La Reserva Federal no ha «desvelado» una decadencia del dólar, sino exactamente lo contrario. El mercado está mostrando una creciente demanda de activos en dólares.
Al mismo tiempo, muchos bancos centrales siguen manteniendo una política monetaria restrictiva o prudente, incluso con la caída reciente del petróleo y la normalización parcial de algunos costes logísticos. La conclusión correcta es que la desdolarización es un mito. Vemos tensión de liquidez en dólares dentro de un sistema monetario global que sigue girando alrededor de la moneda estadounidense.
La caída de parte del «shock» energético no ha provocado un giro generalizado hacia recortes agresivos de tipos. Más de veinte bancos centrales están subiendo o manteniendo tipos aun cuando la caída del petróleo tras el memorando en Oriente Medio estaba reduciendo rápidamente las presiones inflacionarias.
Esa señal importa porque muestra que los bancos centrales no están interpretando el alivio en petróleo, materias primas o fletes como prueba suficiente de victoria contra la inflación. Y eso que el petróleo siguió corrigiendo tras la reanudación de tránsito por el estrecho de Ormuz, situándose en niveles inferiores a los picos del conflicto con Irán.
La segunda gran señal es más relevante. La demanda global de dólares y de deuda estadounidense sigue siendo robusta y en niveles récord. La demanda extranjera en las subastas del Tesoro estadounidense se mantuvo fuerte en junio, con compras exteriores al alza en la colocación.
Los datos oficiales del Tesoro muestran que la relación entre las ofertas y la cantidad de deuda disponible es alta; con una sobredemanda de 2,64 veces, que es más que el estándar de dos, lo que indica que la demanda por la deuda pública de EE UU está aumentando.
Ante el avance del crecimiento económico y la reducción del déficit. El dólar entra en la segunda mitad del año fortalecido por expectativas de tipos más altos, flujos hacia activos estadounidenses y la persistencia del «ganador se lo lleva todo» («winner takes it all») financiero en favor de Estados Unidos, según Reuters.
La realidad muestra escasez relativa de dólares en el sistema. Sube la demanda de financiación, colateral y activos refugio en divisas. Muchos países que atesoraron oro en 2024 y 2025 han usado parte de las ganancias para comprar dólares y poder pagar sus compromisos en moneda extranjera, desmontando el relato de la desdolarización. No hay sustitución alguna.
La narrativa de que el dólar ha dejado de dominar el sistema monetario internacional vuelve a chocar con los hechos del mercado. Un dólar fuerte, subastas del Tesoro bien cubiertas y demanda internacional persistente de activos estadounidenses son síntomas de que el dólar sigue funcionando como principal moneda de reserva, financiación y refugio dentro del mundo «fiat».
El World Gold Council informó en junio de que muchos gestores de reservas esperan que el peso del oro siga aumentando en los próximos años y una parte relevante prevé una menor cuota relativa del dólar a cinco años. Es decir, un rebalanceo, no la eliminación ni reducción del dólar, sino de su peso en el porcentaje de los activos totales. Sube el oro, sube el dólar, pero el porcentaje de oro en el activo aumenta más rápido. Sencillo.
Esa expectativa a largo plazo no significa sustituir dólares por euros o yuanes, ni invalida el hecho presente de que, en episodios de tensión monetaria y financiera, el sistema sigue buscando dólares y Treasuries de forma masiva.
La corrección reciente del oro y de la plata no implica que haya cambiado el marco estructural que impulsó su tendencia alcista. El oro sufre presión por el fortalecimiento del dólar y por expectativas de una Fed más dura, pero el apoyo de fondo de compras de bancos centrales, déficits fiscales y cobertura frente a riesgos geopolíticos sigue intacto, según Bloomberg.
Además, el World Gold Council señaló el 15 de junio que el 89% de los gestores de reservas espera que las tenencias globales de oro de bancos centrales sigan aumentando en los próximos doce meses, y un récord del 45% espera incrementar sus propias reservas de oro. Todo ello implica una corrección táctica y temporal, no un cambio de régimen monetario.
Durante años se ha repetido una consigna que sonaba revolucionaria, casi inevitable: el mundo se estaba desdolarizando, la hegemonía del billete verde entraba en declive y el sistema monetario internacional caminaba hacia un nuevo equilibrio multipolar.
Pero la realidad de junio de 2026 vuelve a desmontar esa narrativa. Lo que están mostrando los mercados no es una huida del dólar, sino una escasez global de dólares y una demanda extraordinaria de activos denominados en dólares.
Por eso hablar de desdolarización como si estuviéramos ante un proceso lineal e irreversible es un error analítico. Puede haber diversificación marginal en reservas, pero cuando llegan la tensión, la refinanciación y las obligaciones duras, el sistema sigue corriendo hacia el dólar.
La conclusión correcta es que el oro sigue teniendo sentido como cobertura ante el exceso monetario global. Sin embargo, la narrativa de la desdolarización se ha desmontado una vez más, porque la escasez global de dólares ha quedado al descubierto en el mismo momento en el que el sistema necesitaba liquidez, colateral y seguridad. El dólar sigue siendo la moneda de reserva del mundo en la práctica, aunque a algunos les dé rabia. Peor para ellos.
