Pasó el 1 de julio de 2026, fecha prevista para una posible extensión de la vigencia del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), y no se logró concretar un acuerdo entre los gobiernos de los tres países. Por una parte, México y Canadá manifestaron su disposición a extender el tratado comercial hasta 2042, mientras que Estados Unidos demanda cambios y ajustes en el tratado comercial. Este diferendo, si bien no termina con el tratado (el cual tiene una vigencia de 10 años más), extiende las negociaciones y mantiene la incertidumbre sobre su permanencia.
El tiempo podría jugar a favor de México y Canadá, porque ya no negociarán bajo la presión de una fecha límite cercana
Pasó el 1 de julio de 2026, fecha prevista para una posible extensión de la vigencia del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), y no se logró concretar un acuerdo entre los gobiernos de los tres países. Por una parte, México y Canadá manifestaron su disposición a extender el tratado comercial hasta 2042, mientras que Estados Unidos demanda cambios y ajustes en el tratado comercial. Este diferendo, si bien no termina con el tratado (el cual tiene una vigencia de 10 años más), extiende las negociaciones y mantiene la incertidumbre sobre su permanencia.
El 1 de julio pasado, en lugar del anuncio de la extensión del acuerdo comercial, simplemente se informó que las negociaciones continuarían y que ya se habían alcanzado algunos acuerdos preliminares en distintos temas. Esto último fue un intento por mandar un mensaje de confianza y certidumbre de que el acuerdo eventualmente se extenderá. Lo cierto, sin embargo, es que haber llegado a este punto sin una ratificación del tratado cambia por completo el contexto en el que ocurrirán las negociaciones por venir.
Es claro que México y Canadá hubieran preferido que se extendiera de una vez el acuerdo comercial. Para llegar a concretar esa extensión, es probable que ambos países hubieran estado dispuestos a realizar concesiones en ciertos temas. Ahora, en cambio, las condiciones y términos de la negociación cambiarán para todos los involucrados. Un factor crucial es que ya no habrá tanta prisa de aquí en adelante. Hasta hace poco, el objetivo parecía ser el de concluir las negociaciones en tiempo y forma para anunciar la extensión el 1 de julio. De aquí en adelante, el tiempo podría jugar a favor de México y Canadá, porque ya no negociarán bajo la presión de una fecha límite cercana.
Todo mundo supone que ahora las negociaciones se podrían extender un año más. En este lapso muchas cosas cambiarán, especialmente en Estados Unidos. Por ello, un error en el que podría incurrir Trump sería el de suponer que las negociaciones transcurrirán en los mismos términos que prevalecían hasta antes del 1 de julio. Las primeras señales, sin embargo, apuntan en esa dirección. Recordemos que, recién superada la fecha límite, Trump anunció aranceles adicionales por 50% para algunos productos canadienses e incluyó a México en una lista de países afectados por un nuevo arancel del 10%, que sustituye al arancel previo que estaba por caducar. Así, Trump parece insistir en seguir utilizando la misma herramienta una y otra vez, sin reparar en que esta medida ha resultado particularmente ineficaz para lograr los objetivos que él mismo se planteó.

Hacia adelante, el presidente Trump se enfrentará a tres problemas importantes si insiste en utilizar las mismas medidas de política comercial. Primero, sus instrumentos de política han sido extremadamente ineficientes, especialmente para reducir el déficit comercial de Estados Unidos con México. Entre 2024 y 2025, este déficit pasó de 168.000 a 190.000 millones de dólares, es decir, un aumento superior al 13%. Además, en los primeros cinco meses de 2026, el déficit creció un 3% adicional respecto a las cifras del mismo periodo de 2025.
Un segundo problema al que se enfrentará Trump es que su amenaza de imponer aranceles generalizados a México ha perdido total credibilidad. Trump sabe de la importancia de mantener la integración de las cadenas de valor en la región y, por ello, no es casual que la mayor parte de las exportaciones mexicanas sigan entrando a Estados Unidos exentas del pago de aranceles bajo el amparo del acuerdo comercial regional. Es cierto que existen algunos aranceles a ciertos productos mexicanos (acero y aluminio, entre otros), pero su alcance e impacto están limitados a unos cuantos productos y sectores. La idea de un arancel generalizado para México está completamente fuera de la discusión.
El tercer problema, y quizá el más importante, es que muchas de las políticas de Trump le están costando enormemente en términos de su popularidad. Los sondeos más recientes analizados por la revista inglesa The Economist (julio 28, 2026) señalan una tasa de reprobación neta de Trump de 25 puntos porcentuales (60% de rechazo versus 35% de aprobación). El factor que más rechazo genera entre la población es el relativo a la inflación y los precios, lo que es parcialmente el resultado de la política arancelaria. Esta situación debe ser particularmente preocupante con miras a las elecciones de medio término de noviembre de este año, en donde Trump y los republicanos corren el riesgo muy real de perder el control de la Cámara de Representantes e incluso del Senado.
Por todo lo anterior, las condiciones de la negociación sobre el TMEC seguramente cambiarán. México no debería ya tener demasiada prisa por lograr una extensión en el muy corto plazo, por lo que podría resistir mucho mejor las presiones estadunidenses. Algunas cosas que pudieron haberse concedido si se hubiera logrado la extensión el 1 de julio, ahora quizá deban reconsiderarse (como el alineamiento estratégico conjunto frente a China) o negociarse en condiciones mucho menos desventajosas. Debe recordarse también que los aranceles de Trump le han otorgado una cierta ventaja relativa a los productos mexicanos, por lo que la continuidad del escenario base es bastante menos dañina para México de lo que se pensaba en un principio. Nosotros, sin perder de vista el objetivo último de la extensión del TMEC, ahora podemos ser bastante más pacientes que los estadunidenses en el proceso de negociación. La ampliación del plazo para las negociaciones debería conducir a un reajuste en la estrategia mexicana.
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