Un mapa genético de la fibromialgia apunta a que en la base de la enfermedad hay un fallo en el procesamiento del dolor

Hay enfermedades bañadas por la incertidumbre y el desconocimiento. Pasa, por ejemplo, con la fibromialgia, una dolencia caracterizada por dolor y sensibilidad generalizados, que afecta mayoritariamente a las mujeres y cuya base biológica sigue sin estar clara. Durante décadas se creyó un cuadro de origen emocional y contó con el rechazo de parte de la comunidad médica, que directamente no se creía ni su existencia. Hoy, persisten ciertas suspicacias y un intenso debate científico sobre su origen, pero cada vez hay menos dudas de que tiene una base biológica. La última investigación, publicada este martes en Nature Medicine, ha identificado un puñado de factores de riesgo genéticos asociados a la fibromialgia y sugiere que la base de la enfermedad está en el sistema nervioso.

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 Un estudio identifica alteraciones en el ADN vinculadas con este síndrome y sostiene que el sistema nervioso desempeña un rol clave en el desarrollo de la dolencia  

Hay enfermedades bañadas por la incertidumbre y el desconocimiento. Pasa, por ejemplo, con la fibromialgia, una dolencia caracterizada por dolor y sensibilidad generalizados, que afecta mayoritariamente a las mujeres y cuya base biológica sigue sin estar clara. Durante décadas se creyó un cuadro de origen emocional y contó con el rechazo de parte de la comunidad médica, que directamente no se creía ni su existencia. Hoy, persisten ciertas suspicacias y un intenso debate científico sobre su origen, pero cada vez hay menos dudas de que tiene una base biológica. La última investigación, publicada este martes en Nature Medicine, ha identificado un puñado de factores de riesgo genéticos asociados a la fibromialgia y sugiere que la base de la enfermedad está en el sistema nervioso.

“Podemos afirmar con seguridad que los hallazgos son reales y sugieren que la fibromialgia representa un problema en el procesamiento del dolor”, subraya Frances Williams, coautora principal del artículo y catedrática de Epidemiología Genómica del King’s College de Londres, en un comunicado. La investigación encontró variantes genéticas en 26 regiones del ADN que elevan el riesgo de desarrollar la enfermedad. La mayoría de los genes implicados participan en la función cerebral y nerviosa.

Los autores creen que este estudio es un punto de inflexión en la comprensión de la fibromialgia. “Tras muchos años de investigación, ahora se entiende que la fibromialgia tiene una base biológica clara, y nuestro estudio refuerza esta visión. Sorprendentemente, aunque la afección se diagnostica con mayor frecuencia en mujeres, descubrimos que sus genes son comunes a ambos sexos. Esto sugiere que la mayor tasa de diagnóstico en mujeres probablemente se deba a sesgos clínicos, factores ambientales y biológicos, y desmiente el mito de que la fibromialgia es solo una enfermedad de mujeres”, reflexionan Willians y sus colegas, Nasa Sinnott-Armstrong, Hanna Ollila y Michael Wainberg, en una respuesta por correo electrónico.

El metaanálisis, en el que se analizaron datos genéticos de más de 2,5 millones de personas —55.000 de ellas con este síndrome—, no genera una prueba genética para diagnosticar la enfermedad ni alumbra un nuevo tratamiento para los pacientes, pero sí arroja información valiosa sobre la biología de la dolencia. Para los autores de este nuevo estudio, la fibromialgia es un trastorno del sistema nervioso central. “Encontramos 26 ubicaciones específicas en el genoma humano donde las variantes de la secuencia de ADN aumentan el riesgo de desarrollar fibromialgia. Algunos de los genes cercanos regulan el dolor, muchos están activos en el sistema nervioso y otros en el sistema inmunitario y otros tejidos”

De los cambios genéticos encontrados que se relacionan con la fibromialgia, la asociación más fuerte se observó en genes relacionados con la enfermedad de Huntington, un trastorno neurodegenerativo grave, progresivo y mortal. “Otras mutaciones en una parte diferente de este gen causan esta enfermedad neurológica grave. No se conoce ninguna relación con esta enfermedad y las mutaciones actúan de forma totalmente independiente, por lo que las personas con fibromialgia no desarrollan la enfermedad de Huntington con mayor frecuencia”, explican.

