China ha protagonizado una de las transformaciones económicas más importantes de la historia reciente. El país se ha consolidado como una potencia industrial y comercial que ya no compite únicamente por sus costes de producción, sino también por su capacidad de innovación.
China ya no es una realidad económica lejana para España. Y los datos así lo evidencian. En 2025, fue nuestro cuarto socio comercial, el segundo proveedor de bienes y el undécimo destino de nuestras exportaciones. Las empresas españolas importan del gigante asiático mercancías por valor de 50.250 millones de euros, frente a unas exportaciones de 7.972 millones.
En el Foro «Intercambios entre China y España: comercio, innovación científica e inversiones», celebrado este lunes en la sede de LA RAZÓN, China reivindicó sus relaciones con España como aliado clave para afianzar su presencia en Europa. Así lo expuso el embajador de la República Popular China en España, Yao Jing, durante el encuentro, que contó con la presencia de Yang Kaiyu, director general del Banco Industrial y Comercial de China en España y presidente de la Cámara de Comercio de China en España; de Óscar Goitia, presidente de Mondragón y de la Fundación Consejo España-China; de Javier Morillas, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad CEU San Pablo y consejero del Tribunal de Cuentas; y de Pedro Barragán, economista y experto en el análisis de la economía de China.
Durante la inauguración del acto, Francisco Marhuenda, director de LA RAZÓN, valoró las «importantes relaciones» entre ambos países y calificó a China como «nuestro gran socio comercial». Además de la «fascinación» que tiene el país asiático por nuestra sociedad, también destacó que España debe «seguir avanzando en investigación y desarrollo» e imitar su modelo de innovación. «La unidad de China se ha mantenido en el tiempo y eso le ha resultado muy valioso», apuntó Marhuenda. Del mismo modo que el comercio, al que catalogó como «la sangre de la economía», porque fluye de la misma manera.
El embajador intervino en el acto para comentar su punto de vista sobre las relaciones, ya no solo económicas, que mantienen las dos naciones. «La sociedad española es muy inclusiva y razonable; lo he comprobado personalmente a lo largo de mis tres años como embajador. Por ello es un entorno idóneo para la colaboración».
En su ponencia, también resaltó las oportunidades que China ofrece a la economía española y catalogó al país como «el principal beneficiario de la globalización» y la «segunda economía más importante del mundo». En su función de apoyo a sus propias empresas para conseguir que puedan situarse en España, la propia embajada busca conocer qué opinan a este respecto y está abierta a escuchar sus opiniones.
Durante la mesa redonda celebrada a continuación, se puso el foco en las relaciones comerciales entre España y China y en las oportunidades que abre la creciente presencia de empresas del gigante asiático en nuestro país. Y es que España se ha convertido en uno de los destinos predilectos del capital chino, con una representación empresarial que reúne a más de 100 compañías de distintos ámbitos y una aportación fiscal que supera los 5 millones de dólares.
Esta expansión también ha contribuido a la creación de puestos de trabajo cualificados, con algunas compañías que han llegado a incorporar a más de 1.000 empleados, según cifras aportadas por Yang Kaiyu, presidente de la Cámara de Comercio de China en España. Añadió que, el creciente interés de las empresas chinas por España responde, en buena medida, a la apertura del mercado nacional y a la actitud favorable hacia la inversión extranjera. A su juicio, España no es simplemente uno de los destinos más atractivos de Europa para las compañías chinas, sino el que ofrece actualmente mayores oportunidades.
Industria de la automoción
Los participantes coincidieron en señalar a la automoción como uno de los sectores de la industria española con mayor potencial para atraer inversión china. Así, las llegadas de capital «no están provocando una amenaza sobre el sector, más bien al contrario, lo están potenciando», aseguró Pedro Barragán. Según explicó, España «es el país más inteligente aprovechando sus relaciones con China», pues se trata de economías muy complementarias.
