Grecia ha trasladado este fin de semana una batería de misiles antiaéreos Patriot a la isla de Creta, para reforzar la defensa aérea en torno a la importante base militar de Souda, utilizada conjuntamente por el Ejército griego y aliados de la OTAN, principalmente EE UU. El traslado de la batería desde la cercana isla de Kárpathos, donde se había desplegado en marzo, obedece, según fuentes citadas por el diario Kathimerini, a las amenazas lanzadas por altos cargos iraníes sobre posibles ataques contra bases estadounidenses en territorio europeo.
Teherán cuenta con misiles balísticos con un alcance superior a los 2.000 kilómetros, capaces de golpear el sureste de Europa
Grecia ha trasladado este fin de semana una batería de misiles antiaéreos Patriot a la isla de Creta, para reforzar la defensa aérea en torno a la importante base militar de Souda, utilizada conjuntamente por el Ejército griego y aliados de la OTAN, principalmente EE UU. El traslado de la batería desde la cercana isla de Kárpathos, donde se había desplegado en marzo, obedece, según fuentes citadas por el diario Kathimerini, a las amenazas lanzadas por altos cargos iraníes sobre posibles ataques contra bases estadounidenses en territorio europeo.
Irán conserva un número importante de misiles balísticos con un alcance superior a 2.000 kilómetros, que podrían alcanzar objetivos en el sureste de Europa. Grecia, según ese diario, mantiene contactos con EEUU e Israel sobre posibles amenazas contra instalaciones griegas y chipriotas y estudia prestar asistencia a Bulgaria, miembro también de la OTAN, si Sofía solicita apoyo para su defensa aérea.
El Ministerio de Defensa Nacional y el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas griegas se encuentran en estado de alerta desde principios de la semana pasada, evaluando el nivel de amenaza y las medidas que pueden adoptarse para proteger objetivos e infraestructuras críticos dentro del territorio griego. Así, se decidió el traslado de la batería, los medios y el personal desde Kárpathos a Creta.
En la decisión de regresar a Creta ha desempeñado un papel decisivo la evaluación de las capacidades del arsenal iraní, que, según la información que los aliados transmiten a Atenas, aún cuenta con un número considerable de misiles balísticos con un alcance nominal superior a los 2.000 kilómetros. Estos misiles podrían atacar bases e infraestructuras en el sureste de Europa. Los Patriot se habían trasladado a Karpathos en marzo, en el marco del dispositivo de defensa que había decidido el Estado Mayor, con el fin de cubrir todos los sectores frente a posibles ataques con misiles balísticos.
Según las fuentes recogidas por el diario, Atenas mantiene un contacto constante con EE UU e Israel para evaluar la situación, tanto en lo que respecta a la posibilidad de que se ataquen instalaciones en Grecia como en Chipre y, en concreto, la base de Akrotiri. Esta instalación fue blanco de ataques con drones por Hezbolá, el partido-milicia chií libanés, el pasado mes de marzo, durante las primeras semanas de la guerra contra Irán. Por este motivo, en Chipre permanecen los F-16 griegos, así como la fragata Nikiforos Fokas, que cuenta con el sistema de neutralización de drones Centaurus.
Además, Atenas está estudiando la posibilidad de colaborar en la defensa aérea de Bulgaria, que alberga aviones de reabastecimiento en vuelo de EE UU, siempre que el Gobierno búlgaro lo solicite oficialmente. Fuentes competentes, sin embargo, explican que entre los posibles objetivos en Europa e Irán se interponen al menos cinco líneas de defensa formadas por los sistemas antiaéreos y las redes de radares que han desplegado EE UU e Israel en Oriente Próximo. Cualquier intento realizado en los últimos meses para atacar objetivos a gran distancia, como Turquía, fue neutralizado a tiempo.
En la próxima reunión del Consejo Superior de Seguridad Nacional griego se decidirá el futuro de la Fuerza Griega en Arabia Saudí y la posible devolución de la batería de misiles Patriot que se encuentra en la zona de Yanbu.
El pasado enero, como reveló Kathimerini, Grecia y Arabia Saudí se hallaban en el tramo final de las conversaciones para la modernización de las seis baterías del sistema antiaéreo móvil de largo alcance tipo Patriot de la Fuerza Aérea griega, a cargo de Riad y con un coste aproximado de 350 millones de dólares. Sin embargo, el estallido de la guerra casi un mes después, el 28 de febrero, dejó en suspenso las negociaciones, ya que la demanda de sistemas y, sobre todo, de munición se disparó, mientras que se dio la voz de alarma incluso por las reservas estadounidenses, necesarias para respaldar las operaciones contra Irán.
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