El Mar Rojo saudí que bate a las Maldivas: «Puedes pasar la mañana en una isla paradisíaca y cenar en pleno desierto, entre montañas o en Alula»

Pocas personas pueden presumir de estar ayudando a impulsar un destino desde cero. Stephen Cheesebrough es una de ellas. Como responsable del desarrollo de The Red Sea y Amaala, lidera la creación de dos enclaves con los que Arabia Saudí se ha situado en el mapa del turismo de lujo. Su apuesta no pasa solo por hoteles exclusivos y paisajes vírgenes, sino por un concepto que aspira a dejar el territorio mejor de lo que lo encontró. Británico, viajero empedernido, señala al Mar Rojo como una suerte de Maldivas en las que no todo son aguas turquesa y arena blanca. Un multidestino del «lujo-descalzo»…

¿Cómo avanza uno de los proyectos turísticos más lujosos de la historia?

Tenemos dos grandes proyectos. El primero es The Red Sea, un archipiélago formado por 90 islas. Debido a nuestro compromiso con la conservación y la protección del entorno natural, únicamente podemos desarrollar 22 de ellas. Se trata de un tramo virgen de la costa del mar Rojo. Ya hemos inaugurado 11 hoteles y, antes de que termine este año, tendremos abiertos 16. Además de los hoteles, hemos puesto en funcionamiento un aeropuerto internacional (con vuelos desde Catar, Dubái y Milán, además de conexiones diarias con Riad) y construido una ciudad para los empleados completamente desconectada de la red eléctrica convencional y abastecida íntegramente con energías renovables. Es el proyecto de turismo regenerativo más ambicioso del mundo. Ningún residuo termina en un vertedero: todo se recicla. El destino ofrece un concepto de lujo descalzo -«barefoot luxury» con hoteles, residencias privadas y una amplia oferta de experiencias que incluye campos de golf, puertos deportivos, comercios, restaurantes y actividades de ocio. A todo ello se suma la enorme riqueza cultural de la región. Más al norte se encuentra Al Wajh, la histórica puerta de entrada a Alula (donde se encuentran las ruinas de Hegra, una de las ciudades nabateas más relevantes). Todo ello convierte al proyecto en un destino extraordinariamente completo. Doscientos kilómetros al norte desarrollamos nuestro segundo gran proyecto: Amaala, un complejo costero concebido en torno al bienestar y la salud. Precisamente acabamos de inaugurar el Four Seasons de Amaala. El desarrollo ocupa unos doce kilómetros de costa, articulados en torno a varias bahías donde las montañas prácticamente se funden con el mar, creando un paisaje de enorme espectacularidad. Son dos conceptos muy distintos: The Red Sea gira en torno a las islas y al lujo relajado; Amaala, en cambio, se apoya en el bienestar como eje principal de la experiencia.

¿Han optado por superar el turismo sostenible hacia el regenerativo, cuál es la diferencia?

Ya no basta con proteger el medio ambiente. El verdadero reto consiste en mejorarlo. Cuando iniciamos este proyecto en 2018, nuestro mayor activo era la belleza del entorno natural. Por eso, desde el primer momento entendimos que no debíamos limitarnos a conservarlo, sino que teníamos la obligación de enriquecerlo. Antes de comenzar cualquier obra realizamos estudios científicos para establecer el estado inicial de todos los ecosistemas. Ese diagnóstico constituye nuestra referencia y, año tras año, medimos hasta qué punto conseguimos mejorarla. Prestamos especial atención a los arrecifes de coral, los manglares, las tortugas, la fauna marina, las aves y el resto de hábitats terrestres. Nuestra ambición no consiste únicamente en construir un destino turístico de lujo. Queremos demostrar que es posible desarrollar un proyecto de esta envergadura al tiempo que se mejora el entorno natural que lo rodea. Además, creo que la pandemia cambió la forma de viajar. Hoy los viajeros son mucho más conscientes, tanto de su propio bienestar como de la necesidad de proteger el planeta.

¿Qué previsiones manejan respecto al número de visitantes, especialmente europeos?