Una visión compartida por Óscar Goitia, quien consideró necesario superar el debate que contrapone las inversiones chinas como amenaza u oportunidad. «Yo plantearía el tema de las inversiones chinas en España desde otro punto de vista radicalmente diferente: ¿somos capaces de encontrar el camino para que mejoren y contribuyan de la mejor forma a la economía española?», reflexionó. Para Goitia, la cuestión fundamental no es tanto de dónde procede el capital como la capacidad de aprovecharlo para fortalecer el tejido productivo nacional.
El presidente de Mondragón puso precisamente como ejemplo la industria automovilística, uno de los grandes motores de la economía española, que, pese a su fortaleza, también presenta debilidades y afronta importantes desafíos tecnológicos. En este contexto, defendió que la llegada de fabricantes e inversores chinos puede contribuir a reforzar la capacidad industrial y preservar el empleo. «Es una oportunidad para España totalmente indudable, que yo creo que hay que aprovechar», insistió Óscar Goitia.
Yang Kaiyu destacó igualmente la fortaleza de la industria automovilística española, la cualificación de sus recursos humanos y el desarrollo de sus infraestructuras como factores que explican el atractivo del país. En particular, mencionó la alta velocidad ferroviaria, un ámbito en el que España y China ocupan posiciones destacadas a escala internacional. A su juicio, estas capacidades industriales y tecnológicas demuestran que ambas economías tienen numerosos puntos en común y un amplio margen para desarrollar proyectos conjuntos.
Kaiyu abrió, además, otra puerta a la inversión de las compañías de su país: Latinoamérica. Destacó la relación histórica entre España y los países de la región y confió en que nuestro país pueda servir de puente hacia sus economías. Barragán consideró que la verdadera oportunidad en este ámbito se encuentra en «tratarlas como clientes y proveedores y generar una relación de socios».
El presidente de la Cámara de Comercio de China profundizó en esta posibilidad y planteó una estrategia de expansión en dos etapas. En una primera fase, las empresas chinas podrían establecer centros de producción y fabricación en España, consolidar su presencia industrial y desarrollar alianzas con compañías locales. Posteriormente, podrían aprovechar la experiencia internacional de sus socios españoles para ampliar sus operaciones hacia Latinoamérica.
Para ello, las compañías chinas podrían beneficiarse de las redes comerciales, los recursos logísticos y el conocimiento que las empresas españolas han acumulado durante décadas de actividad en la región. España dejaría así de ser únicamente un destino de inversión para convertirse también en una plataforma estratégica de internacionalización, con oportunidades de crecimiento compartido para ambos países.
Por su parte, Javier Morillas, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad CEU San Pablo y consejero del Tribunal de Cuentas, recordó cómo, a partir de las reformas iniciadas a finales de los años setenta, numerosas empresas españolas y europeas comenzaron a establecerse en el país asiático, contribuyendo a modernizar una estructura industrial que presentaba importantes carencias. Sin embargo, consideró que «su apertura al exterior desde los 80 ha hecho que ahora China sea otro país», un proceso al que también contribuyó su integración en la Organización Mundial del Comercio.
Algo en lo que coincidió Yang Kaiyu, quien situó el origen de esta transformación en la política de reforma y apertura iniciada por China en 1978. «Abrimos nuestras puertas a las empresas europeas, invitándolas a invertir en nuestro país y a colaborar con las empresas chinas para fortalecer nuestra base industrial y desarrollar nuestro tejido productivo», recordó.
El directivo reconoció que el desarrollo tecnológico y la creciente competitividad de las compañías chinas no habrían sido posibles sin la cooperación internacional y, especialmente, sin la transferencia de tecnología y el apoyo de las empresas europeas y españolas.
Camino de idea y vuelta
Esta evolución ha dado lugar a una inversión del flujo tradicional de capitales. Si durante décadas fueron las empresas occidentales las que buscaron oportunidades de crecimiento en China, ahora son las compañías chinas las que se establecen en Europa para ampliar su actividad industrial y tecnológica.
Yang defendió que este movimiento debería traducirse en una relación de beneficio mutuo, en la que las inversiones de ambas regiones se refuercen y las empresas puedan desarrollar proyectos conjuntos.
