Jack abandona el club de jazz para acercarse a un puesto callejero de comida de los cientos que pueblan Filadelfia. Ternera con queso, un clásico. El plan es degustarlo de vuelta en el metro, camino del tugurio que haya elegido para pasar la noche junto a 50 dólares, un teléfono desechable y un cepillo de dientes. Pero un imprevisto volverá a poner a «Reacher» en la picota en la cuarta temporada de una de las series insignia de Prime Video, que acaba de estrenarse.
Después de partirse la cara con Paulie (Olivier Richters) en la tercera temporada, nuestro comandante del 110.ª Unidad de Investigaciones Especiales de la Policía Militar favorito abandonaba el escenario del tiroteo montado en una moto de gran cilindrada. Pero nada dura para siempre. Por eso, a los seguidores de «Reacher» se nos hizo extraño verle en un espacio urbano y subiendo al metro. Basada en «Gone Tomorrow», la decimotercera novela de la exitosa saga superventas de Lee Child, nuestro hercúleo héroe tiene un encuentro fortuito con una mujer con auténticos problemas, que se resolverá —como siempre en «Reacher»— de una manera violenta. La propia manera de ser del exmilitar le anclará con honor a una causa que le meterá —como siempre en «Reacher»— en un sinfín de peleas épicas. La definición la da la propia serie: Odias a los tipos malos; a los engreídos hijos de puta que se creen invencibles. Y en esta temporada hay un montón. Hay pocas siglas que no se nombren en esta cuarta entrega, que incluye una vieja historia en Indonesia, hackers, asesinos a sueldo y mucha policía.
«Reacher», que durante tres temporadas ha explotado la idea del eterno nómada, mete a Jack entre Filadelfia y Washington y —como siempre— lo rodea de una colección de inadaptados a los que parece que incluye en un entrenamiento militar avanzado y brutal, al tiempo que les deja ver su corazoncito —musculado también—. Su primer problema y al tiempo aliada es la agente Tamara Green (Sydelle Noel), relegada del cuerpo por una crisis personal y con la mirada más puesta en su próxima jubilación que en las injusticias. A la aventura se une, casi como afectado, el policía local Jacob Merrick (Jay Baruchel), falto de experiencias y con una gran carga emocional que causará más problemas. Y el personaje cómico, encarnado por el periodista en la sombra Russell Plum (Kevin Weisman); un antisistema que pondrá en jaque a algunas instancias del Gobierno. Completan el reparto Marc Blucas, como el congresista John Samson, y su mujer Elsbeth (Kathleen Robertson); Kevin Corrigan, como el detective Docherty; Agnez Mo, como Lila Hoth; y Anggun, como Amisha Hoth.
«Reacher» ha establecido una dinámica que funciona en casi todas las temporadas. Recordemos que es un PM dedicado a investigar y esa parte nunca la abandona. Sin embargo, el caso se complica en demasía y a veces la acción se diluye en tanto guion que incluye las charlas entre secundarios con sus propios problemas. La serie conserva todos sus puntos fuertes, que incluyen peleas en cualquier escenario imaginable, como una biblioteca o un ascensor con chulería incluida, y averiguaremos de cuántas maneras distintas es posible matar con una puerta. Con el tiempo, «Reacher» ha cogido algunos detalles de «24», como implementar un «deadline» para acabar la misión, lo que añade una tensión muy necesaria y que le viene mejor que ir matando sin reloj. Enemigos todos los que se pueda imaginar el espectador, hasta el punto de que, tras varias peleas, se nota que se hace ligeramente mayor, y ni mucho menos es invencible. Tampoco se han perdido sus grandes frases antes o después de una buena pelea y que se convierten en «cliffhangers» en sí mismos.
Con la vista puesta ya en la quinta temporada de «Reacher», los seguidores del fortachón no quieren que la deriva de la serie se desvíe lo más mínimo. Hablamos de uno de los pocos antihéroes que quedan en la televisión, que pasa bastante de las buenas formas y donde la violencia se utiliza sin medida más allá del diámetro de los puños de Ritchson/Reacher. No es golpear por golpear; no es matar por matar —salvo que no haya una cuerda a mano—. Es un sistema de valores sobre la vida humana que va más allá de un concepto ético. Si mirando hacia una carretera inhóspita ve a lo lejos a un nómada con solo lo puesto, apártese porque alguien va a recibir justicia.
