El pasado lunes 15 de junio, Reino Unido aprobó la prohibición de acceso a las redes sociales para menores de 16 años como una medida de seguridad infantil de gran alcance, presentada por el gobierno británico como un paso más allá de otras restricciones internacionales y pensada para endurecer el control sobre el uso de plataformas digitales por parte de adolescentes. La norma no solo afecta al acceso de los menores a servicios como Instagram, TikTok, YouTube o Snapchat, sino que abre una discusión mucho más amplia sobre verificación de edad, cumplimiento técnico, publicidad digital y redistribución de inversión hacia televisión y servicios de streaming. Es en este punto donde los analistas de la consultora eMarketer han reducido la previsión del gasto en publicidad digital en Reino Unido para 2027 en 1.300 millones de libras (más de 1.500 millones de euros), tras evaluar el posible impacto de la prohibición.
La decisión se enmarca dentro de una protección más general del menor, sobre el daño potencial de las redes sociales en la salud mental, la exposición a contenidos nocivos y el tiempo de pantalla, y cuyo objetivo principal es limitar el acceso de los menores de 16 años a esas plataformas. Las implicaciones son que, si una plataforma de redes quiere seguir funcionando en el mercado británico sin exponerse a sanciones, deberá demostrar mecanismos eficaces para impedir el acceso de menores de 16 años. Eso obliga a revisar sistemas de verificación de edad, procesos de registro y posibles métodos de identificación, un terreno especialmente delicado por el conflicto entre protección infantil, privacidad y viabilidad técnica.
El punto de vista de eMarketer va más allá y explica que el nuevo escenario redibuja el consumo juvenil y también la distribución del gasto publicitario en Reino Unido. Según ese enfoque, el efecto no se limita a la pérdida de inversión en redes sociales: parte del dinero que antes iba a plataformas podría migrar hacia televisión lineal y servicios de streaming, especialmente aquellos capaces de concentrar grandes audiencias adolescentes o familiares. Esa lectura convierte la medida en una noticia relevante para todo el mercado publicitario. La ley recién aprobada obligará a las marcas a buscar otras ventanas para alcanzar el mismo público al que no pueden llegar a través de las redes sociales. En ese escenario, la televisión lineal y los entornos de streaming aparecen como destinos naturales para reasignar presupuestos, porque ofrecen cobertura masiva, formatos de vídeo y una percepción de entorno más seguro o más controlable para los anunciantes. En el caso de las plataformas televisivas, eMarketer sugiere que los servicios de streaming podrían salir reforzados si los anunciantes los usan para llegar a adolescentes que ya no pueden ser impactados con la misma facilidad en redes sociales. Es decir, la regulación podría acelerar un reequilibrio dentro del mercado audiovisual: menos inversión en social media y más peso para vídeo bajo demanda, plataformas con publicidad y televisión lineal, al menos en determinados segmentos de campaña. Además, para las televisiones lineales, el posible efecto es doble. Por un lado, pueden recuperar parte de la inversión que salga de las redes sociales; por otro, se benefician de una lógica publicitaria más estable, con inventarios amplios y una medición más tradicional que la que ofrecen las plataformas digitales. Esto significa una oportunidad para captar campañas que busquen alcance masivo entre públicos jóvenes y familias, sobre todo si las marcas ven más riesgo reputacional en redes que en entornos de emisión regulados. Recordemos que hasta ahora, y según datos de una agencia especializada, los niños de siete a 14 años afirman que descubren nuevos productos que querrían comprar a través de los anuncios y los youtubers de YouTube. Ahora ya no será así.
Sin resignarse a soportar semejante fuga de suscriptores, Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, no ha tardado en criticar la prohibición y advirtió que esta medida llevará a los adolescentes a plataformas «alternativas» que no tienen regulación. Esa es una de las grandes líneas de conflicto: el Gobierno presenta la medida como una barrera de protección, mientras que las empresas la describen como una solución parcial que podría tener efectos no deseados.