Morillas puso también el foco en la transformación que la integración de China ha provocado en la economía mundial. La incorporación de una población de enormes dimensiones a los circuitos internacionales de producción y comercio alteró las cadenas industriales, los costes laborales y los equilibrios comerciales. En el caso de España, recordó el importante desfase entre las importaciones procedentes de China y las exportaciones españolas al país asiático.
A su juicio, la llegada de nuevas inversiones productivas podría contribuir a compensar parcialmente ese desequilibrio comercial. El economista señaló, no obstante, que esta nueva etapa también exige una adaptación de las compañías chinas a las particularidades de los mercados europeos. Las diferencias en los modelos de gestión, las relaciones empresariales y los marcos institucionales hacen necesario un proceso de aprendizaje mutuo. Asimismo, apuntó a los retos que China todavía debe afrontar en materia de transparencia, control del gasto público y gobernanza, ámbitos en los que consideró que la interacción con las economías europeas puede ejercer una influencia positiva.
El flujo entre ambos países no se limita únicamente a lo estrictamente monetario. El presidente de la Cámara de Comercio de China destacó también el creciente intercambio de estudiantes entre universidades, así como el impacto que el turismo ha tenido en ambos sentidos, contribuyendo a estrechar las relaciones sociales y culturales.
Morillas recordó que la sociedad china, marcada por épocas de precariedad y escasez a lo largo de su historia, «se ha convertido en una sociedad muy ahorradora». Eso no le ha privado de «su recompensa»: vivir una etapa de elevado consumo. Barragán resaltó cómo el consumo creció «entre un 1,2 y un 1,6%», destacando especialmente el comportamiento de los servicios.
Yang Kaiyu quiso recordar también la penetración de la inteligencia artificial, un ámbito en el que China «tiene más espacios de aplicación». De todas formas, destacó el contexto español, que consideró muy avanzado en este sentido. Durante su intervención hizo hincapié en la incorporación de estas herramientas a los servicios de atención al cliente y a las aplicaciones de las entidades bancarias.
El salto tecnológico del país asiático demuestra, sin embargo, que China ha sido capaz de desarrollar capacidades propias y competir en sectores de creciente valor añadido. El crecimiento de China la ha situado entre las principales potencias económicas mundiales, aunque, según Pedro Barragán, el país «no tiene ningún interés en arrebatarle el liderazgo a Estados Unidos». «No quiere hacerlo y no está haciendo nada por intentarlo, lo único que quiere es que le dejen progresar y que Estados Unidos y Occidente lo respeten», sostuvo.
Aunque el PIB per cápita chino continúa siendo inferior al español, según los datos expuestos por Morillas, también hay que tener en cuenta la profunda transformación que su economía ha experimentado en las últimas décadas. China «ha sacado de la pobreza a millones de personas, muchas de ellas que siguen vivas a día de hoy, por lo que es algo reciente». «La oportunidad es evidente», remarcó Goitia, al situar el crecimiento chino en el contexto de una globalización que está modificando las relaciones comerciales y productivas internacionales.
En su opinión, de la misma manera que las empresas europeas contribuyeron durante décadas al desarrollo económico de China, la llegada de empresas chinas a Europa puede convertirse ahora en un factor de modernización y crecimiento para las economías receptoras. En todo momento, Yang Kaiyu reforzó la idea de la integración de las compañías chinas en el mercado nacional de una forma natural y respetuosa.
En definitiva, los participantes coincidieron en que el desafío de esta nueva etapa de las relaciones entre España y China pasa por transformar el creciente flujo de inversiones en oportunidades industriales duraderas. La cooperación empresarial, el desarrollo tecnológico y la posibilidad de abordar conjuntamente nuevos mercados internacionales aparecen como los principales ámbitos de crecimiento. Una relación que, después de décadas en las que el capital europeo contribuyó a modernizar la economía china, recorre ahora el camino inverso y ofrece a España la posibilidad de reforzar su posición industrial y comercial.