Los autores también encontraron que la arquitectura genética de la fibromialgia coincide en parte con la de otras dolencias, como el dolor lumbar, el síndrome del intestino irritable y el trastorno de estrés postraumático. “Nuestros hallazgos ayudan a explicar por qué la fibromialgia suele superponerse con estas dolencias. Nuestros resultados sugieren que los procesos biológicos compartidos podrían hacer que las personas sean más vulnerables a todos estos trastornos”, abundan.

No solo genética

Ahora bien, la genética no es lo único que influye a la hora de desarrollar fibromialgia. De hecho, recuerda Tamara Rodríguez, jefa de la Unidad de Síndromes de Sensibilización Central del Hospital Clínic, que no ha participado en el estudio, la variante genética con la asociación más clara solo aumenta un 9% el riesgo de sufrir fibromialgia. “Hay cierta predisposición genética, pero no mucha. El tema hormonal juega también un papel importantísimo, también factores infecciosos, traumas físicos y mentales, factores ambientales, el papel de cada género en la sociedad y, seguramente, hay también factores que no están todavía ni descritos”, plantea.

Así, puede haber una predisposición genética, pero para acabar sufriendo la enfermedad, probablemente hacen falta otros factores de riesgo que desencadenen el cuadro. “La genética es una pieza crucial del rompecabezas, pero no lo determina todo”, coinciden los autores. Y agregan: “En lugar de ser una bola de cristal que predice con exactitud quién enfermará, la genética actúa como un mapa molecular. Nos ayuda a comprender algunas de las vías biológicas que causan la fibromialgia, algunas de las afecciones con las que se relaciona y cómo podríamos, en el futuro, diseñar análisis de sangre clínicos o fármacos específicos para diagnosticarla y tratarla”.

En la investigación sobre fibromialgia, hay teorías que apuntan a que esta dolencia podría tener un origen autoinmune. Esto es, que tras ella haya un ataque del propio ejército defensivo del organismo. Pero esta investigación no respalda esta tesis. “Nuestros hallazgos no excluyen un componente autoinmune en la fibromialgia, pero sí sugieren que muchos de sus factores de riesgo genéticos actúan a través del sistema nervioso. Las afecciones autoinmunes dolorosas, como la artritis reumatoide, así como las infecciones, pueden actuar como desencadenantes importantes de la fibromialgia”, matizan los autores.

Para Rodríguez, esta investigación “sustenta la base de que en la fibromialgia hay una alteración del procesamiento del dolor”, una base biológica que ya se observaba en estudios anteriores. Y recuerda que la teoría autoinmune es débil, probablemente también auspiciada por un problema de base en la clasificación de los pacientes. “Todo se clasifica como fibromialgia sin serlo. Llevo una unidad de fibromialgia y solo el 20% de los pacientes que nos derivan tienen fibromialgia de verdad. Otros muchos son dolencias autoinmunes que empiezan a manifestarse con dolor generalizado”, ejemplifica.

Los autores creen que este estudio apuntala unas bases biológicas que pueden abrir la puerta a desarrollar nuevos abordajes terapéuticos. “Algunos de los genes que identificamos (como GPR52 y CELF4) ya se están investigando como dianas terapéuticas para el dolor y otras afecciones relacionadas. Esto significa que, con el tiempo, podríamos reutilizar fármacos existentes o en desarrollo específicamente para la fibromialgia, y este estudio nos indica dónde buscar primero opciones prometedoras”, sostiene.

Con todo, la incertidumbre sobre la fibromialgia continúa. “Desconocemos cómo interactúan los genes identificados entre sí y con otros factores de riesgo para causar fibromialgia en algunas personas y no en otras. Tampoco está claro hasta qué punto existen subtipos de fibromialgia con características genéticas, biológicas y desencadenantes distintos”, asumen.

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