Estamos recibiendo interés prácticamente de todo el mundo. Cuando el proyecto alcance su velocidad de crucero, dentro de cuatro o cinco años, creo que el reparto será aproximadamente del 50% de visitantes procedentes de Arabia Saudí y de los países del Golfo, y del otro 50% de turistas internacionales. Lo que ya estamos comprobando es que existe una enorme demanda internacional. Los hoteles que hemos desarrollado son absolutamente icónicos. En cierto modo, esas imágenes están haciendo el trabajo de promoción por nosotros. Y el interés ya no se limita a los turistas. Cada vez son más las personas que compran viviendas. Esta misma semana hemos vendido una propiedad a un comprador suizo y hace apenas unos días otra a un cliente japonés. Eso demuestra que el destino ha empezado a atraer no solo visitantes, sino también inversores y propietarios. Hasta ahora hemos recibido numerosos visitantes procedentes de Italia, Europa del Este, China y Brasil.

Entonces, no encontraremos demasiada gente…

En absoluto. Es un destino claramente orientado al segmento del lujo. Trabajamos con algunas de las marcas hoteleras más prestigiosas del mundo, como Four Seasons, Six Senses o Rosewood, entre otras muchas. Cada hotel posee una personalidad propia y ofrece una experiencia diferente. Algunos están pensados para un público más joven; otros para viajeros que buscan una propuesta más sofisticada y exclusiva.

¿Hay españoles interesados?

Es un mercado en el que debamos trabajar más. Recuerdo una anécdota curiosa del verano pasado. Algunos de nuestros propietarios estaban en Sevilla y me enviaron una captura de las temperaturas que tenían en el móvil. Me decían que tenían que terminar cuanto antes su villa porque, en ese momento, hacía más fresco en la costa saudí del mar Rojo que en Sevilla. No conozco las medias anuales y, por supuesto, Sevilla es una ciudad especialmente calurosa, pero la idea es que nosotros somos un destino para los doce meses del año.

Si tuviera que comparar The Red Sea con otros destinos de lujo -Maldivas, Bermudas, Barbados, la Costa Azul o Marbella-, ¿con cuál se quedaría?

He vivido en diez países distintos -Australia, Malasia, Sudáfrica, Brasil, entre otros- y he viajado prácticamente por todo el mundo. Es inevitable que la gente busque comparaciones, pero no existe un destino que se parezca al nuestro. Si uno piensa únicamente en las islas, probablemente las Maldivas sean la referencia más inmediata. Sin embargo, las nuestras son islas completamente naturales. No todas las de Maldivas lo son. Además, las hemos diseñado pensando en el futuro: son capaces de resistir la subida del nivel del mar y fenómenos meteorológicos extremos durante las próximas décadas. Pero ahí terminan las similitudes. Nuestro compromiso con la conservación del entorno, la arquitectura y el concepto de turismo regenerativo hacen que el proyecto sea muy diferente. Y luego está todo lo demás. Tenemos desierto, montañas, volcanes (harrats) y una enorme diversidad de paisajes. Un huésped puede pasar la mañana en una isla paradisíaca y esa misma noche cenar en pleno desierto o entre montañas, regresando después a su hotel. Muy pocos destinos del mundo permiten combinar experiencias tan distintas en un mismo día. Además, en una de nuestras islas principales hemos creado lo que llamamos una hub island, una isla central donde se concentran once hoteles, un puerto deportivo, un pueblo comercial, campos de golf, restaurantes y toda la programación de actividades. Las Maldivas suelen ser un destino de «llegar y quedarse»: el visitante permanece en una única isla durante toda la estancia. Nosotros ofrecemos una experiencia mucho más dinámica y variada. También estamos creando itinerarios. Muchos visitantes llegan primero a The Red Sea y después continúan hacia Alula o hacia otros destinos. Queremos que Arabia Saudí se descubra como un conjunto de experiencias conectadas. En cuanto a Amaala, sí podría recordar a algunos destinos costeros europeos. Cuenta con un puerto deportivo, pequeñas bahías, un espectacular telón de fondo de montañas que prácticamente caen sobre el mar.

¿Cómo ha afectado el actual contexto con los hutíes de Yemen a «un paso» y la crisis con Irán a vuestro proyecto?

