha vuelto a chocar de frente contra el muro de la opinión pública británica. Lo que se perfilaba como el regreso estelar de la duquesa de Sussex a la ficción a través de la tercera temporada de «The Gentlemen: La serie» ha quedado congelado por el rechazo visceral que la noticia ha generado en el Reino Unido, donde la figura de la estadounidense sigue despertando una abierta animadversión mediática.
Según ha revelado la periodista y exeditora de Vanity Fair Tina Brown, el volumen de críticas y la presión generada tras filtrarse la negociación alcanzaron un nivel «insostenible» para la plataforma de streaming. El plan inicial contemplaba una reaparición calculada en suelo británico: una caminata por la alfombra roja el próximo 2 de septiembre en Londres con motivo del estreno de la segunda entrega de la serie, donde Markle posaría junto al Príncipe Harry y a los protagonistas de la producción, Theo James y Kaya Scodelario, para oficializar su fichaje.
Sin embargo, el clima de hostilidad alimentado por los tabloides ingleses —que continúan señalando a la actriz como la responsable del distanciamiento de Harry con la Casa Real— ha obligado a recalcular los pasos. Ante el riesgo de convertir la promoción de uno de sus títulos bandera en un foco de tensión social, la compañía habría preferido dar un paso atrás y mantener el movimiento en el terreno de las especulaciones no confirmadas.
El episodio deja al descubierto la ambición de la duquesa por retomar una carrera interpretativa que aparcó hace casi una década por su compromiso matrimonial. Tras construir su trayectoria con el papel de la pasante Rachel Zane en la exitosa «Suits: La clave del éxito», su actividad tras la mudanza a Los Ángeles se ha visto relegada al rol de productora de contenidos de estilo de vida y documentales en virtud del multimillonario acuerdo que mantiene con Netflix.
Este tropiezo en la industria audiovisual británica evidencia la compleja paradoja en la que se mueve la pareja. Mientras buscan rentabilizar su perfil público fuera de la disciplina de palacio, cualquier aproximación al ecosistema mediático del Reino Unido reactiva las fricciones con una audiencia que se resiste a validar sus movimientos en el terreno del entretenimiento.
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