
Mónica Sánchez vivió la primera mitad del embarazo de su segunda hija, Irene, con la felicidad de quien siente que todo va bien. Hasta que una ecografía reveló, en la semana 20, que algo ocurría en el cerebro en desarrollo de la pequeña. “Sin saberlo, me había infectado de citomegalovirus [CMV] en el primer trimestre y la niña había sufrido daños”, cuenta esta técnica de radioterapia de 47 años que vive en Las Rozas (Madrid).
Un estudio concluye por primera vez en España que universalizar la prueba reduciría los “daños neurológicos y auditivos” en bebés “con un impacto presupuestario moderado”
Mónica Sánchez vivió la primera mitad del embarazo de su segunda hija, Irene, con la felicidad de quien siente que todo va bien. Hasta que una ecografía reveló, en la semana 20, que algo ocurría en el cerebro en desarrollo de la pequeña. “Sin saberlo, me había infectado de citomegalovirus [CMV] en el primer trimestre y la niña había sufrido daños”, cuenta esta técnica de radioterapia de 47 años que vive en Las Rozas (Madrid).
Irene tiene hoy 13 años y a los desafíos de cualquier chica de su edad debe añadir los causados por las secuelas del CMV. “Tiene sordera bilateral [paliada] con implantes cocleares, epilepsia refractaria [que no responde a los tratamientos habituales], hemiparesia derecha [un tipo de parálisis cerebral infantil] y dificultades de aprendizaje. Va al colegio y disfruta, pero el impacto de la infección ha sido muy importante en su vida”, relata Sánchez, que preside la asociación de pacientes Familias CMV.
Para la gran mayoría de la población, el citomegalovirus es un compañero de viaje tan desconocido como inocuo: hasta nueve de cada diez personas lo contrae en algún momento de la vida y, tras una infección, mayormente asintomática, el patógeno permanece latente en el organismo. Sin embargo, los riesgos se disparan si el contagio ocurre en las primeras semanas del embarazo. En el primer trimestre, el virus alcanza el feto en cerca de una tercera parte de los casos. Y si esto ocurre, un tercio de los bebés nacerá con secuelas.
“El CMV es la infección congénita más frecuente”, resume Daniel Blázquez, coordinador del registro español de niños con estas dolencias y pediatra en el Hospital 12 de Octubre (Madrid). A medida que avanza el embarazo, en cambio, es más fácil que el feto resulte infectado, pero las posibilidades de que esto le cause problemas se desploman.
Un informe elaborado por la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitarias de Cataluña (AQuAS) revela ahora que la implantación en la sanidad pública del cribado prenatal de citomegalovirus en el primer trimestre del embarazo podría reducir “las secuelas neurológicas y auditivas” causadas por la infección “con un impacto presupuestario moderado y asumible” de unos 17 millones de euros anuales. Según las estimaciones del modelo usado por los autores, los casos de CMV congénito descenderían en casi un millar cada año, de 1.504 a 639 bebés afectados.

Es la primera vez que una evaluación de este tipo considera que el cribado universal en el primer trimestre del embarazo sería en España “clínicamente beneficioso” en términos de salud y “coste-efectivo” a nivel económico. Esto es relevante porque aporta luz a un debate abierto desde hace tiempo en el ámbito sanitario y también porque puede considerarse como el primer paso hacia la universalización de la prueba. AQuAS forma parte de la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y estos informes aportan la base científica que el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas utilizan para ampliar las prestaciones de la sanidad pública. Las conclusiones del trabajo fueron presentadas en el reciente congreso de la Asociación de Economía de la Salud (AES) celebrado en Sevilla.
“La universalización del cribado sería muy importante porque permitiría detectar y tratar con valaciclovir [un antiviral] muchas infecciones maternas que ahora pasan desapercibidas al no haber síntomas”, explica Blázquez. Este experto añade que, “el valaciclovir reduce del 30%-40% [según la semana de gestación] al 10%-15% el riesgo de que el virus alcance al feto”. Además, incluso cuando el bebé resulta infectado, ”el fármaco parece que mejora el pronóstico y las secuelas se reducen en número y gravedad».
