Tony Blair arremete contra el Partido Laborista por abrir una guerra de liderazgo sin proponer políticas concretas

El ex primer ministro británico, Tony Blair, ha irrumpido en el debate más trascendente que vive el Partido Laborista en los últimos años para decir a sus compañeros que se olviden de la ideología y sean más pragmáticos; para cargar duramente contra las políticas de Keir Starmer (elegido porque no había algo mejor, ha venido a decir); y para acusar a los aspirantes a sucederlo de proponer ideas ancladas en el siglo XX. Como era de esperar, nadie ha salido a aplaudir su intervención.

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 El ex primer ministro carga contra el Gobierno de Starmer y los aspirantes a sucederle. El alcalde de Mánchester le acusa de no entender la “desigualdad” del país  

El ex primer ministro británico, Tony Blair, ha irrumpido en el debate más trascendente que vive el Partido Laborista en los últimos años para decir a sus compañeros que se olviden de la ideología y sean más pragmáticos; para cargar duramente contra las políticas de Keir Starmer (elegido porque no había algo mejor, ha venido a decir); y para acusar a los aspirantes a sucederlo de proponer ideas ancladas en el siglo XX. Como era de esperar, nadie ha salido a aplaudir su intervención.

En un ensayo de más de 5.600 palabras publicado en la página web de su organización, el Tony Blair Institute, el dirigente laborista con más éxitos electorales a su espalda ha reprochado al partido que se enzarce en una batalla de primarias sin discutir primero un proyecto de país. “Que haya un cambio de liderazgo es algo irrelevante si no se empieza primero por tener un debate político”, escribe Blair. “Intentar expulsar a un primer ministro antes siquiera de saber qué nueva dirección política se propone no es un modo de comportarse”, acusa.

Pero la nostalgia que muchos laboristas pueden sentir aún por una época dorada (los tres mandatos del Nuevo Laborismo de Blair) ha sido en gran medida sobrepasada por el repudio que muchos más experimentan hacia un personaje que en los últimos años no ha dejado de amasar dinero, codearse con las élites económicas del Foro de Davos o planear junto a Donald Trump, sin contar con la comunidad internacional, el futuro de Gaza. Por no olvidar el desastre de la guerra de Irak, que provocó una de las mayores crisis en el seno del laborismo británico.

Blair no deja vivo en su ensayo a ninguno de los personajes que protagonizan hoy las luchas internas del partido. Al primer ministro Starmer, que se aferra al puesto a la espera de que alguno de sus rivales desencadene oficialmente la batalla por el liderazgo tras el descalabro en las municipales, lo define como alguien que ganó las elecciones hace dos años “no por aclamación, sino por ser una opción por defecto aceptable frente a un Gobierno conservador que, según los ciudadanos, se había comportado de manera inaceptable”.

Es con ese mismo tono condescendiente con el que el ex primer ministro, que repite en varias ocasiones en el texto que él sí sabe cómo ganar elecciones, explica a Starmer lo que debería hecho nada más llegar al Gobierno: deshacerse de los compromisos electorales, y haberse negado a mejorar los derechos de los trabajadores, a subir el salario mínimo por encima de la inflación o a ser consecuente con los planes de reducción de emisiones de carbono para acelerar a cambio la extracción de gas y petróleo en el mar del Norte.

Y respecto a la guerra de Irán, remata Blair, el Gobierno debería haber permitido a los estadounidenses el uso de las bases militares británicas en la zona para repostar, porque “Estados Unidos sigue siendo el núcleo central de la alianza de seguridad a la que pertenece el Reino Unido, y la fidelidad reside en permanecer junto a ellos cuando sea difícil o poco popular”, como cuando él apoyó a George W. Bush en su aventura bélica en Afganistán o Irak.

“El problema fundamental de este Gobierno no reside en la personalidad de Starmer, o en su fracaso a la hora de comunicar sus logros, o en la necesidad de reafirmar con mayor claridad los principios del laborismo”, ironiza Blair respecto a los argumentos que utilizan hoy los rivales del primer ministro que desean reemplazarlo. Según el exdirigente, el problema radica en que Downing Street no tiene un plan coherente para hacer frente a un mundo en continuo cambio, y se ha situado además en una posición ideológica errónea para elaborarlo, asegura. “Gobiernan desde una posición de izquierda moderada, firmemente asentados en la zona de confort del partido”, acusa.

Como cuando otro exdirigente de la izquierda europea, Felipe González, decía aquello de “gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones” (según él, una frase que le enseñó el líder chino Den Xiaoping), Blair se aferra al pragmatismo frente a la ideología y bautiza su hallazgo como el “centro radical”.

“El centro [radical], propiamente definido, es el lugar donde sitúas las políticas por delante del politiqueo. Y comienzas con la siguiente cuestión: ¿cuál es la solución correcta? Solo cuando has dado con ella debes embarcarte en la tarea política de convencer a los ciudadanos”, explica Blair.

Frente a ese pragmatismo que le lleva a exigir que se ponga freno a las políticas ambientalistas o a la subida de impuestos, acusa a los dos rivales que aspiran a suceder a Starmer, el exministro de Sanidad, Wes Streeting (el ala social-liberal y más cercana al Nuevo Laborismo de Blair) y el alcalde de Mánchester, Andy Burnham (el ala izquierda de la formación) de protagonizar un debate caducado.

“Wes Streeting es un político de enorme talento y Andy Burnham fue un importante miembro de mi Gobierno [del que fue ministro de Cultura]. Pero este debate en torno al liderazgo del partido tiene un extraordinario regusto retro que recuerda al siglo XX”, reprocha a ambos.

Blair exige a sus compañeros que se centren en la incorporación a la economía de avances tan revolucionarios como la Inteligencia Artificial; que se fíen de Trump cuando exige que pongan más dinero en la OTAN; y que se olviden de discutir sobre un regreso a la UE hasta que el Reino Unido no recupere su fortaleza económica y su relevancia en el mundo.

“Sin una agenda de esta naturaleza, radical pero sensata, el Reino Unido seguirá descendiendo hasta quedar relegado de la Premier League de las naciones”, concluye Blair.

Burnham, el favorito en todas las encuestas para suceder a Starmer, ha anunciado ya su intención de ofrecer una respuesta pensada y medida este mismo jueves a los ataques del ex primer ministro.

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