Tras décadas de inversiones en China, el capital chino recorre ahora el camino inverso. La automoción, la cooperación tecnológica y la proyección hacia Latinoamérica abren nuevas oportunidades
China ha protagonizado una de las transformaciones económicas más importantes de la historia reciente. El país se ha consolidado como una potencia industrial y comercial que ya no compite únicamente por sus costes de producción, sino también por su capacidad de innovación.
China ya no es una realidad económica lejana para España. Y los datos así lo evidencian. En 2025, fue nuestro cuarto socio comercial, el segundo proveedor de bienes y el undécimo destino de nuestras exportaciones. Las empresas españolas importan del gigante asiático mercancías por valor de 50.250 millones de euros, frente a unas exportaciones de 7.972 millones.
En el Foro «Intercambios entre China y España: comercio, innovación científica e inversiones», celebrado este lunes en la sede de LA RAZÓN, China reivindicó sus relaciones con España como aliado clave para afianzar su presencia en Europa. Así lo expuso el embajador de la República Popular China en España, Yao Jing, durante el encuentro, que contó con la presencia de Yang Kaiyu, director general del Banco Industrial y Comercial de China en España y presidente de la Cámara de Comercio de China en España; de Óscar Goitia, presidente de Mondragón y de la Fundación Consejo España-China; de Javier Morillas, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad CEU San Pablo y consejero del Tribunal de Cuentas; y de Pedro Barragán, economista y experto en el análisis de la economía de China.
Durante la inauguración del acto, Francisco Marhuenda, director de LA RAZÓN, valoró las «importantes relaciones» entre ambos países y calificó a China como «nuestro gran socio comercial». Además de la «fascinación» que tiene el país asiático por nuestra sociedad, también destacó que España debe «seguir avanzando en investigación y desarrollo» e imitar su modelo de innovación. «La unidad de China se ha mantenido en el tiempo y eso le ha resultado muy valioso», apuntó Marhuenda. Del mismo modo que el comercio, al que catalogó como «la sangre de la economía», porque fluye de la misma manera.
El embajador intervino en el acto para comentar su punto de vista sobre las relaciones, ya no solo económicas, que mantienen las dos naciones. «La sociedad española es muy inclusiva y razonable; lo he comprobado personalmente a lo largo de mis tres años como embajador. Por ello es un entorno idóneo para la colaboración».
En su ponencia, también resaltó las oportunidades que China ofrece a la economía española y catalogó al país como «el principal beneficiario de la globalización» y la «segunda economía más importante del mundo». En su función de apoyo a sus propias empresas para conseguir que puedan situarse en España, la propia embajada busca conocer qué opinan a este respecto y está abierta a escuchar sus opiniones.
Durante la mesa redonda celebrada a continuación, se puso el foco en las relaciones comerciales entre España y China y en las oportunidades que abre la creciente presencia de empresas del gigante asiático en nuestro país. Y es que España se ha convertido en uno de los destinos predilectos del capital chino, con una representación empresarial que reúne a más de 100 compañías de distintos ámbitos y una aportación fiscal que supera los 5 millones de dólares.
Esta expansión también ha contribuido a la creación de puestos de trabajo cualificados, con algunas compañías que han llegado a incorporar a más de 1.000 empleados, según cifras aportadas por Yang Kaiyu, presidente de la Cámara de Comercio de China en España. Añadió que, el creciente interés de las empresas chinas por España responde, en buena medida, a la apertura del mercado nacional y a la actitud favorable hacia la inversión extranjera. A su juicio, España no es simplemente uno de los destinos más atractivos de Europa para las compañías chinas, sino el que ofrece actualmente mayores oportunidades.

Industria de la automoción
Los participantes coincidieron en señalar a la automoción como uno de los sectores de la industria española con mayor potencial para atraer inversión china. Así, las llegadas de capital «no están provocando una amenaza sobre el sector, más bien al contrario, lo están potenciando», aseguró Pedro Barragán. Según explicó, España «es el país más inteligente aprovechando sus relaciones con China», pues se trata de economías muy complementarias.

