Santiago Niño Becerra, sobre el descenso del paro en España en julio: “Mucho volumen, pero ni aumenta el valor añadido ni los salarios”

Santiago Niño Becerra ha vuelto a poner el foco sobre la calidad del empleo que se crea en España. En una serie de mensajes publicados en su cuenta de X, el economista repasó las cifras de afiliación del mes de julio y concluyó que el mercado laboral volvió a comportarse según los patrones propios de esta época del año, un movimiento que calificó como «un viaje de ida y vuelta».

La reflexión parte de un dato positivo (el paro descendió y la afiliación creció en términos generales) pero aterriza rápido en las costuras que, según su diagnóstico, siguen sin cerrarse.

El vaivén sectorial que marca cada julio

Niño Becerra desgranó las ramas de actividad que protagonizaron el séptimo mes del año. La educación encabezó la destrucción de empleo con 124.506 afiliados menos que en junio, un recorte directamente ligado a la finalización del curso escolar.

A esa cifra se sumó la caída del Sistema Especial de Trabajadores Agrarios, que perdió 40.605 cotizantes y refleja el fin de campañas agrícolas que se repite verano tras verano. En el otro extremo de la balanza se situaron el comercio, con 50.100 asalariados más, y la hostelería, que sumó 24.000 nuevos afiliados gracias al impulso del turismo estival.

Ese intercambio de puestos entre sectores que pierden y sectores que ganan constituye, en palabras del economista, la esencia de un mercado laboral «sustentado en el volumen». La expresión no es nueva en sus análisis, pero la acompañó de una advertencia concreta: el balance final de julio demuestra que la creación de empleo apenas modifica la estructura profunda de la economía española.

Una advertencia sobre el valor añadido y los salarios

El hilo del economista no se quedó en la descripción de los movimientos de afiliación. Niño Becerra enfatizó que ese volumen de contratación «poco o nada aumenta el valor añadido por ocupada/o y su remuneración». La frase enlaza con una crítica que ha repetido en otras intervenciones públicas: la economía española genera puestos de trabajo, pero lo hace en actividades con salarios que no terminan de despegar.

El empuje del comercio y la hostelería garantiza músculo estadístico en plena temporada alta, pero no resuelve el problema de fondo que el economista señala. En su razonamiento, la estacionalidad actúa como un espejismo: el empleo sube y baja al ritmo que marcan las campañas, mientras la productividad por ocupado se mantiene estancada y los sueldos apenas ganan tracción.

Niño Becerra no cuestiona la solidez de las cifras oficiales, sino su interpretación. Al calificar el movimiento de julio como «un viaje de ida y vuelta», sugiere que muchos de los empleos que se crean en los meses de verano están condenados a desaparecer cuando cambie la estación, sin haber aportado mejoras duraderas en la capacidad productiva de los trabajadores ni en su poder adquisitivo.

 

 El economista analiza en un hilo de X los datos de empleo del mes de julio y describe un mercado laboral que se mueve por inercia estacional  

Santiago Niño Becerra ha vuelto a poner el foco sobre la calidad del empleo que se crea en España. En una serie de mensajes publicados en su cuenta de X, el economista repasó las cifras de afiliación del mes de julio y concluyó que el mercado laboral volvió a comportarse según los patrones propios de esta época del año, un movimiento que calificó como «un viaje de ida y vuelta».

La reflexión parte de un dato positivo (el paro descendió y la afiliación creció en términos generales) pero aterriza rápido en las costuras que, según su diagnóstico, siguen sin cerrarse.

El vaivén sectorial que marca cada julio

Niño Becerra desgranó las ramas de actividad que protagonizaron el séptimo mes del año. La educación encabezó la destrucción de empleo con 124.506 afiliados menos que en junio, un recorte directamente ligado a la finalización del curso escolar.

A esa cifra se sumó la caída del Sistema Especial de Trabajadores Agrarios, que perdió 40.605 cotizantes y refleja el fin de campañas agrícolas que se repite verano tras verano. En el otro extremo de la balanza se situaron el comercio, con 50.100 asalariados más, y la hostelería, que sumó 24.000 nuevos afiliados gracias al impulso del turismo estival.

Ese intercambio de puestos entre sectores que pierden y sectores que ganan constituye, en palabras del economista, la esencia de un mercado laboral «sustentado en el volumen». La expresión no es nueva en sus análisis, pero la acompañó de una advertencia concreta: el balance final de julio demuestra que la creación de empleo apenas modifica la estructura profunda de la economía española.

Una advertencia sobre el valor añadido y los salarios

El hilo del economista no se quedó en la descripción de los movimientos de afiliación. Niño Becerra enfatizó que ese volumen de contratación «poco o nada aumenta el valor añadido por ocupada/o y su remuneración». La frase enlaza con una crítica que ha repetido en otras intervenciones públicas: la economía española genera puestos de trabajo, pero lo hace en actividades con salarios que no terminan de despegar.

El empuje del comercio y la hostelería garantiza músculo estadístico en plena temporada alta, pero no resuelve el problema de fondo que el economista señala. En su razonamiento, la estacionalidad actúa como un espejismo: el empleo sube y baja al ritmo que marcan las campañas, mientras la productividad por ocupado se mantiene estancada y los sueldos apenas ganan tracción.

Niño Becerra no cuestiona la solidez de las cifras oficiales, sino su interpretación. Al calificar el movimiento de julio como «un viaje de ida y vuelta», sugiere que muchos de los empleos que se crean en los meses de verano están condenados a desaparecer cuando cambie la estación, sin haber aportado mejoras duraderas en la capacidad productiva de los trabajadores ni en su poder adquisitivo.

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