Piscinas: de espacios de ocio a instalaciones para fomentar la salud

Están en polideportivos, urbanizaciones, hoteles, escuelas, gimnasios y en miles de municipios. Hablamos de las piscinas que, especialmente en verano, encuentran en el agua su centro social y emocional pero pocas veces se las percibe como una de las infraestructuras de salud más accesibles, equitativas y extendidas del país.

Termas, hammam, balnearios anteceden a las piscinas y durante siglos han formado parte de nuestra vida cotidiana y ahora, en un contexto marcado por el envejecimiento de la población, el aumento de la cronicidad y los desafíos en salud mental, se hace imprescindible ampliar la mirada. La salud ya no se construye únicamente en hospitales o centros sanitarios, sino también en aquellos espacios donde las personas se mueven, se relacionan y cuidan de sí mismas. Y es ahí donde las piscinas adquieren un nuevo significado, tal y como recoge un informe elaborado por de la Asociación Española de Profesionales del Sector de la Piscina (Asofap), que nace con esa voluntad: ofrecer una visión renovada, basada en evidencia y en experiencias reales, que sitúe al agua y a la actividad acuática en el centro de una nueva cultura de la salud.

Así lo defiende Pedro Arrebola, su presidente: «No se trata únicamente de ofrecer servicios, sino de contribuir de manera decidida al bienestar individual y colectivo. De entender cada piscina como un espacio de cuidado, cada programa como una intervención en salud, y cada usuario como una persona a la que acompañamos en su proceso vital». Y propone un cambio de mirada: pasar de entender la piscina como espacio exclusivamente de ocio a reconocerla como un activo estratégico de salud pública.

El estudio «Piscinas y Salud en España» presentado en el Congreso de los Diputados, con la participación de expertos sanitarios, gestores públicos y representantes institucionales, señala que nuestro país dispone de una red única de piscinas –más de 1,35 millones entre públicas y privadas (una por cada 35-40 habitantes), y cerca de 120.000 de uso público– con un enorme potencial todavía infrautilizado para prevenir enfermedades, promover bienestar físico y mental, favorecer el envejecimiento activo, mejorar la rehabilitación y hasta reforzar la cohesión social.

Gracias a sus propiedades, el agua se convierten en un recurso terapéutico de enorme valor

Y es que el agua puede convertirse en una gran aliada en este sentido. Entre sus beneficios físicos, al reducir hasta un 90% el peso del cuerpo, permite movimiento sin dolor; disminuye la carga articular y facilita el ejercicio seguro y adaptado. De esta forma, la actividad acuática mejora: fuerza, movilidad, equilibrio, coordinación, capacidad cardiovascular, autonomía funcional, control del peso. También se asocia con reducción del riesgo cardiovascular, diabetes tipo 2, obesidad y caídas en personas mayores.

El documento también destaca sus beneficios terapéuticos en rehabilitación neurológica, artrosis, fibromialgia, recuperación postoperatoria, ictus, enfermedades crónicas. La evidencia científica muestra mejoras en: movilidad, equilibrio, independencia funcional y calidad de vida.

Esto se debe a las propiedades físicas del agua, que la convierten en un recurso terapéutico de enorme valor. Desde la fisioterapia hasta la medicina deportiva, la hidroterapia se ha consolidado como una de las prácticas más efectivas para la recuperación de lesiones y la gestión del dolor crónico. En la rehabilitación postoperatoria, el agua permite iniciar el movimiento antes de lo que sería posible en tierra, acelerando la recuperación muscular y evitando la rigidez articular. En casos de artritis, artrosis o fibromialgia, los ejercicios acuáticos reducen el dolor y mejoran la movilidad.

Pero el agua también funciona como fuente de bienestar y refugio emocional y equilibrio: reduce ansiedad y depresión, mejora el estado de ánimo, favorece el sueño, incrementa autoestima y combate el aislamiento social. Y es que el contacto con ella activa mecanismos fisiológicos relacionados con la relajación, favoreciendo la reducción del estrés y mejorando la calidad del sueño. Además, la natación estimula la liberación de endorfinas y puede contribuir a mejorar la función cognitiva y el bienestar psicológico general.

Por último, y para probar su valor, recoge la experiencia de cuatro proyectos que demuestran el impacto positivo de las piscinas en la salud desarrollados por la Fundación Instituto San José, de Madrid, el Proyecto Thalassa de Sant Joan de Déu; el Club de Natación Barcelona y el Centro Médico deportivo Ayuntamiento de Granada.

Además, propone integrarlas en políticas de salud, impulsar programas de prescripción de ejercicio, profesionalizar terapias acuáticas, medir el impacto sanitario y social, así como proteger el parque acuático español como patrimonio colectivo, y plantea la necesidad de desarrollar indicadores estandarizados que permitan cuantificar con mayor precisión estos impactos o evaluar sus beneficios en términos de coste de oportunidad frente a otras políticas alternativas, analizar la efectividad de nuevas iniciativas y favorecer a la mejora de las existentes.

