El espacio de adopción animal conducido por Chenoa en La 1 de RTVE vuelve a poner el foco en la capacidad que tienen los perros para transformar realidades emocionales complejas. En su nueva entrega, «Dog House» articula cinco relatos paralelos donde la búsqueda de un compañero de cuatro patas funciona como catalizador para cerrar heridas del pasado, estrechar lazos afectivos o iniciar una nueva etapa vital.
Entre los testimonios de la noche destaca el de una mujer crecida sin el amparo de un núcleo familiar que acude al centro con el objetivo expreso de volcar en el animal más vulnerable el afecto del que careció en su infancia. En una línea similar de superación, el programa recoge la experiencia de una familia de origen colombiano que, tras establecerse con esfuerzo en el país para criar a sus hijas, busca devolver esa suerte ofreciendo un hogar definitivo a un ejemplar rescatado del abandono.
El itinerario del episodio también abre espacio para aquellos animales marcados por el rechazo sistemático. Es el caso de un perro que acumula varios fracasos en anteriores procesos de adopción y que se cita en las instalaciones del formato con un padre y su hija, con la esperanza de romper la racha de desencuentros y encontrar al fin una convivencia estable.
La nómina de historias se completa con dos perfiles de profunda carga reflexiva. Por un lado, una familia reconstituida —nacida de la unión de una pareja y las hijas de sus anteriores relaciones— confía en la llegada del animal para consolidar la cohesión del nuevo hogar. Por otro, una mujer golpeada por reveses personales busca en la lealtad incondicional de su futuro compañero un punto de apoyo para recuperar la confianza en el ser humano.
El formato de RTVE emite una nueva entrega centrada en el impacto terapéutico de los animales en personas marcadas por el desamparo, las pérdidas o la reconstrucción familiar
El espacio de adopción animal conducido por Chenoa en La 1 de RTVE vuelve a poner el foco en la capacidad que tienen los perros para transformar realidades emocionales complejas. En su nueva entrega, «Dog House» articula cinco relatos paralelos donde la búsqueda de un compañero de cuatro patas funciona como catalizador para cerrar heridas del pasado, estrechar lazos afectivos o iniciar una nueva etapa vital.
Entre los testimonios de la noche destaca el de una mujer crecida sin el amparo de un núcleo familiar que acude al centro con el objetivo expreso de volcar en el animal más vulnerable el afecto del que careció en su infancia. En una línea similar de superación, el programa recoge la experiencia de una familia de origen colombiano que, tras establecerse con esfuerzo en el país para criar a sus hijas, busca devolver esa suerte ofreciendo un hogar definitivo a un ejemplar rescatado del abandono.
El itinerario del episodio también abre espacio para aquellos animales marcados por el rechazo sistemático. Es el caso de un perro que acumula varios fracasos en anteriores procesos de adopción y que se cita en las instalaciones del formato con un padre y su hija, con la esperanza de romper la racha de desencuentros y encontrar al fin una convivencia estable.
La nómina de historias se completa con dos perfiles de profunda carga reflexiva. Por un lado, una familia reconstituida —nacida de la unión de una pareja y las hijas de sus anteriores relaciones— confía en la llegada del animal para consolidar la cohesión del nuevo hogar. Por otro, una mujer golpeada por reveses personales busca en la lealtad incondicional de su futuro compañero un punto de apoyo para recuperar la confianza en el ser humano.
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