El aeropuerto de Fráncfort, uno de los más transitados de Europa, está teniendo problemas para suministrar combustible a los aviones que lo utilizan. Y, en esta ocasión, el responsable de la escasez no es el conflicto de Oriente Medio sino la sequía, que ha dejado el nivel del Rin en mínimos históricos, y la reducción de capacidad del oleoducto que abastece a la instalación.
Según ha informado el diario «Bild» y ha confirmado después Lufthansa a la agencia DPA, el grupo de aerolíneas alemán ha dado instrucciones para que los aviones de corto y medio radio que vayan a aterrizar en Fráncfort lleven una cantidad de combustible adicional a la necesaria para cubrir las rutas. Para la familia de aviones A320, el periódico ha informado de un límite de ocho toneladas de combustible adicional, indicando además a los planificadores de vuelo que no desembarquen pasajeros ni carga para hacer espacio para dicho peso. Esta instrucción, según el rotativo, estará vigente hasta nuevo aviso.
Lufthansa ha confirmado tal instrucción a DPA y ha asegurado que la orden obedece a la reducción de la capacidad del oleoducto que conecta con el aeropuerto y que le suministra el carburante.
Pero otras fuentes, sin embargo, añaden que Fráncfort está teniendo problemas para abastecerse debido al bajo nivel del río Rin.
Los aviones que pasan por Fráncfort repostan alrededor de 15 millones de litros de combustible para aviones al día que proceden de diez depósitos en superficie con una capacidad total de 186 millones de litros. Una red de tuberías subterráneas de aproximadamente 60 kilómetros transporta el fuel desde los depósitos hasta las plataformas.
Parte de ese combustible llega a los depósitos en barcazas, que se descargan en una terminal del río Meno. El problema es que cuando baja el nivel del Rin, las barcazas solo pueden navegar parcialmente cargadas, por lo que cada viaje transporta menos combustible. Una circunstancia a la que se suma que el oleoducto no opera al máximo de su capacidad por reparaciones.
La medida adoptada por Lufthansa llega en un momento especialmente complicado porque el precio del queroseno se ha disparado por la guerra de Irán. Además, cada tonelada extra de combustible aumenta el peso del avión. Y un avión más pesado consume más combustible, lo que implica más gasto en un momento en el que ciertas aerolíneas están ya pasando por muchos apuros por su encarecimiento.
Pero, en este caso, el grupo alemán ha optado por garantizar las conexiones aunque sea a mayor precio.
Lufthansa ordena a sus pilotos transportar fuel adicional ante la escasez de carburante de la infraestructura
El aeropuerto de Fráncfort, uno de los más transitados de Europa, está teniendo problemas para suministrar combustible a los aviones que lo utilizan. Y, en esta ocasión, el responsable de la escasez no es el conflicto de Oriente Medio sino la sequía, que ha dejado el nivel del Rin en mínimos históricos, y la reducción de capacidad del oleoducto que abastece a la instalación.
Según ha informado el diario «Bild» y ha confirmado después Lufthansa a la agencia DPA, el grupo de aerolíneas alemán ha dado instrucciones para que los aviones de corto y medio radio que vayan a aterrizar en Fráncfort lleven una cantidad de combustible adicional a la necesaria para cubrir las rutas. Para la familia de aviones A320, el periódico ha informado de un límite de ocho toneladas de combustible adicional, indicando además a los planificadores de vuelo que no desembarquen pasajeros ni carga para hacer espacio para dicho peso. Esta instrucción, según el rotativo, estará vigente hasta nuevo aviso.
Lufthansa ha confirmado tal instrucción a DPA y ha asegurado que la orden obedece a la reducción de la capacidad del oleoducto que conecta con el aeropuerto y que le suministra el carburante.
Pero otras fuentes, sin embargo, añaden que Fráncfort está teniendo problemas para abastecerse debido al bajo nivel del río Rin.
Los aviones que pasan por Fráncfort repostan alrededor de 15 millones de litros de combustible para aviones al día que proceden de diez depósitos en superficie con una capacidad total de 186 millones de litros. Una red de tuberías subterráneas de aproximadamente 60 kilómetros transporta el fuel desde los depósitos hasta las plataformas.
Parte de ese combustible llega a los depósitos en barcazas, que se descargan en una terminal del río Meno. El problema es que cuando baja el nivel del Rin, las barcazas solo pueden navegar parcialmente cargadas, por lo que cada viaje transporta menos combustible. Una circunstancia a la que se suma que el oleoducto no opera al máximo de su capacidad por reparaciones.
La medida adoptada por Lufthansa llega en un momento especialmente complicado porque el precio del queroseno se ha disparado por la guerra de Irán. Además, cada tonelada extra de combustible aumenta el peso del avión. Y un avión más pesado consume más combustible, lo que implica más gasto en un momento en el que ciertas aerolíneas están ya pasando por muchos apuros por su encarecimiento.
Pero, en este caso, el grupo alemán ha optado por garantizar las conexiones aunque sea a mayor precio.
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