Las tensiones regionales han reducido el número de viajeros internacionales. Sin embargo, al mismo tiempo hemos experimentado un crecimiento muy importante del turismo nacional y regional. Incluso hemos visto cómo propietarios que tenían viviendas en Dubái han decidido adquirir otra residencia en The Red Sea. En cierto modo, se trata de una búsqueda de mayor seguridad. Nuestro destino está más alejado de los focos de tensión. En el ámbito residencial hemos notado claramente esa tendencia. En cuanto a la ocupación hotelera, durante el periodo del Eid alcanzamos un 95 % en nuestros hoteles de Shura Island, cuando ni siquiera hemos inaugurado completamente la isla. El turismo doméstico está respondiendo de forma extraordinaria. Los fines de semana los vuelos llegan completos; resulta prácticamente imposible conseguir un asiento. De hecho, estamos aumentando frecuencias.

Si quisiera comprar una propiedad allí, ¿qué ventajas tendría como propietario? ¿Existe algún incentivo fiscal para los extranjeros?

El régimen fiscal es exactamente el mismo para un comprador extranjero que para un ciudadano saudí. La principal ventaja no está en los impuestos, sino en entrar en una fase muy temprana del desarrollo. Hoy ya hay extranjeros comprando incluso sin haber visitado el destino. Algunos compran exclusivamente como inversión. Otros llegan como turistas y terminan enamorándose del lugar. Hace poco un comprador suizo visitó el destino durante sus vacaciones y decidió adquirir una propiedad. Lo mismo ocurrió con un cliente japonés. Quedaron impresionados por la belleza del paisaje. Pero, sobre todo, hablamos de propiedades pensadas para varias generaciones. Existe un límite muy estricto sobre cuánto podemos construir. Solo se desarrollarán 22 de las 90 islas. Eso significa que la oferta siempre será muy limitada. La auténtica ventaja es la seguridad. No solo la seguridad física, sino la certeza de que el entorno natural no se degradará, sino que mejorará con el paso de los años.

Con el desembarco masivo de grandes fortunas latinoamericano en Madrid, muchas buscan adquirir una vivienda exclusiva extra, qué encontrarán en el mar Rojo

Es una buena reflexión. Hace poco uno de nuestros propietarios me invitó a su casa para hablar con algunos de sus amigos. Me dijo: «Quiero que les expliques el proyecto porque quiero que compren una propiedad junto a la mía.» Comencé describiéndoles las villas, las playas, los puertos deportivos, los clubes de playa, los campos de golf, los spas, la oferta de bienestar… Incluso vamos a incorporar una de las marcas españolas más prestigiosas del mundo en el ámbito del wellness. Todavía no podemos anunciarlo oficialmente, pero probablemente pueda imaginar cuál es. Todo eso resulta muy atractivo. Sin embargo, cuando terminé mi presentación, aquel propietario tomó la palabra y dijo algo que me llamó profundamente la atención. «Todo lo que Steve les ha contado es cierto, pero hay algo todavía más importante: esto es una propiedad para varias generaciones». Eso es cada vez más difícil de encontrar en el mundo. Él decía que existen muy pocos lugares donde se pueda adquirir una vivienda sabiendo que el paisaje será incluso mejor dentro de treinta o cuarenta años que el día en que se compra.

También están creando una comunidad muy exclusiva alrededor del proyecto.

Exactamente. Las personas que compran aquí no solo adquieren una vivienda; pasan a formar parte de una comunidad muy especial. Le hablaba antes del comprador japonés. Vino inicialmente de vacaciones y organizamos un encuentro con otros propietarios. A partir de esa reunión comenzaron a surgir relaciones personales y también oportunidades de negocio entre ellos. Hoy algunos ya colaboran profesionalmente. Sus hijos juegan juntos. Han nacido amistades. Es muy interesante comprobar cómo se está formando una comunidad de personas con intereses y valores muy similares. Ese componente humano es uno de los aspectos más gratificantes del proyecto.

También están atrayendo a propietarios de grandes yates.

Sí. Tenemos clientes brasileños que pasan el verano con sus superyates en el Mediterráneo. Los propietarios de yates y los viajeros de lujo buscan constantemente nuevos destinos. Lo que estamos desarrollando tanto en The Red Sea como en Amaala convierte esta costa en uno de los lugares más atractivos del mundo para ese segmento.

¿Contemplan el desarrollo del turismo de cruceros de lujo?

Sí, aunque siempre dentro del segmento premium. No buscamos grandes volúmenes de visitantes.

