El Barça exprime a un Lamine portentoso para ganar el derbi al Espanyol y atar la Liga

Cuesta predecir qué demonios ocurrirá el próximo martes, cuando el Barça se plante en el Metropolitano obligado a levantar dos goles al Atlético de Simeone si no quiere volver a quedarse en la cuneta de la Champions. Lo que sí quedó claro es que Hansi Flick, quien maneja un grupo de fútbol bello e incomprensible, optó por exprimir de principio a fin a sus dos mejores jugadores, Lamine Yamal, portentoso otra vez, y Pedri, más comedido. Todo para llevarse el derbi frente al Espanyol y atar también el título de Liga. Nueve son ya los puntos de distancia respecto al Real Madrid. Cuesta predecir qué demonios ocurrirá el próximo martes, cuando el Barça se plante en el Metropolitano obligado a levantar dos goles al Atlético de Simeone si no quiere volver a quedarse en la cuneta de la Champions. Lo que sí quedó claro es que Hansi Flick, quien maneja un grupo de fútbol bello e incomprensible, optó por exprimir de principio a fin a sus dos mejores jugadores, Lamine Yamal, portentoso otra vez, y Pedri, más comedido. Todo para llevarse el derbi frente al Espanyol y atar también el título de Liga. Nueve son ya los puntos de distancia respecto al Real Madrid.  

Cuesta predecir qué demonios ocurrirá el próximo martes, cuando el Barça se plante en el Metropolitano obligado a levantar dos goles al Atlético de Simeone si no quiere volver a quedarse en la cuneta de la Champions. Lo que sí quedó claro es que Hansi Flick, quien maneja un grupo de fútbol bello e incomprensible, optó por exprimir de principio a fin a sus dos mejores jugadores, Lamine Yamal, portentoso otra vez, y Pedri, más comedido. Todo para llevarse el derbi frente al Espanyol y atar también el título de Liga. Nueve son ya los puntos de distancia respecto al Real Madrid.

El Barça, que había jugado un buen primer tiempo resuelto con dos goles de Ferran, necesitó un arrebato final de Lamine para hundir a un Espanyol que, pese a un tramo de competitividad, continúa sin ganar un partido este 2026.

Las ganas de dejar la Liga resuelta llevaron a Flick a alargar la presencia de Lamine y Pedri hasta el final, como si no confiara lo suficiente en los jugadores a los que fue dando cuerda.

Claro que hay un fútbol que se juega en la sala de prensa, necesario para alimentar la infernal máquina mediática , y otro bien distinto el que se juega sobre la hierba, donde las cosas sí que tienen consecuencias. Flick, un día después de cambiar en el púlpito mediático el relato buenista habitual de y decir que el sueño de verdad es la Champions, no tanto la Liga, dio un volantazo e hizo jugar como titulares a Lamine y Pedri. Más allá del ansia competitiva de ambos, no convenía dejar pasar la oportunidad de apañar el título que está más a mano después del último coscorrón de un Real Madrid que está para lo que está.

El Espanyol de Manolo González, antes de ese gol de Pol Lozano a la hora del partido con el que entró reparó en que algo podía hacer, había entrado demasiado pálido a la guarida de su gran rival. Ya fuera porque su plan (4-4-1-1) le inviraba a defender en 30 metros sin ánimo alguno de presionar arriba, ya fuera porque Lamine y Ferran amanecieron finísimos.

El artista de Rocafonda reclamó el foco tirándole un caño de tacón a Romero, quien pasa por ser uno de los mejores carrileros de Europa esta temporada. No contento con ello, se responsabilizó de botar el saque de esquina posterior para teledirigir la pelota a la cabeza de Ferran Torres. El valenciano, con Dmitrovic atrapado en la nada, sólo tuvo que esperar a que la pelota bajara mansa, como si la caída la templaran los paracaídas de la cápsula Artemis II. Marcó y sonrió a sus críticos.

Mientras Gavi, como extremo, se enredaba en trifulcas que a nada llegaban, y Fermín ejercía de futbolista total con los calzones subidos y las medias por los tobillos, Lamine seguía a lo suyo. Gavi ganó una batalla en el eje y Lamine, a su manera, con el exterior de la bota, sirvió a Ferran su segundo gol. El delantero no disparó. Dio una de aquellas caricias, entre la ternura y picardía, que todo lo cambian.

El Barça se confió. Pol Lozano aprovechó un balón muerto y Roberto husmeó el empate. Pero aquello no hizo más que agitar a Lamine, que burló a Dmitrovic en el 3-1 e ingenió en el 4-1 de Rashford, previa intervención de De Jong. El Camp Nou lo celebró de lo lindo, dejándose llevar por ese grito tan cutre y peligroso como el «Sí se puede». Qué más da. Flick pensó que los músculos responden mejor con una sonrisa de oreja a oreja.

 Diario de Mallorca – Deportes

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