Los talibanes celebraron este sábado sus cinco años de retorno al poder, tratando de presentar a su Gobierno como una autoridad firme, a pesar de que las organizaciones humanitarias y de derechos humanos denuncian la represión, especialmente de las mujeres, y advierten de la grave crisis que atraviesa Afganistán.
Vehículos blindados desfilan ante la Embajada de Estados Unidos mientras las organizaciones humanitarias advierten de la grave crisis en el país y de la represión de las mujeres
Los talibanes celebraron este sábado sus cinco años de retorno al poder, tratando de presentar a su Gobierno como una autoridad firme, a pesar de que las organizaciones humanitarias y de derechos humanos denuncian la represión, especialmente de las mujeres, y advierten de la grave crisis que atraviesa Afganistán.
Frente a la antigua Embajada de Estados Unidos en Kabul, vehículos blindados de los talibanes participaron en un desfile, en el que exhibieron banderas y pancartas y celebraron lo que el Gobierno describió como el “día de la victoria” frente al dominio occidental. Sirajuddin Haqqani, ministro del Interior, afirmó en un discurso grabado en vídeo que su regreso al poder fue fruto de “la moral, el valor” y “la ayuda divina”.
“Afganistán desea vivir en una atmósfera de paz y tranquilidad con todos los países del mundo, no permitirá que nadie utilice el suelo afgano contra ningún otro país, y pide a los demás países que tampoco se involucren en ninguna conspiración contra Afganistán y respeten nuestro territorio, espacio aéreo e intereses”, recogió en otro comunicado el autodenominado Emirato Islámico de Afganistán. Su reafirmación de no utilizar su suelo contra terceros se produce tras las acusaciones de Pakistán de que Kabul da cobijo a grupos que atentan en su territorio.
El mensaje de celebración reivindicó también la toma del país el 15 de agosto de 2021 como una “gran victoria y liberación del yugo extranjero”. La jornada de este quinto aniversario estará marcada en Kabul por un férreo despliegue de seguridad, desfiles militares del ejército talibán y diversos eventos deportivos en la capital, donde se espera que altos cargos del régimen de facto se dirijan formalmente a la nación a lo largo del día.

Aunque la jornada está marcada por la celebración, en su mensaje, el ministro del Interior también hizo un inusual reconocimiento de “cuestiones y problemas que aún pueden existir”. Las organizaciones internacionales y la ONU destacan que los talibanes han tenido dificultades para hacer frente a las crisis naturales y humanitarias a las que se ha enfrentado Afganistán en los últimos cinco años, en parte debido a las severas restricciones a las que están sometidas las mujeres afganas.
Cuando los talibanes volvieron al poder en agosto de 2021, en medio de la retirada de EE UU y sus aliados, prometieron gobernar de forma más liberal de lo que lo habían hecho a finales de la década de 1990 y principios de la de 2000 —un periodo marcado por las ejecuciones públicas y el refugio dado a Osama bin Laden tras el 11-S—. Pero esas garantías se desvanecieron rápidamente. Los talibanes han impuesto restricciones generalizadas a las mujeres y las niñas desde 2021, impidiendo que 2,5 millones accedan a la enseñanza secundaria y universitaria, según la Unesco, y limitando su libertad de movimiento. La mitad de las mujeres afganas solo salen de casa una o dos veces al mes, según datos publicados el miércoles por ONU Mujeres. Los talibanes alegan que actúan con las mujeres de conformidad con la sharía islámica.
Cinco años después, a excepción de Rusia, su Gobierno sigue sin ser reconocido internacionalmente. Las relaciones entre los talibanes y Pakistán —inicialmente su socio más importante— son tensas, ya que Islamabad acusa a Kabul de apoyar a insurgentes paquistaníes. Muchas de las antiguas embajadas de Kabul permanecen vacías desde el regreso de los talibanes al poder, incluida la de EE UU, que sirvió de telón de fondo para las celebraciones talibanes de este sábado. Sin embargo, los talibanes han logrado avances diplomáticos discretos, ya que algunos países sopesan los límites de su influencia en Afganistán y la necesidad de entablar relaciones con el Gobierno.
Los talibanes están presionando cada vez más para alcanzar acuerdos con los países europeos que han estado buscando formas de deportar a más afganos. El Gobierno de Kabul también está aprovechando su ubicación geográfica, en la encrucijada entre Asia Meridional, Asia Central y Oriente Próximo, para cerrar acuerdos económicos.
Zia Ahmad Takal, portavoz adjunto del Ministerio de Asuntos Exteriores de los talibanes, declaró que se esperaba que las ceremonias conmemorativas del quinto aniversario del Gobierno se celebraran en las capitales de Pakistán, China, Uzbekistán, Irán, Turquía y Malasia.

“Mi esperanza para el futuro de Afganistán es que avancemos hacia el desarrollo, si Dios quiere”, afirmó Najibullah Ghorzang, un comerciante de 28 años que asistió a las ceremonias en Kabul. “Derrotamos a un gran imperio y volveremos a derrotarlos”, dijo refiriéndose a EE UU y sus aliados.
La ONG Comité Internacional de Rescate (IRC, en sus siglas en inglés) advirtió el viernes que las necesidades humanitarias de Afganistán han alcanzado un nivel récord, debido a las sequías, las consecuencias de los mortíferos terremotos y la deportación de afganos desde los países vecinos Irán y Pakistán. Según señaló, mientras que los presupuestos de ayuda exterior se han reducido, el número de afganos que necesitan asistencia humanitaria ha aumentado en 3,5 millones de personas desde 2021.
“La paz y la prosperidad sostenibles requieren algo más que la mera ausencia de conflicto”, afirmó Georgette Gagnon, alta representante de la ONU para Afganistán, en un comunicado. “El futuro de Afganistán depende de que se construya una sociedad en la que se respeten los derechos y se aprovechen las posibilidades de todos los afganos».
Fátima, de 28 años, ha luchado por sobrevivir junto a su hijo. Tras el regreso de los talibanes al poder, huyó a Irán, donde pudo seguir trabajando como maquilladora, a pesar de que los talibanes prohibieron a las mujeres ejercer esa profesión en Afganistán. El año pasado fue expulsada de Irán y deportada a Afganistán. “Cada mañana me despierto preguntándome cómo voy a cubrir mis gastos básicos, y cada noche cierro los ojos preocupada por el futuro de mi hijo”, afirma.
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