Prime Video acaba de estrenar la cuarta temporada de una de sus series insignia, «Reacher», protagonizada por Alan Ritchson
Jack abandona el club de jazz para acercarse a un puesto callejero de comida de los cientos que pueblan Filadelfia. Ternera con queso, un clásico. El plan es degustarlo de vuelta en el metro, camino del tugurio que haya elegido para pasar la noche junto a 50 dólares, un teléfono desechable y un cepillo de dientes. Pero un imprevisto volverá a poner a «Reacher» en la picota en la cuarta temporada de una de las series insignia de Prime Video, que acaba de estrenarse.
Después de partirse la cara con Paulie (Olivier Richters) en la tercera temporada, nuestro comandante del 110.ª Unidad de Investigaciones Especiales de la Policía Militar favorito abandonaba el escenario del tiroteo montado en una moto de gran cilindrada. Pero nada dura para siempre. Por eso, a los seguidores de «Reacher» se nos hizo extraño verle en un espacio urbano y subiendo al metro. Basada en «Gone Tomorrow», la decimotercera novela de la exitosa saga superventas de Lee Child, nuestro hercúleo héroe tiene un encuentro fortuito con una mujer con auténticos problemas, que se resolverá —como siempre en «Reacher»— de una manera violenta. La propia manera de ser del exmilitar le anclará con honor a una causa que le meterá —como siempre en «Reacher»— en un sinfín de peleas épicas. La definición la da la propia serie: Odias a los tipos malos; a los engreídos hijos de puta que se creen invencibles. Y en esta temporada hay un montón. Hay pocas siglas que no se nombren en esta cuarta entrega, que incluye una vieja historia en Indonesia, hackers, asesinos a sueldo y mucha policía.
«Reacher», que durante tres temporadas ha explotado la idea del eterno nómada, mete a Jack entre Filadelfia y Washington y —como siempre— lo rodea de una colección de inadaptados a los que parece que incluye en un entrenamiento militar avanzado y brutal, al tiempo que les deja ver su corazoncito —musculado también—. Su primer problema y al tiempo aliada es la agente Tamara Green (Sydelle Noel), relegada del cuerpo por una crisis personal y con la mirada más puesta en su próxima jubilación que en las injusticias. A la aventura se une, casi como afectado, el policía local Jacob Merrick (Jay Baruchel), falto de experiencias y con una gran carga emocional que causará más problemas. Y el personaje cómico, encarnado por el periodista en la sombra Russell Plum (Kevin Weisman); un antisistema que pondrá en jaque a algunas instancias del Gobierno. Completan el reparto Marc Blucas, como el congresista John Samson, y su mujer Elsbeth (Kathleen Robertson); Kevin Corrigan, como el detective Docherty; Agnez Mo, como Lila Hoth; y Anggun, como Amisha Hoth.
«Reacher» ha establecido una dinámica que funciona en casi todas las temporadas. Recordemos que es un PM dedicado a investigar y esa parte nunca la abandona. Sin embargo, el caso se complica en demasía y a veces la acción se diluye en tanto guion que incluye las charlas entre secundarios con sus propios problemas. La serie conserva todos sus puntos fuertes, que incluyen peleas en cualquier escenario imaginable, como una biblioteca o un ascensor con chulería incluida, y averiguaremos de cuántas maneras distintas es posible matar con una puerta. Con el tiempo, «Reacher» ha cogido algunos detalles de «24», como implementar un «deadline» para acabar la misión, lo que añade una tensión muy necesaria y que le viene mejor que ir matando sin reloj. Enemigos todos los que se pueda imaginar el espectador, hasta el punto de que, tras varias peleas, se nota que se hace ligeramente mayor, y ni mucho menos es invencible. Tampoco se han perdido sus grandes frases antes o después de una buena pelea y que se convierten en «cliffhangers» en sí mismos.
Con la vista puesta ya en la quinta temporada de «Reacher», los seguidores del fortachón no quieren que la deriva de la serie se desvíe lo más mínimo. Hablamos de uno de los pocos antihéroes que quedan en la televisión, que pasa bastante de las buenas formas y donde la violencia se utiliza sin medida más allá del diámetro de los puños de Ritchson/Reacher. No es golpear por golpear; no es matar por matar —salvo que no haya una cuerda a mano—. Es un sistema de valores sobre la vida humana que va más allá de un concepto ético. Si mirando hacia una carretera inhóspita ve a lo lejos a un nómada con solo lo puesto, apártese porque alguien va a recibir justicia.
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