Aunque a algunos les dé rabia, el billete verde sigue siendo la divisa de reserva del mundo
La Reserva Federal no ha «desvelado» una decadencia del dólar, sino exactamente lo contrario. El mercado está mostrando una creciente demanda de activos en dólares.
Al mismo tiempo, muchos bancos centrales siguen manteniendo una política monetaria restrictiva o prudente, incluso con la caída reciente del petróleo y la normalización parcial de algunos costes logísticos. La conclusión correcta es que la desdolarización es un mito. Vemos tensión de liquidez en dólares dentro de un sistema monetario global que sigue girando alrededor de la moneda estadounidense.
La caída de parte del «shock» energético no ha provocado un giro generalizado hacia recortes agresivos de tipos. Más de veinte bancos centrales están subiendo o manteniendo tipos aun cuando la caída del petróleo tras el memorando en Oriente Medio estaba reduciendo rápidamente las presiones inflacionarias.
Esa señal importa porque muestra que los bancos centrales no están interpretando el alivio en petróleo, materias primas o fletes como prueba suficiente de victoria contra la inflación. Y eso que el petróleo siguió corrigiendo tras la reanudación de tránsito por el estrecho de Ormuz, situándose en niveles inferiores a los picos del conflicto con Irán.
La segunda gran señal es más relevante. La demanda global de dólares y de deuda estadounidense sigue siendo robusta y en niveles récord. La demanda extranjera en las subastas del Tesoro estadounidense se mantuvo fuerte en junio, con compras exteriores al alza en la colocación.
Los datos oficiales del Tesoro muestran que la relación entre las ofertas y la cantidad de deuda disponible es alta; con una sobredemanda de 2,64 veces, que es más que el estándar de dos, lo que indica que la demanda por la deuda pública de EE UU está aumentando.
Ante el avance del crecimiento económico y la reducción del déficit. El dólar entra en la segunda mitad del año fortalecido por expectativas de tipos más altos, flujos hacia activos estadounidenses y la persistencia del «ganador se lo lleva todo» («winner takes it all») financiero en favor de Estados Unidos, según Reuters.
La realidad muestra escasez relativa de dólares en el sistema. Sube la demanda de financiación, colateral y activos refugio en divisas. Muchos países que atesoraron oro en 2024 y 2025 han usado parte de las ganancias para comprar dólares y poder pagar sus compromisos en moneda extranjera, desmontando el relato de la desdolarización. No hay sustitución alguna.
La narrativa de que el dólar ha dejado de dominar el sistema monetario internacional vuelve a chocar con los hechos del mercado. Un dólar fuerte, subastas del Tesoro bien cubiertas y demanda internacional persistente de activos estadounidenses son síntomas de que el dólar sigue funcionando como principal moneda de reserva, financiación y refugio dentro del mundo «fiat».
El World Gold Council informó en junio de que muchos gestores de reservas esperan que el peso del oro siga aumentando en los próximos años y una parte relevante prevé una menor cuota relativa del dólar a cinco años. Es decir, un rebalanceo, no la eliminación ni reducción del dólar, sino de su peso en el porcentaje de los activos totales. Sube el oro, sube el dólar, pero el porcentaje de oro en el activo aumenta más rápido. Sencillo.
Esa expectativa a largo plazo no significa sustituir dólares por euros o yuanes, ni invalida el hecho presente de que, en episodios de tensión monetaria y financiera, el sistema sigue buscando dólares y Treasuries de forma masiva.
La corrección reciente del oro y de la plata no implica que haya cambiado el marco estructural que impulsó su tendencia alcista. El oro sufre presión por el fortalecimiento del dólar y por expectativas de una Fed más dura, pero el apoyo de fondo de compras de bancos centrales, déficits fiscales y cobertura frente a riesgos geopolíticos sigue intacto, según Bloomberg.
Además, el World Gold Council señaló el 15 de junio que el 89% de los gestores de reservas espera que las tenencias globales de oro de bancos centrales sigan aumentando en los próximos doce meses, y un récord del 45% espera incrementar sus propias reservas de oro. Todo ello implica una corrección táctica y temporal, no un cambio de régimen monetario.
Durante años se ha repetido una consigna que sonaba revolucionaria, casi inevitable: el mundo se estaba desdolarizando, la hegemonía del billete verde entraba en declive y el sistema monetario internacional caminaba hacia un nuevo equilibrio multipolar.
Pero la realidad de junio de 2026 vuelve a desmontar esa narrativa. Lo que están mostrando los mercados no es una huida del dólar, sino una escasez global de dólares y una demanda extraordinaria de activos denominados en dólares.
Por eso hablar de desdolarización como si estuviéramos ante un proceso lineal e irreversible es un error analítico. Puede haber diversificación marginal en reservas, pero cuando llegan la tensión, la refinanciación y las obligaciones duras, el sistema sigue corriendo hacia el dólar.
La conclusión correcta es que el oro sigue teniendo sentido como cobertura ante el exceso monetario global. Sin embargo, la narrativa de la desdolarización se ha desmontado una vez más, porque la escasez global de dólares ha quedado al descubierto en el mismo momento en el que el sistema necesitaba liquidez, colateral y seguridad. El dólar sigue siendo la moneda de reserva del mundo en la práctica, aunque a algunos les dé rabia. Peor para ellos.
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