El mito que hace temblar a Europa

Albert Camus (1913-1960), francés nacido en Argelia con ascendencia española, premio Nobel de Literatura y jugador de fútbol en su juventud, pensaba que «los mitos tienen más poder que la realidad».

Francia, casi en vísperas electorales y al final del mandato de Macron, arde. Una protesta estudiantil, utilizada con habilidad por la extrema izquierda, ha tensado las costuras del país, con incidentes muy violentos incluidos, que han obligado a decretar un «toque de queda parcial» en algunas ciudades, París y Burdeos entre ellas. La prima de riesgo de Francia se dispara, igual que el precio de su deuda pública, de más de tres billones de euros. Mientras, Europa tiembla y espera que no haya contagio. Francia arde en defensa de un mito que también asola a los países de Europa. Hay algo de recuerdo del famoso «un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo», la frase inicial del Manifiesto Comunista de 1848, de Karl Marx (1818-1895) y Friedrich Engels (1820-1895).

El fantasma comunista, más de siglo y medio después, ha devenido en mito. «El mayor y más estúpido mito en la política europea, particularmente popular en Francia, es que Europa sufre las consecuencias de la austeridad y del neoliberalismo», acaba de escribir Luis Garicano, ex eurodiputado de Ciudadanos, ex vicepresidente del grupo liberal en el Parlamento Europeo, catedrático de la London School of Economics y también vinculado a la fundación Reformismo 21, en la órbita del PP.

En la red social X añade que «en los cinco grandes países de Europa, más de la mitad de la población percibe sus ingresos del Estado y menos de la mitad del sector privado. Eso es lo que hace que reducir el Estado del Bienestar sea imposible: más de la mitad de los votantes son receptores netos. Por eso no sorprende que Italia tenga déficits desde hace 100 años y Francia en los últimos 50». Y Garicano añade con sorna: «Ooh, la, la, l’austerité!!»

El economista y ex político, que cursó en Brujas un máster de Estudios Europeos, en donde coincidió con el socialista –no sanchista– Juan Moscoso y con Miriam González, lanzada a la arena política con Democracia 21, avala con datos muy precisos sus opiniones. En Francia, 30 millones de personas trabajan para el sector público y 21 millones para el privado.

El gasto público alcanza el 57% del PIB, más de la mitad de la economía, y desde 1974 el Estado francés nunca ha tenido las cuentas equilibradas. En Alemania, 35 millones de adultos están en la nómina estatal, mientras que 34 millones lo están en el sector privado. El gasto público también supera el 50% del PIB y el país incurre en déficits desde 2019.

En Italia, 23 millones de ciudadanos trabajan para el sector público y 20,5 millones para el privado. El gasto público roza el 51% y el Estado italiano no ha tenido las cuentas equilibradas desde ¡1925!, hace ¡100! años. En el Reino Unido, el 54% de los hogares recibe ahora más en prestaciones estatales de lo que paga en impuestos. El país acumula déficits desde 2001 y uno de cada cinco coches nuevos que se compran los paga el Gobierno a través de «un sistema de prestaciones por discapacidad insólito».

En España, explica Garicano, desde 2021 hay más gente, 18,2 millones, que recibe sus ingresos del sector público que los 17,9 millones que trabajan en el sector privado. Además, desde 2005, hay más empleados gubernamentales que autónomos, algo que no había ocurrido en toda la historia. Por último, las cuentas públicas arrastran números rojos desde 2007.

Garicano, al final de su reflexión, incluye una larga serie de fuentes, todas ellas oficiales de los distintos países, de las que ha obtenido unos datos que han sido recopilados por Gemini Argon, el asistente de inteligencia artificial de Google. Los números son contundentes y desmontan cualquier teoría o creencia, por muy arraigada que esté y muy jaleada que sea, de que en los grandes países europeos domina el neoliberalismo y de que el Estado del Bienestar está en mantillas. Todo se complica porque, además, como dijo en una ocasión Churchill (1875-1965), «las multitudes permanecen hundidas en la ignorancia de los hechos económicos más simples y sus líderes, cuando les piden el voto, no se atreven a desengañarles».

España inaugura el 29 de noviembre un largo y decisivo periodo electoral en algunos de los principales países europeos. Salvo sorpresa, ningún partido político –se juega el éxito o el fracaso– porque la mayoría de los europeos han decidido que no quieren saber que quizá –es seguro, pero valdría la duda– no se puedan mantener las circunstancias que permiten la vida cómoda actual, porque «los mitos tienen más poder que la realidad», como escribió hace años Camus.