Un informe de eMarketer cifra en más de 1.500 millones de euros las pérdidas en publicidad digital de estos soportes
El pasado lunes 15 de junio, Reino Unido aprobó la prohibición de acceso a las redes sociales para menores de 16 años como una medida de seguridad infantil de gran alcance, presentada por el gobierno británico como un paso más allá de otras restricciones internacionales y pensada para endurecer el control sobre el uso de plataformas digitales por parte de adolescentes. La norma no solo afecta al acceso de los menores a servicios como Instagram, TikTok, YouTube o Snapchat, sino que abre una discusión mucho más amplia sobre verificación de edad, cumplimiento técnico, publicidad digital y redistribución de inversión hacia televisión y servicios de streaming. Es en este punto donde los analistas de la consultora eMarketer han reducido la previsión del gasto en publicidad digital en Reino Unido para 2027 en 1.300 millones de libras (más de 1.500 millones de euros), tras evaluar el posible impacto de la prohibición.
La decisión se enmarca dentro de una protección más general del menor, sobre el daño potencial de las redes sociales en la salud mental, la exposición a contenidos nocivos y el tiempo de pantalla, y cuyo objetivo principal es limitar el acceso de los menores de 16 años a esas plataformas. Las implicaciones son que, si una plataforma de redes quiere seguir funcionando en el mercado británico sin exponerse a sanciones, deberá demostrar mecanismos eficaces para impedir el acceso de menores de 16 años. Eso obliga a revisar sistemas de verificación de edad, procesos de registro y posibles métodos de identificación, un terreno especialmente delicado por el conflicto entre protección infantil, privacidad y viabilidad técnica.
El punto de vista de eMarketer va más allá y explica que el nuevo escenario redibuja el consumo juvenil y también la distribución del gasto publicitario en Reino Unido. Según ese enfoque, el efecto no se limita a la pérdida de inversión en redes sociales: parte del dinero que antes iba a plataformas podría migrar hacia televisión lineal y servicios de streaming, especialmente aquellos capaces de concentrar grandes audiencias adolescentes o familiares. Esa lectura convierte la medida en una noticia relevante para todo el mercado publicitario. La ley recién aprobada obligará a las marcas a buscar otras ventanas para alcanzar el mismo público al que no pueden llegar a través de las redes sociales. En ese escenario, la televisión lineal y los entornos de streaming aparecen como destinos naturales para reasignar presupuestos, porque ofrecen cobertura masiva, formatos de vídeo y una percepción de entorno más seguro o más controlable para los anunciantes. En el caso de las plataformas televisivas, eMarketer sugiere que los servicios de streaming podrían salir reforzados si los anunciantes los usan para llegar a adolescentes que ya no pueden ser impactados con la misma facilidad en redes sociales. Es decir, la regulación podría acelerar un reequilibrio dentro del mercado audiovisual: menos inversión en social media y más peso para vídeo bajo demanda, plataformas con publicidad y televisión lineal, al menos en determinados segmentos de campaña. Además, para las televisiones lineales, el posible efecto es doble. Por un lado, pueden recuperar parte de la inversión que salga de las redes sociales; por otro, se benefician de una lógica publicitaria más estable, con inventarios amplios y una medición más tradicional que la que ofrecen las plataformas digitales. Esto significa una oportunidad para captar campañas que busquen alcance masivo entre públicos jóvenes y familias, sobre todo si las marcas ven más riesgo reputacional en redes que en entornos de emisión regulados. Recordemos que hasta ahora, y según datos de una agencia especializada, los niños de siete a 14 años afirman que descubren nuevos productos que querrían comprar a través de los anuncios y los youtubers de YouTube. Ahora ya no será así.
Sin resignarse a soportar semejante fuga de suscriptores, Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, no ha tardado en criticar la prohibición y advirtió que esta medida llevará a los adolescentes a plataformas «alternativas» que no tienen regulación. Esa es una de las grandes líneas de conflicto: el Gobierno presenta la medida como una barrera de protección, mientras que las empresas la describen como una solución parcial que podría tener efectos no deseados.
Programación TV en La Razón