 Stephen Cheesebrough, responsable del desarrollo de The Red Sea y Amaala, explica la apuesta de Arabia Saudí por el turismo «regenerativo»: «Hay pocos lugares donde se pueda adquirir una vivienda sabiendo que el paisaje será incluso mejor dentro de treinta o cuarenta años que hoy»  

Pocas personas pueden presumir de estar ayudando a impulsar un destino desde cero. Stephen Cheesebrough es una de ellas. Como responsable del desarrollo de The Red Sea y Amaala, lidera la creación de dos enclaves con los que Arabia Saudí se ha situado en el mapa del turismo de lujo. Su apuesta no pasa solo por hoteles exclusivos y paisajes vírgenes, sino por un concepto que aspira a dejar el territorio mejor de lo que lo encontró. Británico, viajero empedernido, señala al Mar Rojo como una suerte de Maldivas en las que no todo son aguas turquesa y arena blanca. Un multidestino del «lujo-descalzo»…

Complejo en una isla del Mar Rojo

¿Cómo avanza uno de los proyectos turísticos más lujosos de la historia?

Tenemos dos grandes proyectos. El primero es The Red Sea, un archipiélago formado por 90 islas. Debido a nuestro compromiso con la conservación y la protección del entorno natural, únicamente podemos desarrollar 22 de ellas. Se trata de un tramo virgen de la costa del mar Rojo. Ya hemos inaugurado 11 hoteles y, antes de que termine este año, tendremos abiertos 16. Además de los hoteles, hemos puesto en funcionamiento un aeropuerto internacional (con vuelos desde Catar, Dubái y Milán, además de conexiones diarias con Riad) y construido una ciudad para los empleados completamente desconectada de la red eléctrica convencional y abastecida íntegramente con energías renovables. Es el proyecto de turismo regenerativo más ambicioso del mundo. Ningún residuo termina en un vertedero: todo se recicla. El destino ofrece un concepto de lujo descalzo -«barefoot luxury» con hoteles, residencias privadas y una amplia oferta de experiencias que incluye campos de golf, puertos deportivos, comercios, restaurantes y actividades de ocio. A todo ello se suma la enorme riqueza cultural de la región. Más al norte se encuentra Al Wajh, la histórica puerta de entrada a Alula (donde se encuentran las ruinas de Hegra, una de las ciudades nabateas más relevantes). Todo ello convierte al proyecto en un destino extraordinariamente completo. Doscientos kilómetros al norte desarrollamos nuestro segundo gran proyecto: Amaala, un complejo costero concebido en torno al bienestar y la salud. Precisamente acabamos de inaugurar el Four Seasons de Amaala. El desarrollo ocupa unos doce kilómetros de costa, articulados en torno a varias bahías donde las montañas prácticamente se funden con el mar, creando un paisaje de enorme espectacularidad. Son dos conceptos muy distintos: The Red Sea gira en torno a las islas y al lujo relajado; Amaala, en cambio, se apoya en el bienestar como eje principal de la experiencia.

Stephen Cheesebrough, responsable de desarrollo del proyecto Red Sea

¿Han optado por superar el turismo sostenible hacia el regenerativo, cuál es la diferencia?

Ya no basta con proteger el medio ambiente. El verdadero reto consiste en mejorarlo. Cuando iniciamos este proyecto en 2018, nuestro mayor activo era la belleza del entorno natural. Por eso, desde el primer momento entendimos que no debíamos limitarnos a conservarlo, sino que teníamos la obligación de enriquecerlo. Antes de comenzar cualquier obra realizamos estudios científicos para establecer el estado inicial de todos los ecosistemas. Ese diagnóstico constituye nuestra referencia y, año tras año, medimos hasta qué punto conseguimos mejorarla. Prestamos especial atención a los arrecifes de coral, los manglares, las tortugas, la fauna marina, las aves y el resto de hábitats terrestres. Nuestra ambición no consiste únicamente en construir un destino turístico de lujo. Queremos demostrar que es posible desarrollar un proyecto de esta envergadura al tiempo que se mejora el entorno natural que lo rodea. Además, creo que la pandemia cambió la forma de viajar. Hoy los viajeros son mucho más conscientes, tanto de su propio bienestar como de la necesidad de proteger el planeta.

La marina Nammos de Amaala

¿Qué previsiones manejan respecto al número de visitantes, especialmente europeos?