Actualmente, destaca el informe del AQuAS, las pruebas para detectar la infección por CMV en el embarazo se hacen en la sanidad pública de “forma no protocolizada” y “oportunista”, es decir, solo cuando alguna razón lleva al médico a pensar en que la madre puede estar infectada. Pero algunos grandes hospitales —como el 12 de Octubre y el Clínic de Barcelona— sí han extendido el cribado a todas sus pacientes y la universalización de la prueba es una demanda de muchos profesionales y entidades como Familia CMV.
Jessica Ruiz y Guillem Torres, autores principales del informe de AQuAS, destacan que “la evidencia científica generada por los hospitales que ya han impulsado el cribado” ha sido de gran utilidad para llevar a cabo su evaluación. Pese a ello, admiten, implantar una nueva prueba para todas las futuras madres es un proceso de “una enorme complejidad” y que pone sobre la mesa más cuestiones que las meramente logísticas y organizativas.
“Los resultados del modelo muestran que, al incluir a todas las gestantes, serán diagnosticadas muchas infecciones maternas que no tendrían consecuencias y que ahora requerirán una amniocentesis para confirmar si el feto está infectado. Y esta es una prueba con un riesgo bajo, pero no inexistente”, explican los autores. Otro punto es de alcance ético, siguen Ruiz y Torres, ya que en el caso de que los resultados muestren que el bebé está infectado, “algunas familias pueden optar por interrumpir el embarazo a pesar de que la existencia de secuelas es una probabilidad, no una certeza”.
Blázquez destaca que en el 12 de Octubre no han detectado un incremento de las interrupciones del embarazo por este motivo. “Lo que hemos visto desde la implantación del cribado, hace dos años, es que mejoran todos los indicadores. Las intervenciones realizadas nos permiten mejorar el manejo de las infecciones durante la gestación y esto hace que el pronóstico de los niños sea cada vez mejor, con menos niños con secuelas y, en caso de haberlas, más leves”, sostiene.
Estefanía García Camiño, subdirectora general de Promoción de la Salud y Prevención del Ministerio de Sanidad, califica el informe de AQuAS de “aportación relevante” en el “análisis técnico que ya está en marcha” y que debe valorar el cribado de citomegalovirus. Actualmente, la posible universalización de la prueba “está en estudio en el grupo de trabajo de cribado prenatal, que revisa toda la evidencia disponible y la información aportada por las comunidades autónomas”.
En el caso de que el proceso concluyera con la apuesta de incluir ahora el cribado en la sanidad pública, “el siguiente paso sería elevarlo a la Ponencia de Cribado Poblacional [formada por expertos], posteriormente a la Comisión de Salud Pública [en la que participan Sanidad y las comunidades] y, en su caso, a los órganos competentes en materia de prestaciones y cartera común del Sistema Nacional de Salud (SNS)”.
Sanidad considera que aún es prematuro avanzar fechas: “No es posible fijar todavía un calendario. La medida se encuentra en una fase técnica inicial y los tiempos dependerán de las conclusiones del grupo de expertos, del consenso con las comunidades autónomas y del procedimiento previsto para cualquier incorporación” en la sanidad pública.
Desde la asociación Familias CMV, Mónica Sánchez se congratula de que se estén dando los primeros pasos hacia el cribado. “Es algo que llevamos años pidiendo”, recuerda. Aunque ve dos carencias al proceso actual: “La primera es que las pruebas también deberían hacerse en el segundo y tercer trimestre del embarazo. Así, las madres infectadas podrían ser derivadas a unidades de referencia de CMV, que es otra de nuestras peticiones. El riesgo de secuelas es más bajo a medida que avanza el embarazo, pero no inexistente, y la atención especializada es clave”, afirma.
Otra demanda de la entidad es que, al realizar este tipo de informes de evaluación, “no solo se valoren los aspectos y costes clínicos, sino también los socioeconómicos”. Y pone su caso como ejemplo. “Yo he tenido que dejar de trabajar e Irene necesita seguir varias terapias. Va al neuropsicólogo, fisioterapeuta, logopeda, terapia ocupacional… Los implantes y prótesis que necesita son muy caros. Son niños con necesidades que no siempre están reconocidas para medir el impacto real del CMV congénito”, concluye.
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