Más de 3.400 fallecidos por las altas temperaturas desde junio: “Vamos camino de uno de los veranos más mortíferos”

Este verano está siendo el más caluroso de nuestras vidas. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha certificado esta semana que es el más tórrido desde que hay registros (1961). Y, como dice Hichan Achebak, investigador especializado en los efectos del clima en la salud, va también “camino de convertirse en uno de los más mortíferos”. Desde junio, 3.456 personas han fallecido como consecuencia de estas altas temperaturas, según el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), del Instituto de Salud Carlos III y el Ministerio de Sanidad.

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 Transcurrida apenas una semana de agosto, este verano ya es el tercero más mortal en una década  

Este verano está siendo el más caluroso de nuestras vidas. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha certificado esta semana que es el más tórrido desde que hay registros (1961). Y, como dice Hichan Achebak, investigador especializado en los efectos del clima en la salud, va también “camino de convertirse en uno de los más mortíferos”. Desde junio, 3.456 personas han fallecido como consecuencia de estas altas temperaturas, según el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), del Instituto de Salud Carlos III y el Ministerio de Sanidad.

Esa cifra ya es mayor que la de la mayoría de los veranos completos desde 2015 (excepto el de 2022 y 2025), cuando se empezó a medir de forma sistemática. Solo en julio, este sistema estima que fallecieron 2.024 personas. Es el segundo mes con más mortalidad atribuible, solo por detrás de julio de 2022, cuando se estima que fallecieron 2.217.

Las estadísticas no proceden de un recuento de personas que murieron por el calor. Se trata de una estimación que tiene en cuenta los datos de decesos de los registros civiles, los compara con otros años para estimar los excesos (las muertes sobre las que serían previsibles) y les aplica un algoritmo con los umbrales de temperatura que marca cada año el Ministerio de Sanidad como peligrosos para la salud.

Otra cosa distinta son las muertes por golpes de calor, aquellas en las que el certificado de defunción sí explicita esta causa directa y que cada año suman unas decenas como consecuencia de una exposición directa a las altas temperaturas, a menudo personas que desempeñan su trabajo al aire libre o que hacen deporte a horas de mucho calor. Este año Sanidad no ha facilitado el recuento por comunidades, como sí lo ha hecho en otros anteriores.

La mayoría de fallecidos por el calor, sin embargo, no lo hacen de forma tan fulminante. Las altas temperaturas contribuyen a empeorar el estado de salud de personas que generalmente ya eran muy vulnerables, mayoritariamente de edad avanzada: un 69% de los fallecidos que estima el MoMo este verano tenía más de 85 años y la práctica totalidad (más del 99%) eran mayores de 65.

Como explicaba a este periódico Juan Torres Macho, de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), el culpable suele ser la deshidratación: “Cuanta peor regulación en el hipotálamo, que gestiona la temperatura, el hambre, la sensación de sed, más riesgo. Les pasa a ancianos, personas con cardiopatías, problemas diuréticos, enfermos renales, pacientes con deterioro cognitivo”.

Pero el calor puede afectar a todas las edades. Un reciente estudio en población china siguió a 2.318 adultos mayores de 45 años para evaluar la asociación entre la exposición a olas de calor y la aceleración de la edad biológica, una medida calculada a partir de ocho indicadores clínicos. Los investigadores observaron que, cuanto mayor era la exposición al calor extremo, mayor era también el envejecimiento biológico. Con la definición más estricta de ola de calor —al menos cuatro días consecutivos con una temperatura aparente por encima del percentil 97,5 de cada zona—, cada episodio adicional se asoció con unos seis meses más de edad biológica. Los análisis apuntan a alteraciones en el metabolismo de la glucosa y de las grasas como posible mecanismo.

El trabajo, de investigadores del Instituto de Tecnología de Pekín, es observacional, por lo que no permite demostrar que las olas de calor sean la causa directa de ese envejecimiento acelerado, pero pretende advertir de cómo el cambio climático y veranos cada vez más extremos pueden perjudicar la salud.

Las cifras de mortalidad de este año no extrañan a los expertos consultados, en un verano que no ha parado de enlazar olas de calor. Achebak, que ha estudiado cómo las medidas de adaptación mitigan las consecuencias en la salud, afirma que hace unas décadas estas temperaturas habrían sido mucho más mortales. Un factor que considera clave es la generalización del aire acondicionado.

Esto se puede comprobar claramente observando lo que está sucediendo en otros países de Europa, menos adaptados a las altas temperaturas. En Alemania, las autoridades sanitarias calculan que una sola semana de ola de calor en junio causó más de 9.600 fallecimientos.

En España las cifras no están tan disparadas aunque, al ser una aproximación estadística y no un recuento, no hay un consenso estricto de cuántas muertes causa el calor. La aplicación MACE, creada por un equipo científico del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), la Universidad de Valencia (UV) y la Fundación para la Investigación del Clima (FIC), calcula que las muertes atribuibles a la temperatura en España se acercan en lo que va de verano a 12.500, casi cuatro veces más que el MoMo usando los mismos datos como base.

¿Cómo es posible esta diferencia? Diana Gómez-Barroso, una de las responsables del MoMo, explica que la diferencia de estimación está en el umbral que utilizan: “MoMo es un sistema de alerta: solo consideramos el exceso asociado a temperaturas extremas, a partir de un umbral desde el cual se pueden emitir alertas. Otros modelos, como MACE, toman como referencia la temperatura de mínima a partir de la cual se puede producir mortalidad y contabilizan el aumento de fallecimientos que se produce por encima de ella, aunque no se alcancen valores extremos”.

Con el frío, MoMo aplica una metodología similar. Y lo que se colige de esos datos es que el calor es más letal que el frío en España. En la última década, las altas temperaturas se han cobrado (siempre teniendo en cuenta este cálculo) más de 30.000 vidas, frente a las menos de 20.000 del frío.

Los mecanismos son distintos. Mientras el calor produce la deshidratación y los problemas antes descritos, el frío raramente produce descompensaciones en el organismo. Por decirlo así, es muy infrecuente “morir de frío” en España. El exceso de mortalidad en invierno, explica Gómez-Barroso, está mediado por la circulación de virus respiratorios, que son los que causan enfermedades y fallecimientos en personas también vulnerables.

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