La pensión ya no son suficiente para encarar la última etapa de la vida. Por ello, muchos jubilados necesitarán recurrir a sus viviendas para obtener liquidez y poder costear la vejez. Así lo ha explicado Teresa López, Directora de Relaciones Institucionales del Colegio de Registradores, durante la celebración de la cuarta jornada del Seminario de Verano de la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE) y la Universidad Menéndez Pelayo (UIMP) en Santander.
La longevidad es uno de los principales retos al que se enfrentan la sociedad y la economía españolas. Así, uno de cada seis habitantes en el país en 2030 tendrá más de 65 años. A esto se suma un sistema de pensiones que es insuficiente para garantizar la vida y la longevidad.
Un 90% de los mayores de 65 años cuenta con una vivienda en propiedad, por lo que lo ven un activo muy viable para conseguir liquidez de cara a su futuro. Aquí entra en juego un proceso reciente conocido como licuación patrimonial, pues los españoles han canalizado principalmente por la vivienda como modelo de ahorro.
Entre las prácticas más comunes se encuentran la nuda propiedad, es decir, la compra de una vivienda sin el uso y disfrute de la misma hasta el fallecimiento del propietario. O la hipoteca inversa, reducida únicamente a los mayores de 65 años en situación de dependencia o un grado de discapacidad superior al 33%. Si se quiere mantener una relación de cuidado hay que recurrir a la donación.
Los principales perjudicados de las prácticas que suponen la pérdida del derecho sobre el activo son los hijos de los dueños, pues, en muchas ocasiones, la única forma que tendrán de acceder a la vivienda será a través de la herencia de la casa familiar de sus padres. La consecuencia más directa de esto es que la edad media de emancipación ya está por encima de los 30 años.
Además, el 94% de los mayores de 65 años prefiere envejecer en su hogar y recibir allí los cuidados necesarios en el momento que sean requeridos. «La vivienda es el principal elemento que les permite una continuidad de su ciclo vital y no una ruptura», ha explicado López.
El registro de la propiedad juega en papel fundamental porque la materia prima de estas operaciones son los inmuebles. Solo mediante el registro se permite dar fe de la transacción y el control de legalidad garantiza la fiabilidad del proceso.
Los registradores avisan de un aumento de la nuda propiedad o las hipotecas inversas en las próximas generaciones
La pensión ya no son suficiente para encarar la última etapa de la vida. Por ello, muchos jubilados necesitarán recurrir a sus viviendas para obtener liquidez y poder costear la vejez. Así lo ha explicado Teresa López, Directora de Relaciones Institucionales del Colegio de Registradores, durante la celebración de la cuarta jornada del Seminario de Verano de la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE) y la Universidad Menéndez Pelayo (UIMP) en Santander.
La longevidad es uno de los principales retos al que se enfrentan la sociedad y la economía españolas. Así, uno de cada seis habitantes en el país en 2030 tendrá más de 65 años. A esto se suma un sistema de pensiones que es insuficiente para garantizar la vida y la longevidad.
Un 90% de los mayores de 65 años cuenta con una vivienda en propiedad, por lo que lo ven un activo muy viable para conseguir liquidez de cara a su futuro. Aquí entra en juego un proceso reciente conocido como licuación patrimonial, pues los españoles han canalizado principalmente por la vivienda como modelo de ahorro.
Entre las prácticas más comunes se encuentran la nuda propiedad, es decir, la compra de una vivienda sin el uso y disfrute de la misma hasta el fallecimiento del propietario. O la hipoteca inversa, reducida únicamente a los mayores de 65 años en situación de dependencia o un grado de discapacidad superior al 33%. Si se quiere mantener una relación de cuidado hay que recurrir a la donación.
Los principales perjudicados de las prácticas que suponen la pérdida del derecho sobre el activo son los hijos de los dueños, pues, en muchas ocasiones, la única forma que tendrán de acceder a la vivienda será a través de la herencia de la casa familiar de sus padres. La consecuencia más directa de esto es que la edad media de emancipación ya está por encima de los 30 años.
Además, el 94% de los mayores de 65 años prefiere envejecer en su hogar y recibir allí los cuidados necesarios en el momento que sean requeridos. «La vivienda es el principal elemento que les permite una continuidad de su ciclo vital y no una ruptura», ha explicado López.
El registro de la propiedad juega en papel fundamental porque la materia prima de estas operaciones son los inmuebles. Solo mediante el registro se permite dar fe de la transacción y el control de legalidad garantiza la fiabilidad del proceso.
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