La hegemonía de Mercadona en el panorama de la distribución comercial española es prácticamente absoluta. La empresa fundada por Juan Roig Alfonso ha conseguido tejer una red de más de 1.600 supermercados que cubre la totalidad de las 50 provincias españolas, 52 si contamos a Ceuta y Melilla. Sin embargo, ni siquiera el gigante valenciano ha logrado vencer todas las barreras geográficas del país. En la España insular todavía existen cuatro islas, La Graciosa, El Hierro, La Gomera y Formentera, donde los característicos carteles rojos de la cadena brillan por su ausencia.
La explicación a este vacío comercial responde a una cuestión de rentabilidad que, por el momento, la compañía no ha podido resolver. En el caso de Formentera, la menor de las islas Baleares habitadas, la población se enfrenta a una realidad particular: la única gran cadena de distribución que ha apostado por mantener presencia en la pitiusa es Eroski, mientras que los 12.000 residentes habituales de la isla deben complementar sus compras en la cadena vasca con visitas a pequeños comercios locales o desplazarse en barco hasta la vecina Ibiza si desean llenar su despensa con productos Hacendado.
La encrucijada logística del archipiélago canario
En las Islas Canarias la situación se reproduce con mayor intensidad, ya que de las ocho islas habitadas del archipiélago, tres permanecen fuera del mapa de distribución de la compañía de Juan Roig.
La Gomera, con sus aproximadamente 22.000 habitantes, y El Hierro, la más occidental y meridional de las islas, con apenas 12.000 residentes, dependen de cadenas regionales y pequeñas cooperativas para el abastecimiento cotidiano. El caso de La Graciosa es aún más extremo: esta pequeña isla de poco más de 700 habitantes, que forma parte del municipio lanzaroteño de Teguise apenas cuenta con presencia de supermercados de implantación nacional.
La estrategia de Mercadona, basada en la expansión mediante la llamada «mancha de aceite» (un sistema de crecimiento radial desde los centros logísticos), ha tropezado precisamente con la fragmentación del territorio insular. El envío regular de productos frescos y refrigerados a islas con una demanda limitada no compensa la inversión necesaria en infraestructura de transporte interinsular.
Mientras tanto, la compañía centra sus esfuerzos en fortalecer su presencia en los grandes núcleos urbanos de Canarias y en completar su expansión en el resto del país, donde ya está presente en todas las comunidades autónomas y ciudades con estatuto propio.
Pese a estas ausencias históricas, el panorama futuro podría experimentar cambios. La compañía ha demostrado en los últimos años su capacidad para alcanzar los territorios más difíciles de regiones como la isla de La Palma, donde en 2018 inauguró su primer supermercado en el municipio de Breña Alta.
El despliegue de la compañía en las 52 provincias, incluyendo las ciudades autónomas, choca con la realidad logística de los territorios insulares menos poblados, donde abrir un establecimiento sigue sin ser rentable
La hegemonía de Mercadona en el panorama de la distribución comercial española es prácticamente absoluta. La empresa fundada por Juan Roig Alfonso ha conseguido tejer una red de más de 1.600 supermercados que cubre la totalidad de las 50 provincias españolas, 52 si contamos a Ceuta y Melilla. Sin embargo, ni siquiera el gigante valenciano ha logrado vencer todas las barreras geográficas del país. En la España insular todavía existen cuatro islas, La Graciosa, El Hierro, La Gomera y Formentera, donde los característicos carteles rojos de la cadena brillan por su ausencia.
La explicación a este vacío comercial responde a una cuestión de rentabilidad que, por el momento, la compañía no ha podido resolver. En el caso de Formentera, la menor de las islas Baleares habitadas, la población se enfrenta a una realidad particular: la única gran cadena de distribución que ha apostado por mantener presencia en la pitiusa es Eroski, mientras que los 12.000 residentes habituales de la isla deben complementar sus compras en la cadena vasca con visitas a pequeños comercios locales o desplazarse en barco hasta la vecina Ibiza si desean llenar su despensa con productos Hacendado.
En las Islas Canarias la situación se reproduce con mayor intensidad, ya que de las ocho islas habitadas del archipiélago, tres permanecen fuera del mapa de distribución de la compañía de Juan Roig.
La Gomera, con sus aproximadamente 22.000 habitantes, y El Hierro, la más occidental y meridional de las islas, con apenas 12.000 residentes, dependen de cadenas regionales y pequeñas cooperativas para el abastecimiento cotidiano. El caso de La Graciosa es aún más extremo: esta pequeña isla de poco más de 700 habitantes, que forma parte del municipio lanzaroteño de Teguise apenas cuenta con presencia de supermercados de implantación nacional.
La estrategia de Mercadona, basada en la expansión mediante la llamada «mancha de aceite» (un sistema de crecimiento radial desde los centros logísticos), ha tropezado precisamente con la fragmentación del territorio insular. El envío regular de productos frescos y refrigerados a islas con una demanda limitada no compensa la inversión necesaria en infraestructura de transporte interinsular.
Mientras tanto, la compañía centra sus esfuerzos en fortalecer su presencia en los grandes núcleos urbanos de Canarias y en completar su expansión en el resto del país, donde ya está presente en todas las comunidades autónomas y ciudades con estatuto propio.
Pese a estas ausencias históricas, el panorama futuro podría experimentar cambios. La compañía ha demostrado en los últimos años su capacidad para alcanzar los territorios más difíciles de regiones como la isla de La Palma, donde en 2018 inauguró su primer supermercado en el municipio de Breña Alta.
Noticias de Economía Nacional e Internacional en La Razón
