¿Y si todo hubiese sucedido al revés?

No pienso renunciar, lo digo ya de entrada, a una sola línea de todo lo que escribí, la temporada pasada, sobre la nefasta gestión, a todos los niveles, del proyecto vivido y protagonizado por el Real Mallorca, especialmente, por Alfonso Díaz, su hombre orquesta para el que todo estuvo maravilloso (y más) y para Pablo Ortells, el director deportivo que fue incapaz de intervenir cuando tocaba en la plantilla, en el equipo y en el banquillo. No pienso renunciar, lo digo ya de entrada, a una sola línea de todo lo que escribí, la temporada pasada, sobre la nefasta gestión, a todos los niveles, del proyecto vivido y protagonizado por el Real Mallorca, especialmente, por Alfonso Díaz, su hombre orquesta para el que todo estuvo maravilloso (y más) y para Pablo Ortells, el director deportivo que fue incapaz de intervenir cuando tocaba en la plantilla, en el equipo y en el banquillo.  

No pienso renunciar, lo digo ya de entrada, a una sola línea de todo lo que escribí, la temporada pasada, sobre la nefasta gestión, a todos los niveles, del proyecto vivido y protagonizado por el Real Mallorca, especialmente, por Alfonso Díaz, su hombre orquesta para el que todo estuvo maravilloso (y más) y para Pablo Ortells, el director deportivo que fue incapaz de intervenir cuando tocaba en la plantilla, en el equipo y en el banquillo.

Aquellas lluvias trajeron estos lodos y no quiero, o sí, sí, recordar una de las mayores vergüenzas que he vivido, perdón, he presenciado en el fútbol profesional que es la manera en que se confió en un entrenador, Martín Demichelis, que fue el primero que se apuntó a seguir en Segunda División y el primero en dejar el barco, en cuanto vio la oportunidad de huir. Yo, al menos, todavía espero una explicación de los dos hombres que llevan el timón de un Real Mallorca y que, en otros muchos casos, les hubiese costado el puesto a los dos, sobre esa huida. Fijo.

Pero, después de esta introducción, a la que probablemente deberé regresar a mitad de campaña ¡ojalá no sea así!, no estoy dispuesto, de momento, a apuntarme ni al negativismo ni a las dudas que ha generado en algunos el nuevo proyecto (se han forrado vendiendo, veremos cómo funcionan los nuevos) ni, por descontado, al inicio de temporada.

El Real Mallorca goleó al bicampeón de la Champions y ha ganado, con solvencia, el primer partido de ‘su’ nueva Liga, en Son Moix, con un público entregado (esperemos que se llene más) y con un contundente 2-0, en la primera jornada de su vida en Segunda División.

Sé que el primer comentario es pero, bueno, si era un PSG de broma. Vale, era un PSG bicampeón, con Luis Enrique y con futbolistas, un montón de ellos (o solo uno de ellos, cualquiera), que cuestan o valen el presupuesto del Real Mallorca. A nadie le gusta ser vapuleado en un terreno de juego y Luis Enrique se fue con un 3-0 impresionante. Yo no le pienso poner un pero a aquel partido.

Y, luego, llega el Real Valladolid, vale, que sí, no es el Real Valladolid de Primera División, pero es uno de los ex y el Real Mallorca le gana fácil, le gana bien y, sobre todo, le gana mandando, controlando el partido, no temiendo, en ningún momento, la posibilidad de perder (ni siquiera a empatar) y, por tanto, un debut que ya quisieran todos los equipos que empiezan su andadura en Segunda tras sufrir la humillación, porque lo fue, de descender.

Yo, a quien ha restado importancia y valor, a esos dos encuentros y, sobre todo, al arranque liguero, solo les preguntaría qué hubiesen pensado, dicho, hablado y escrito de haberse producido dos resultados adversos. Es decir, lógica victoria del PSG en Son Moix y triunfo ramplón, pero triunfo al fin, del Real Valladolid el sábado en el estadio palmesano.

Nada de eso ocurrió y, por tanto, estamos en un mes de agosto, por cierto, horriblemente caluroso para cualquier cosa y, ya ni les cuento, para jugar a fútbol. Y, por tanto, lo que vemos en agosto no está mal. Nada mal. Vemos a un nuevo entrenador, Luis García, que conoce bien la Segunda, que sabe que esto es muy largo, que sabe que hay tres campeones, enorme ventaja, aquí ‘campeonan’ hasta tres equipos y que tiene que hacer tres cosas: crear una familia, implantar un estilo y ganarse a la gente. Y los indicios de los dos últimos partidos a los que me refiero tienen esa pinta, sí.

No sé si por estrategia. No sé si por los propios futbolistas. No sé si porque Díaz y Ortells han cambiado de estilo e, incluso, de comportamiento. No sé si porque no tenían donde ir, como otros que si se fueron, pero nos hemos quedado con algunos futbolistas que nos pueden ser tremendamente útiles y, sobre todo, servir de pegamento para lograr el ascenso. Por ejemplo, Valjent, Raillo, Morlanes, Darder y Pablo Torre.

Y ha aparecido un porterito que puede estar muy bien como Arnau Tenas (¡menuda salidita, amigo, la otra tarde), culebras en ‘plan Virgili’ como Roca, Fuentes, Liso, muchachos sólidos como Sala o Calatayud y, sobre todo, repito, la imperiosa necesidad de que los ‘cerebros’ que se han quedado, especialmente Darder y Pablo Torre, quieran ser los ‘putos amos’ del cotarro.

Luis García parece saber lo que quiere. Hace, por lo poco que hemos visto, una buena lectura de los partidos, pide, por encima de todo, unión en el vestuario y en el estadio, y, aunque sea a balón parado, ha ganado, a las mil maravillas, el primer partido.

Solo un apunte más, lo digo para no despreciar (también) ganar los partidos a balón parado: cuando esos goles los marca el Arsenal, todo es una maravilla y elogios; cuando los marca el Real Mallorca es que “se ganó a balón parado”.

Que lo sepan, Nicolas Jover, el técnico del Arsenal que prepara las jugadas de estrategia, a balón parado, cobra un bonus cada vez que esa jugada, esa estrategia, acaba en gol.

 Diario de Mallorca – Deportes

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