 El mayor mito de la política europea, especialmente popular en Francia, es que Europa sufre las consecuencias de la austeridad y del neoliberalismo  

Albert Camus (1913-1960), francés nacido en Argelia con ascendencia española, premio Nobel de Literatura y jugador de fútbol en su juventud, pensaba que «los mitos tienen más poder que la realidad».

Francia, casi en vísperas electorales y al final del mandato de Macron, arde. Una protesta estudiantil, utilizada con habilidad por la extrema izquierda, ha tensado las costuras del país, con incidentes muy violentos incluidos, que han obligado a decretar un «toque de queda parcial» en algunas ciudades, París y Burdeos entre ellas. La prima de riesgo de Francia se dispara, igual que el precio de su deuda pública, de más de tres billones de euros. Mientras, Europa tiembla y espera que no haya contagio. Francia arde en defensa de un mito que también asola a los países de Europa. Hay algo de recuerdo del famoso «un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo», la frase inicial del Manifiesto Comunista de 1848, de Karl Marx (1818-1895) y Friedrich Engels (1820-1895).

El fantasma comunista, más de siglo y medio después, ha devenido en mito. «El mayor y más estúpido mito en la política europea, particularmente popular en Francia, es que Europa sufre las consecuencias de la austeridad y del neoliberalismo», acaba de escribir Luis Garicano, ex eurodiputado de Ciudadanos, ex vicepresidente del grupo liberal en el Parlamento Europeo, catedrático de la London School of Economics y también vinculado a la fundación Reformismo 21, en la órbita del PP.

En la red social X añade que «en los cinco grandes países de Europa, más de la mitad de la población percibe sus ingresos del Estado y menos de la mitad del sector privado. Eso es lo que hace que reducir el Estado del Bienestar sea imposible: más de la mitad de los votantes son receptores netos. Por eso no sorprende que Italia tenga déficits desde hace 100 años y Francia en los últimos 50». Y Garicano añade con sorna: «Ooh, la, la, l’austerité!!»

El economista y ex político, que cursó en Brujas un máster de Estudios Europeos, en donde coincidió con el socialista –no sanchista– Juan Moscoso y con Miriam González, lanzada a la arena política con Democracia 21, avala con datos muy precisos sus opiniones. En Francia, 30 millones de personas trabajan para el sector público y 21 millones para el privado.

El gasto público alcanza el 57% del PIB, más de la mitad de la economía, y desde 1974 el Estado francés nunca ha tenido las cuentas equilibradas. En Alemania, 35 millones de adultos están en la nómina estatal, mientras que 34 millones lo están en el sector privado. El gasto público también supera el 50% del PIB y el país incurre en déficits desde 2019.

En Italia, 23 millones de ciudadanos trabajan para el sector público y 20,5 millones para el privado. El gasto público roza el 51% y el Estado italiano no ha tenido las cuentas equilibradas desde ¡1925!, hace ¡100! años. En el Reino Unido, el 54% de los hogares recibe ahora más en prestaciones estatales de lo que paga en impuestos. El país acumula déficits desde 2001 y uno de cada cinco coches nuevos que se compran los paga el Gobierno a través de «un sistema de prestaciones por discapacidad insólito».

En España, explica Garicano, desde 2021 hay más gente, 18,2 millones, que recibe sus ingresos del sector público que los 17,9 millones que trabajan en el sector privado. Además, desde 2005, hay más empleados gubernamentales que autónomos, algo que no había ocurrido en toda la historia. Por último, las cuentas públicas arrastran números rojos desde 2007.

Garicano, al final de su reflexión, incluye una larga serie de fuentes, todas ellas oficiales de los distintos países, de las que ha obtenido unos datos que han sido recopilados por Gemini Argon, el asistente de inteligencia artificial de Google. Los números son contundentes y desmontan cualquier teoría o creencia, por muy arraigada que esté y muy jaleada que sea, de que en los grandes países europeos domina el neoliberalismo y de que el Estado del Bienestar está en mantillas. Todo se complica porque, además, como dijo en una ocasión Churchill (1875-1965), «las multitudes permanecen hundidas en la ignorancia de los hechos económicos más simples y sus líderes, cuando les piden el voto, no se atreven a desengañarles».

España inaugura el 29 de noviembre un largo y decisivo periodo electoral en algunos de los principales países europeos. Salvo sorpresa, ningún partido político –se juega el éxito o el fracaso– porque la mayoría de los europeos han decidido que no quieren saber que quizá –es seguro, pero valdría la duda– no se puedan mantener las circunstancias que permiten la vida cómoda actual, porque «los mitos tienen más poder que la realidad», como escribió hace años Camus.

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