Una visión compartida por Óscar Goitia, quien consideró necesario superar el debate que contrapone las inversiones chinas como amenaza u oportunidad. «Yo plantearía el tema de las inversiones chinas en España desde otro punto de vista radicalmente diferente: ¿somos capaces de encontrar el camino para que mejoren y contribuyan de la mejor forma a la economía española?», reflexionó. Para Goitia, la cuestión fundamental no es tanto de dónde procede el capital como la capacidad de aprovecharlo para fortalecer el tejido productivo nacional.
El presidente de Mondragón puso precisamente como ejemplo la industria automovilística, uno de los grandes motores de la economía española, que, pese a su fortaleza, también presenta debilidades y afronta importantes desafíos tecnológicos. En este contexto, defendió que la llegada de fabricantes e inversores chinos puede contribuir a reforzar la capacidad industrial y preservar el empleo. «Es una oportunidad para España totalmente indudable, que yo creo que hay que aprovechar», insistió Óscar Goitia.
Yang Kaiyu destacó igualmente la fortaleza de la industria automovilística española, la cualificación de sus recursos humanos y el desarrollo de sus infraestructuras como factores que explican el atractivo del país. En particular, mencionó la alta velocidad ferroviaria, un ámbito en el que España y China ocupan posiciones destacadas a escala internacional. A su juicio, estas capacidades industriales y tecnológicas demuestran que ambas economías tienen numerosos puntos en común y un amplio margen para desarrollar proyectos conjuntos.

Kaiyu abrió, además, otra puerta a la inversión de las compañías de su país: Latinoamérica. Destacó la relación histórica entre España y los países de la región y confió en que nuestro país pueda servir de puente hacia sus economías. Barragán consideró que la verdadera oportunidad en este ámbito se encuentra en «tratarlas como clientes y proveedores y generar una relación de socios».
El presidente de la Cámara de Comercio de China profundizó en esta posibilidad y planteó una estrategia de expansión en dos etapas. En una primera fase, las empresas chinas podrían establecer centros de producción y fabricación en España, consolidar su presencia industrial y desarrollar alianzas con compañías locales. Posteriormente, podrían aprovechar la experiencia internacional de sus socios españoles para ampliar sus operaciones hacia Latinoamérica.
Para ello, las compañías chinas podrían beneficiarse de las redes comerciales, los recursos logísticos y el conocimiento que las empresas españolas han acumulado durante décadas de actividad en la región. España dejaría así de ser únicamente un destino de inversión para convertirse también en una plataforma estratégica de internacionalización, con oportunidades de crecimiento compartido para ambos países.
Por su parte, Javier Morillas, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad CEU San Pablo y consejero del Tribunal de Cuentas, recordó cómo, a partir de las reformas iniciadas a finales de los años setenta, numerosas empresas españolas y europeas comenzaron a establecerse en el país asiático, contribuyendo a modernizar una estructura industrial que presentaba importantes carencias. Sin embargo, consideró que «su apertura al exterior desde los 80 ha hecho que ahora China sea otro país», un proceso al que también contribuyó su integración en la Organización Mundial del Comercio.

Algo en lo que coincidió Yang Kaiyu, quien situó el origen de esta transformación en la política de reforma y apertura iniciada por China en 1978. «Abrimos nuestras puertas a las empresas europeas, invitándolas a invertir en nuestro país y a colaborar con las empresas chinas para fortalecer nuestra base industrial y desarrollar nuestro tejido productivo», recordó.
El directivo reconoció que el desarrollo tecnológico y la creciente competitividad de las compañías chinas no habrían sido posibles sin la cooperación internacional y, especialmente, sin la transferencia de tecnología y el apoyo de las empresas europeas y españolas.


Camino de idea y vuelta
Esta evolución ha dado lugar a una inversión del flujo tradicional de capitales. Si durante décadas fueron las empresas occidentales las que buscaron oportunidades de crecimiento en China, ahora son las compañías chinas las que se establecen en Europa para ampliar su actividad industrial y tecnológica.
Yang defendió que este movimiento debería traducirse en una relación de beneficio mutuo, en la que las inversiones de ambas regiones se refuercen y las empresas puedan desarrollar proyectos conjuntos.