 Un informe destaca su valor para considerarlas como infraestructuras para la prevención o la rehabilitación  

Están en polideportivos, urbanizaciones, hoteles, escuelas, gimnasios y en miles de municipios. Hablamos de las piscinas que, especialmente en verano, encuentran en el agua su centro social y emocional pero pocas veces se las percibe como una de las infraestructuras de salud más accesibles, equitativas y extendidas del país.

Termas, hammam, balnearios anteceden a las piscinas y durante siglos han formado parte de nuestra vida cotidiana y ahora, en un contexto marcado por el envejecimiento de la población, el aumento de la cronicidad y los desafíos en salud mental, se hace imprescindible ampliar la mirada. La salud ya no se construye únicamente en hospitales o centros sanitarios, sino también en aquellos espacios donde las personas se mueven, se relacionan y cuidan de sí mismas. Y es ahí donde las piscinas adquieren un nuevo significado, tal y como recoge un informe elaborado por de la Asociación Española de Profesionales del Sector de la Piscina (Asofap), que nace con esa voluntad: ofrecer una visión renovada, basada en evidencia y en experiencias reales, que sitúe al agua y a la actividad acuática en el centro de una nueva cultura de la salud.

Así lo defiende Pedro Arrebola, su presidente: «No se trata únicamente de ofrecer servicios, sino de contribuir de manera decidida al bienestar individual y colectivo. De entender cada piscina como un espacio de cuidado, cada programa como una intervención en salud, y cada usuario como una persona a la que acompañamos en su proceso vital». Y propone un cambio de mirada: pasar de entender la piscina como espacio exclusivamente de ocio a reconocerla como un activo estratégico de salud pública.

El estudio «Piscinas y Salud en España» presentado en el Congreso de los Diputados, con la participación de expertos sanitarios, gestores públicos y representantes institucionales, señala que nuestro país dispone de una red única de piscinas –más de 1,35 millones entre públicas y privadas (una por cada 35-40 habitantes), y cerca de 120.000 de uso público– con un enorme potencial todavía infrautilizado para prevenir enfermedades, promover bienestar físico y mental, favorecer el envejecimiento activo, mejorar la rehabilitación y hasta reforzar la cohesión social.

Gracias a sus propiedades, el agua se convierten en un recurso terapéutico de enorme valor

Y es que el agua puede convertirse en una gran aliada en este sentido. Entre sus beneficios físicos, al reducir hasta un 90% el peso del cuerpo, permite movimiento sin dolor; disminuye la carga articular y facilita el ejercicio seguro y adaptado. De esta forma, la actividad acuática mejora: fuerza, movilidad, equilibrio, coordinación, capacidad cardiovascular, autonomía funcional, control del peso. También se asocia con reducción del riesgo cardiovascular, diabetes tipo 2, obesidad y caídas en personas mayores.

El documento también destaca sus beneficios terapéuticos en rehabilitación neurológica, artrosis, fibromialgia, recuperación postoperatoria, ictus, enfermedades crónicas. La evidencia científica muestra mejoras en: movilidad, equilibrio, independencia funcional y calidad de vida.

Esto se debe a las propiedades físicas del agua, que la convierten en un recurso terapéutico de enorme valor. Desde la fisioterapia hasta la medicina deportiva, la hidroterapia se ha consolidado como una de las prácticas más efectivas para la recuperación de lesiones y la gestión del dolor crónico. En la rehabilitación postoperatoria, el agua permite iniciar el movimiento antes de lo que sería posible en tierra, acelerando la recuperación muscular y evitando la rigidez articular. En casos de artritis, artrosis o fibromialgia, los ejercicios acuáticos reducen el dolor y mejoran la movilidad.

Pero el agua también funciona como fuente de bienestar y refugio emocional y equilibrio: reduce ansiedad y depresión, mejora el estado de ánimo, favorece el sueño, incrementa autoestima y combate el aislamiento social. Y es que el contacto con ella activa mecanismos fisiológicos relacionados con la relajación, favoreciendo la reducción del estrés y mejorando la calidad del sueño. Además, la natación estimula la liberación de endorfinas y puede contribuir a mejorar la función cognitiva y el bienestar psicológico general.

Por último, y para probar su valor, recoge la experiencia de cuatro proyectos que demuestran el impacto positivo de las piscinas en la salud desarrollados por la Fundación Instituto San José, de Madrid, el Proyecto Thalassa de Sant Joan de Déu; el Club de Natación Barcelona y el Centro Médico deportivo Ayuntamiento de Granada.

Además, propone integrarlas en políticas de salud, impulsar programas de prescripción de ejercicio, profesionalizar terapias acuáticas, medir el impacto sanitario y social, así como proteger el parque acuático español como patrimonio colectivo, y plantea la necesidad de desarrollar indicadores estandarizados que permitan cuantificar con mayor precisión estos impactos o evaluar sus beneficios en términos de coste de oportunidad frente a otras políticas alternativas, analizar la efectividad de nuevas iniciativas y favorecer a la mejora de las existentes.

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