Dos familias frente al calor extremo: los Fernández en Córdoba y los Chevallier en París

Los Chevallier, en su casa de París. De izquieda a derecha, Thierry, Alexandre, Julia y Lou Andrea.

Son las siete de la mañana y los Fernández se van despertando en su apartamento del centro de Córdoba, una de las urbes españolas donde mejor conocen el calor extremo que vuelve a extenderse a partir de este fin de semana. La madre, Rocío, trabajadora social, se marcha la primera y algo más tarde le sigue el padre, Luis Manuel, un profesor universitario, que lleva a sus dos hijos, Julieta y Martín, de nueve y cinco años, a un campamento de verano. Pero antes de dejar el domicilio de buena mañana, cumplen con un ritual muy común estos días en la ciudad andaluza: la clausura matutina de la casa para que no entre el fuego de la calle. Cierran bien las ventanas, bajan las persianas y corren las cortinas para evitar que penetren los rayos del sol y el sofocante aire de fuera. El domicilio estará en penumbra la mayor parte de la jornada, hasta que a última hora baje el calor y se pueda volver a abrir la casa al mundo exterior.

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Los Fernández en su casa de Córdoba. De izquierda a derecha, Rocío, Julieta, Martín y Luis Manuel.Los Chevallier posan junto a su nevera, en París.La familia Fernández, en el salón de su casa de Córdoba.Ventanales de la familia Chevallier y sus cortinas, en París.Martín y Julieta, bajo el ventilador del cuarto de sus padres, en Córdoba. Con temperaturas de 40 grados, los cordobeses se confinan en casa gran parte del día. Los parisinos intentaron adaptarse, pero acabaron en un hotel con aire acondicionado  Los Chevallier, en su casa de París. De izquieda a derecha, Thierry, Alexandre, Julia y Lou Andrea.

Son las siete de la mañana y los Fernández se van despertando en su apartamento del centro de Córdoba, una de las urbes españolas donde mejor conocen el calor extremo que vuelve a extenderse a partir de este fin de semana. La madre, Rocío, trabajadora social, se marcha la primera y algo más tarde le sigue el padre, Luis Manuel, un profesor universitario, que lleva a sus dos hijos, Julieta y Martín, de nueve y cinco años, a un campamento de verano. Pero antes de dejar el domicilio de buena mañana, cumplen con un ritual muy común estos días en la ciudad andaluza: la clausura matutina de la casa para que no entre el fuego de la calle. Cierran bien las ventanas, bajan las persianas y corren las cortinas para evitar que penetren los rayos del sol y el sofocante aire de fuera. El domicilio estará en penumbra la mayor parte de la jornada, hasta que a última hora baje el calor y se pueda volver a abrir la casa al mundo exterior.

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Los Fernández en su casa de Córdoba. De izquierda a derecha, Rocío, Julieta, Martín y Luis Manuel.Los Chevallier posan junto a su nevera, en París.La familia Fernández, en el salón de su casa de Córdoba.Ventanales de la familia Chevallier y sus cortinas, en París.Martín y Julieta, bajo el ventilador del cuarto de sus padres, en Córdoba. Feed MRSS-S Noticias

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