Estamos recibiendo interés prácticamente de todo el mundo. Cuando el proyecto alcance su velocidad de crucero, dentro de cuatro o cinco años, creo que el reparto será aproximadamente del 50% de visitantes procedentes de Arabia Saudí y de los países del Golfo, y del otro 50% de turistas internacionales. Lo que ya estamos comprobando es que existe una enorme demanda internacional. Los hoteles que hemos desarrollado son absolutamente icónicos. En cierto modo, esas imágenes están haciendo el trabajo de promoción por nosotros. Y el interés ya no se limita a los turistas. Cada vez son más las personas que compran viviendas. Esta misma semana hemos vendido una propiedad a un comprador suizo y hace apenas unos días otra a un cliente japonés. Eso demuestra que el destino ha empezado a atraer no solo visitantes, sino también inversores y propietarios. Hasta ahora hemos recibido numerosos visitantes procedentes de Italia, Europa del Este, China y Brasil.

Club Náutico de Amaala

Entonces, no encontraremos demasiada gente…

En absoluto. Es un destino claramente orientado al segmento del lujo. Trabajamos con algunas de las marcas hoteleras más prestigiosas del mundo, como Four Seasons, Six Senses o Rosewood, entre otras muchas. Cada hotel posee una personalidad propia y ofrece una experiencia diferente. Algunos están pensados para un público más joven; otros para viajeros que buscan una propuesta más sofisticada y exclusiva.

Complejo en el Mar Rojo

¿Hay españoles interesados?

Es un mercado en el que debamos trabajar más. Recuerdo una anécdota curiosa del verano pasado. Algunos de nuestros propietarios estaban en Sevilla y me enviaron una captura de las temperaturas que tenían en el móvil. Me decían que tenían que terminar cuanto antes su villa porque, en ese momento, hacía más fresco en la costa saudí del mar Rojo que en Sevilla. No conozco las medias anuales y, por supuesto, Sevilla es una ciudad especialmente calurosa, pero la idea es que nosotros somos un destino para los doce meses del año.

Villas Nujuma en la isla de Ummahat

Si tuviera que comparar The Red Sea con otros destinos de lujo -Maldivas, Bermudas, Barbados, la Costa Azul o Marbella-, ¿con cuál se quedaría?

He vivido en diez países distintos -Australia, Malasia, Sudáfrica, Brasil, entre otros- y he viajado prácticamente por todo el mundo. Es inevitable que la gente busque comparaciones, pero no existe un destino que se parezca al nuestro. Si uno piensa únicamente en las islas, probablemente las Maldivas sean la referencia más inmediata. Sin embargo, las nuestras son islas completamente naturales. No todas las de Maldivas lo son. Además, las hemos diseñado pensando en el futuro: son capaces de resistir la subida del nivel del mar y fenómenos meteorológicos extremos durante las próximas décadas. Pero ahí terminan las similitudes. Nuestro compromiso con la conservación del entorno, la arquitectura y el concepto de turismo regenerativo hacen que el proyecto sea muy diferente. Y luego está todo lo demás. Tenemos desierto, montañas, volcanes (harrats) y una enorme diversidad de paisajes. Un huésped puede pasar la mañana en una isla paradisíaca y esa misma noche cenar en pleno desierto o entre montañas, regresando después a su hotel. Muy pocos destinos del mundo permiten combinar experiencias tan distintas en un mismo día. Además, en una de nuestras islas principales hemos creado lo que llamamos una hub island, una isla central donde se concentran once hoteles, un puerto deportivo, un pueblo comercial, campos de golf, restaurantes y toda la programación de actividades. Las Maldivas suelen ser un destino de «llegar y quedarse»: el visitante permanece en una única isla durante toda la estancia. Nosotros ofrecemos una experiencia mucho más dinámica y variada. También estamos creando itinerarios. Muchos visitantes llegan primero a The Red Sea y después continúan hacia Alula o hacia otros destinos. Queremos que Arabia Saudí se descubra como un conjunto de experiencias conectadas. En cuanto a Amaala, sí podría recordar a algunos destinos costeros europeos. Cuenta con un puerto deportivo, pequeñas bahías, un espectacular telón de fondo de montañas que prácticamente caen sobre el mar.

Recepción del Hotel Four Seasons de Amaala

¿Cómo ha afectado el actual contexto con los hutíes de Yemen a «un paso» y la crisis con Irán a vuestro proyecto?

