“Hyde Park parece el desierto de Dubái”: la sequía transforma los verdes parques de Londres en secarrales

Londres está considerada como la capital europea con el mayor volumen de espacios verdes, pero la sequía que este verano arrasa en gran parte del Reino Unido, tercera en cinco años, ha convertido los famosos parques de la ciudad, junto a otras áreas históricamente verdes del sur de Inglaterra, en parajes desérticos, yermos más propios de la pampa que de uno de los países del norte de Europa. El mes pasado fue particularmente extremo, el julio más seco en Inglaterra y Gales desde que las estadísticas comenzaron en 1836. En la zona meridional de Inglaterra, el impacto ha ido más allá todavía, con julio convertido en el mes más seco de su historia, con un residual 1% de la media de lluvia registrada a largo plazo.

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 El julio con menos lluvia de su historia convierte a las históricas praderas londinenses en descampados inhóspitos  

Londres está considerada como la capital europea con el mayor volumen de espacios verdes, pero la sequía que este verano arrasa en gran parte del Reino Unido, tercera en cinco años, ha convertido los famosos parques de la ciudad, junto a otras áreas históricamente verdes del sur de Inglaterra, en parajes desérticos, yermos más propios de la pampa que de uno de los países del norte de Europa. El mes pasado fue particularmente extremo, el julio más seco en Inglaterra y Gales desde que las estadísticas comenzaron en 1836. En la zona meridional de Inglaterra, el impacto ha ido más allá todavía, con julio convertido en el mes más seco de su historia, con un residual 1% de la media de lluvia registrada a largo plazo.

La falta de agua, combinada con un calor excepcional y niveles de sol sin precedentes (Inglaterra y Gales tuvieron en julio el mes más soleado jamás detectado), ha transformado el verde tradicional inglés en un paisaje de tonalidades ocre, en el que la hierba parece paja. Y eso, en los casos en los que permanece, ya que pasear estos días por cualquiera de los parques históricos londinenses, ubicados en los antiguos terrenos de caza de la monarquía, como Hyde Park, Greenwich Park o Richmond Park (el más grande de la red de Royal Parks, que abarcan casi 2.000 hectáreas), supone caminar sobre superficies arcillosas, un baldío de polvo y tierra en el que cuesta imaginar que algún día creció el césped.

La sorpresa de los londinenses por este inusual panorama en sus verdes y frescos parques ha inundado las redes con vídeos y fotos que muestran el secarral en que se han convertido. “Bastante salvaje, Hyde Park parece un desierto”, decía una usuaria de X. “Se ha transformado en el desierto de Dubái”, insistía otro.

La mitad de Inglaterra y la totalidad de Gales están oficialmente en sequía. Siete áreas tienen desde hace dos semanas en vigor restricciones como las impuestas al uso de mangueras, que afectan a 23 millones de personas. El país acumula cuatro olas de calor y, aunque no se han alcanzado los 40 grados de temperatura que tuvieron lugar por primera y única vez en 2022, la concatenación de jornadas con los termómetros extraordinariamente elevados, junto a la falta de precipitaciones, ha acelerado la evaporación del agua. Cuanto más sube el mercurio, más agua desaparece de suelo y vegetación, contribuyendo a los parajes desérticos en los que se han transformado parques y jardines.

El patrón meteorológico de este año presenta contrastes particularmente acentuados en el sur, que ha experimentado una dramática transición de un invierno muy húmedo a un verano inédito por calor y sequedad. Las temperaturas han llegado a superar los 30 grados durante doce días consecutivos y, aunque los números parezcan tolerables en comparación con gran parte de la geografía española, las infraestructuras en el Reino Unido, incluyendo las viviendas, están diseñadas para retener calor, por lo que la sensación térmica es superior.

Los efectos de la particular desertización de Londres son significativamente preocupantes, por cuanto los espacios verdes juegan un rol crucial a la hora de contrarrestar la disparada densidad poblacional y la considerable polución de una metrópolis que, pese a haber introducido medidas para reducir la contaminación, continúa registrando un elevado volumen de emisiones.

El nuevo tono pajizo difícilmente pasa desapercibido en parques, superficies protegidas y deportivas. En Londres, tanto residentes como turistas tratan de continuar disfrutando de los 3.000 parques y espacios verdes públicos a su disposición, en torno a un 40% de la superficie total de la ciudad, pero la disparidad en relación a hace tan solo un año resulta impactante. Imágenes aéreas tomadas por el fotógrafo Jason Hawkes, quien acumula más de 35 años de experiencia captando la capital desde el cielo, reflejan el brutal contraste entre una fotografía tomada en Hyde Park en los últimos días y el mismo punto hace doce meses: la primera revela un erial amarillento, mientras la segunda es un cuadro verde.

La tendencia ha convertido también a la prensa británica en un particular parte meteorológico y apenas pasa un día sin que un diario lleve a su portada una estampa de las secuelas. Esta misma semana, uno de los tabloides mostraba una turbadora imagen aérea de ganado siendo trasladado en una extensión seca y amarillenta en el condado de Kent (al sureste de Reino Unido) e invitaba a especular si se trataba del salvaje Oeste de Estados Unidos o el territorio históricamente conocido como “el jardín de Inglaterra”. La Oficina de Meteorología calcula que la crisis climática hará que los veranos en el Reino Unido sean un 60% más secos a la altura de 2070, en comparación con la década de los 90 del siglo pasado.

La ausencia de lluvia, un 7% de la medida habitual en Inglaterra en julio, también se deja notar en el descenso de ríos y lagos. El Támesis, el río más largo de Inglaterra, ha registrado su menor caudal de la historia y, si por ahora no hay riesgo para el suministro de agua para consumo humano, es gracias a la lluvia récord registrada durante la primera mitad del año, que ha dejado a las reservas cerca de los niveles esperados en esta época del año. El problema es que en Reino Unido no se ha completado ninguna presa de nueva construcción desde 1992, una demanda del sector agrícola, que exige manos a la obra para aprovechar los períodos húmedos.

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