Nicole Enríquez, la hija de migrantes peruanos que busca descolonizar la teoría política

Nicole Valentina Enríquez, becada de la Fundación la Caixa

¿Qué es la justicia y quién decide qué es justo? Esas preguntas empezaron a ocupar los pensamientos de Nicole Valentina Enríquez mientras cursaba el doble grado en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid. A esta joven de 24 años, nacida en Argentina e hija de migrantes peruanos, le resultaba molesto que el derecho se enseñara “como si lo que se ha puesto en la ley fuese algo inmodificable”. Sobre todo cuando, apunta, el pensamiento político ha estado relegado a una sola fuente “predominantemente eurocéntrica, blanca y de clase media alta”. Esas inquietudes la han llevado a la London School of Economics (LSE), donde cursa un máster en teoría política por un año gracias a una beca concedida por la Fundación la Caixa.

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 La joven estudia en la London School of Economics gracias a una de los 100 becas de posgrado que ha concedido este año la Fundación la Caixa  

¿Qué es la justicia y quién decide qué es justo? Esas preguntas empezaron a ocupar los pensamientos de Nicole Valentina Enríquez mientras cursaba el doble grado en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid. A esta joven de 24 años, nacida en Argentina e hija de migrantes peruanos, le resultaba molesto que el derecho se enseñara “como si lo que se ha puesto en la ley fuese algo inmodificable”. Sobre todo cuando, apunta, el pensamiento político ha estado relegado a una sola fuente “predominantemente eurocéntrica, blanca y de clase media alta”. Esas inquietudes la han llevado a la London School of Economics (LSE), donde cursa un máster en teoría política por un año gracias a una beca concedida por la Fundación la Caixa.

La de Enríquez es una historia de desplazamientos. Sus padres abandonaron Perú por la falta de oportunidades y se instalaron primero en Córdoba (Argentina), donde ella nació en 2001. Cuatro años después, emprendió un nuevo viaje junto a su madre para reunirse con su padre en España, específicamente en el municipio madrileño de Colmenar Viejo.

En su familia, ir a la Universidad ha sido un privilegio al alcance de muy pocos. Nicole pertenece a la primera generación por parte de su padre y forma parte, junto con dos primas, de la primera de titulados universitarios en la rama materna. “Esa conciencia de no haber tenido acceso a la educación es lo que hace que mis padres la valoren tanto”, afirma la estudiante.

Nicole Enríquez es una de los 100 universitarios que este año han obtenido una beca de posgrado en el extranjero de la Fundación la Caixa, dotada con una media de 100.000 euros por estudiante. El programa, que celebra su edición número 44, ha distinguido este jueves a los seleccionados entre 1.101 candidatos por su excelencia académica y les permitirá cursar estudios en algunas de las universidades más prestigiosas del mundo.

Cuando supo que había conseguido la beca, decidió darles a sus padres la noticia en persona. “Mi madre se puso a derramar un mar de lágrimas”, recuerda. “No siempre comprenden lo que estudio y no puedo mantener con ellos esos debates intelectuales que quizá otros compañeros sí tienen con sus familias”, apunta. Pero eso nunca ha sido un obstáculo. “Lo que quieren es que yo sea feliz”, afirma. Y ese apoyo incondicional, asegura, ha sido decisivo: “Todos los recursos que había en la familia los han puesto en mí. No solo económicos, sino de tiempo y de cuidado”.

Su investigación, cuenta, parte de la idea de que, mientras la crítica decolonial se ha instaurado en disciplinas como la sociología, apenas ha llegado a la filosofía política. Ella quiere contribuir a cambiar ese panorama, pero comprende y reconoce que el reto trasciende la universidad. “Podemos tomar pequeños pasos para intentar descolonizar la academia, pero sin acabar con la cadena de producción económica que sitúa a ciertos países en la pobreza”, afirma.

Nicole defiende que “el pensamiento político no debe ser un privilegio de un determinado segmento de la sociedad”, sino un espacio donde también aporten “las personas racializadas” y quienes han vivido experiencias de exclusión económica o social. Esa convicción surge de su propia biografía migrante.

Las investigaciones sobre migración, apunta, se elaboran sin la participación de quienes han vivido ese proceso. “Los que suelen hablar sobre este tema no son migrantes, mucho menos personas que se han tenido que trasladar del sur al norte global”, afirma.

Para ella, el auge actual de los discursos xenófobos supone la continuidad de una realidad anterior. “Dicen que aumenta con la extrema derecha, pero el germen del racismo siempre ha estado en Europa”, sostiene.

Por eso, insiste, la necesidad de incorporar otras experiencias al pensamiento político es urgente. “Lo más importante es dar voz a aquellos que no tienen voz”, apunta. “Incluso hay muy poca representación de estudiantes migrantes racializados en estos niveles”. Una realidad que ella, con su sola presencia, está cambiando.

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