Las tensiones regionales han reducido el número de viajeros internacionales. Sin embargo, al mismo tiempo hemos experimentado un crecimiento muy importante del turismo nacional y regional. Incluso hemos visto cómo propietarios que tenían viviendas en Dubái han decidido adquirir otra residencia en The Red Sea. En cierto modo, se trata de una búsqueda de mayor seguridad. Nuestro destino está más alejado de los focos de tensión. En el ámbito residencial hemos notado claramente esa tendencia. En cuanto a la ocupación hotelera, durante el periodo del Eid alcanzamos un 95 % en nuestros hoteles de Shura Island, cuando ni siquiera hemos inaugurado completamente la isla. El turismo doméstico está respondiendo de forma extraordinaria. Los fines de semana los vuelos llegan completos; resulta prácticamente imposible conseguir un asiento. De hecho, estamos aumentando frecuencias.

Complejo en el Mar Rojo

Si quisiera comprar una propiedad allí, ¿qué ventajas tendría como propietario? ¿Existe algún incentivo fiscal para los extranjeros?

El régimen fiscal es exactamente el mismo para un comprador extranjero que para un ciudadano saudí. La principal ventaja no está en los impuestos, sino en entrar en una fase muy temprana del desarrollo. Hoy ya hay extranjeros comprando incluso sin haber visitado el destino. Algunos compran exclusivamente como inversión. Otros llegan como turistas y terminan enamorándose del lugar. Hace poco un comprador suizo visitó el destino durante sus vacaciones y decidió adquirir una propiedad. Lo mismo ocurrió con un cliente japonés. Quedaron impresionados por la belleza del paisaje. Pero, sobre todo, hablamos de propiedades pensadas para varias generaciones. Existe un límite muy estricto sobre cuánto podemos construir. Solo se desarrollarán 22 de las 90 islas. Eso significa que la oferta siempre será muy limitada. La auténtica ventaja es la seguridad. No solo la seguridad física, sino la certeza de que el entorno natural no se degradará, sino que mejorará con el paso de los años.

Villas frente al Mar Rojo

Con el desembarco masivo de grandes fortunas latinoamericano en Madrid, muchas buscan adquirir una vivienda exclusiva extra, qué encontrarán en el mar Rojo

Es una buena reflexión. Hace poco uno de nuestros propietarios me invitó a su casa para hablar con algunos de sus amigos. Me dijo: «Quiero que les expliques el proyecto porque quiero que compren una propiedad junto a la mía.» Comencé describiéndoles las villas, las playas, los puertos deportivos, los clubes de playa, los campos de golf, los spas, la oferta de bienestar… Incluso vamos a incorporar una de las marcas españolas más prestigiosas del mundo en el ámbito del wellness. Todavía no podemos anunciarlo oficialmente, pero probablemente pueda imaginar cuál es. Todo eso resulta muy atractivo. Sin embargo, cuando terminé mi presentación, aquel propietario tomó la palabra y dijo algo que me llamó profundamente la atención. «Todo lo que Steve les ha contado es cierto, pero hay algo todavía más importante: esto es una propiedad para varias generaciones». Eso es cada vez más difícil de encontrar en el mundo. Él decía que existen muy pocos lugares donde se pueda adquirir una vivienda sabiendo que el paisaje será incluso mejor dentro de treinta o cuarenta años que el día en que se compra.

También están creando una comunidad muy exclusiva alrededor del proyecto.

Exactamente. Las personas que compran aquí no solo adquieren una vivienda; pasan a formar parte de una comunidad muy especial. Le hablaba antes del comprador japonés. Vino inicialmente de vacaciones y organizamos un encuentro con otros propietarios. A partir de esa reunión comenzaron a surgir relaciones personales y también oportunidades de negocio entre ellos. Hoy algunos ya colaboran profesionalmente. Sus hijos juegan juntos. Han nacido amistades. Es muy interesante comprobar cómo se está formando una comunidad de personas con intereses y valores muy similares. Ese componente humano es uno de los aspectos más gratificantes del proyecto.

También están atrayendo a propietarios de grandes yates.

Sí. Tenemos clientes brasileños que pasan el verano con sus superyates en el Mediterráneo. Los propietarios de yates y los viajeros de lujo buscan constantemente nuevos destinos. Lo que estamos desarrollando tanto en The Red Sea como en Amaala convierte esta costa en uno de los lugares más atractivos del mundo para ese segmento.

¿Contemplan el desarrollo del turismo de cruceros de lujo?

Sí, aunque siempre dentro del segmento premium. No buscamos grandes volúmenes de visitantes.

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