Sacar conclusiones de un equipo por el juego y sus resultados de pretemporada es absurdo y hasta temerario. Estas concentraciones son importantes para hacer grupo y para que los jugadores vayan asumiendo los conceptos del entrenador, más allá de elevar su nivel físico. Sin embargo, ni hay que lanzar las campanas al vuelo ni quemarse a lo bonzo por lo que se vea en ella. Sacar conclusiones de un equipo por el juego y sus resultados de pretemporada es absurdo y hasta temerario. Estas concentraciones son importantes para hacer grupo y para que los jugadores vayan asumiendo los conceptos del entrenador, más allá de elevar su nivel físico. Sin embargo, ni hay que lanzar las campanas al vuelo ni quemarse a lo bonzo por lo que se vea en ella.
Sacar conclusiones de un equipo por el juego y sus resultados de pretemporada es absurdo y hasta temerario. Estas concentraciones son importantes para hacer grupo y para que los jugadores vayan asumiendo los conceptos del entrenador, más allá de elevar su nivel físico. Sin embargo, ni hay que lanzar las campanas al vuelo ni quemarse a lo bonzo por lo que se vea en ella.
Hay tantos ejemplos que hasta sobra recordarlos, pero es especialmente llamativo el del todopoderoso Mallorca de Oltra, que acabó invicto en verano y que después en la Liga de Segunda hizo el ridículo.
Luis García está construyendo un equipo al que todavía le faltan algunas piezas importantes, pero siempre es una buena noticia ver que futbolistas como Luvumbo quieren marcar diferencias o que el técnico asturiano quiere que su Mallorca sea valiente y atrevido.
Hay que tener paciencia, sobre todo porque queda mucho por hacer, pero lo que es seguro es que los que están en Marbella, quizá a excepción de Virgili, desean quedarse. Y eso ya es mucho terreno ganado a la hora de ser un bloque competitivo en una Segunda División tan alocada y difícil.
Hace ahora justo un año los egos de demasiada gente estuvieron por encima del escudo y, desgraciadamente, ni Ortells ni Arrasate supieron gestionarlo. Ahora eso ya es historia.
Por cierto, está por ver su rendimiento sobre el césped, pero la personalidad de Arnau Tenas es una bendición para este vestuario. Habla como un capitán y transmite un carisma muy necesario, fruto también de su experiencia. Y lo mejor es que llega a Son Moix convencido de que esta es una gran oportunidad para relanzar su carrera, ascendiendo a Primera y después quedándose como titular en la elite. Ojalá la apuesta le salga bien, brille o no en esta corta pretemporada.
Diario de Mallorca – Deportes