Morillas puso también el foco en la transformación que la integración de China ha provocado en la economía mundial. La incorporación de una población de enormes dimensiones a los circuitos internacionales de producción y comercio alteró las cadenas industriales, los costes laborales y los equilibrios comerciales. En el caso de España, recordó el importante desfase entre las importaciones procedentes de China y las exportaciones españolas al país asiático.
A su juicio, la llegada de nuevas inversiones productivas podría contribuir a compensar parcialmente ese desequilibrio comercial. El economista señaló, no obstante, que esta nueva etapa también exige una adaptación de las compañías chinas a las particularidades de los mercados europeos. Las diferencias en los modelos de gestión, las relaciones empresariales y los marcos institucionales hacen necesario un proceso de aprendizaje mutuo. Asimismo, apuntó a los retos que China todavía debe afrontar en materia de transparencia, control del gasto público y gobernanza, ámbitos en los que consideró que la interacción con las economías europeas puede ejercer una influencia positiva.
El flujo entre ambos países no se limita únicamente a lo estrictamente monetario. El presidente de la Cámara de Comercio de China destacó también el creciente intercambio de estudiantes entre universidades, así como el impacto que el turismo ha tenido en ambos sentidos, contribuyendo a estrechar las relaciones sociales y culturales.
Morillas recordó que la sociedad china, marcada por épocas de precariedad y escasez a lo largo de su historia, «se ha convertido en una sociedad muy ahorradora». Eso no le ha privado de «su recompensa»: vivir una etapa de elevado consumo. Barragán resaltó cómo el consumo creció «entre un 1,2 y un 1,6%», destacando especialmente el comportamiento de los servicios.
Yang Kaiyu quiso recordar también la penetración de la inteligencia artificial, un ámbito en el que China «tiene más espacios de aplicación». De todas formas, destacó el contexto español, que consideró muy avanzado en este sentido. Durante su intervención hizo hincapié en la incorporación de estas herramientas a los servicios de atención al cliente y a las aplicaciones de las entidades bancarias.
El salto tecnológico del país asiático demuestra, sin embargo, que China ha sido capaz de desarrollar capacidades propias y competir en sectores de creciente valor añadido. El crecimiento de China la ha situado entre las principales potencias económicas mundiales, aunque, según Pedro Barragán, el país «no tiene ningún interés en arrebatarle el liderazgo a Estados Unidos». «No quiere hacerlo y no está haciendo nada por intentarlo, lo único que quiere es que le dejen progresar y que Estados Unidos y Occidente lo respeten», sostuvo.
Aunque el PIB per cápita chino continúa siendo inferior al español, según los datos expuestos por Morillas, también hay que tener en cuenta la profunda transformación que su economía ha experimentado en las últimas décadas. China «ha sacado de la pobreza a millones de personas, muchas de ellas que siguen vivas a día de hoy, por lo que es algo reciente». «La oportunidad es evidente», remarcó Goitia, al situar el crecimiento chino en el contexto de una globalización que está modificando las relaciones comerciales y productivas internacionales.
En su opinión, de la misma manera que las empresas europeas contribuyeron durante décadas al desarrollo económico de China, la llegada de empresas chinas a Europa puede convertirse ahora en un factor de modernización y crecimiento para las economías receptoras. En todo momento, Yang Kaiyu reforzó la idea de la integración de las compañías chinas en el mercado nacional de una forma natural y respetuosa.
En definitiva, los participantes coincidieron en que el desafío de esta nueva etapa de las relaciones entre España y China pasa por transformar el creciente flujo de inversiones en oportunidades industriales duraderas. La cooperación empresarial, el desarrollo tecnológico y la posibilidad de abordar conjuntamente nuevos mercados internacionales aparecen como los principales ámbitos de crecimiento. Una relación que, después de décadas en las que el capital europeo contribuyó a modernizar la economía china, recorre ahora el camino inverso y ofrece a España la posibilidad de reforzar su posición industrial y comercial.
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