La pelota vasca vuelve a ganar protagonismo en Mallorca gracias al impulso del Frontón de Sineu y de una generación que hasta hace apenas un año ni siquiera había golpeado este tipo de bolas. Lo que comenzó con un pequeño grupo de curiosos se ha convertido en un club, una liga propia y una comunidad de 24 pelotaris. Los próximos 10 y 11 de agosto, el torneo Quelet i Boiret servirá para medir esa evolución con un partido previo entre los campeones del torneo interno Aupa Idò y la pareja vasca formada por Iker Urmeneta e Imanol Odriozola, además del tradicional duelo entre pelotaris mallorquines y vascos. La pelota vasca vuelve a ganar protagonismo en Mallorca gracias al impulso del Frontón de Sineu y de una generación que hasta hace apenas un año ni siquiera había golpeado este tipo de bolas. Lo que comenzó con un pequeño grupo de curiosos se ha convertido en un club, una liga propia y una comunidad de 24 pelotaris. Los próximos 10 y 11 de agosto, el torneo Quelet i Boiret servirá para medir esa evolución con un partido previo entre los campeones del torneo interno Aupa Idò y la pareja vasca formada por Iker Urmeneta e Imanol Odriozola, además del tradicional duelo entre pelotaris mallorquines y vascos.
La pelota vasca vuelve a ganar protagonismo en Mallorca gracias al impulso del Frontón de Sineu y de una generación que hasta hace apenas un año ni siquiera había golpeado este tipo de bolas. Lo que comenzó con un pequeño grupo de curiosos se ha convertido en un club, una liga propia y una comunidad de 24 pelotaris. Los próximos 10 y 11 de agosto, el torneo Quelet i Boiret servirá para medir esa evolución con un partido previo entre los campeones del torneo interno Aupa Idòy la pareja vasca formada por Iker Urmeneta e Imanol Odriozola, además del tradicional duelo entre pelotaris mallorquines y vascos.
Los caminos que les llevaron hasta el Frontón de Sineu fueron muy distintos. Sebastià Tous siempre había sentido curiosidad por aquel recinto que veía desde pequeño cuando visitaba a su familia en el municipio: «Le pedía a mi abuela que qué eran esas paredes tan imponentes que se ven desde fuera».
Dani López llegó porque Sebastià le invitó a verlo debutar, le dejaron probar un poco ese día y, el fin de semana siguiente, ya estaba golpeando a la bola. Biel Salas lo fue buscando, pero se arrancó cuando su pareja lo animó a ello. Fue una noche a cenar al restaurante del frontón y, en aquel momento, recordó cómo miraba los partidos que daban por televisión. Ya tenía el gusanito.
Ninguno imaginaba que unos meses después formaría parte de una comunidad que no ha dejado de crecer.
Lo que comenzó como una simple curiosidad acabó convirtiéndose en una rutina semanal. «Me presenté con un chándal y mis manos», recuerda Tous sobre su primer entrenamiento. Dani apenas necesitó unos minutos para decidir que volvería. «Lo que más me impactó fue el sonido de la pelota cuando choca contra la pared. Ese ruido tiene algo que no sé describir, pero que impacta a la vez que atrae. También me gustó mucho ver cómo todos se ayudan unos a otros y el gran nivel de compañerismo que hay. Supe desde el primer día que esto era para mí», cuenta.
Una sensación que comparte Biel, quien asegura que, una vez dentro de la cancha, «se para el tiempo». En apenas diez meses han pasado de las primeras pachangas a disputar la primera liga organizada de pelota vasca en Mallorca.
Pero cuando se les pregunta qué les ha enganchado, ninguno habla primero de victorias o golpes imposibles. Hablan del ambiente. «Somos un grupo de antiguos desconocidos que hemos hecho amistad», resume Tous. Dani destaca el compañerismo y el respeto que se respira en cada entrenamiento, mientras Biel pone el acento en que «no es un deporte clasista». «Con unas deportivas, un poco de protección en las manos y una pelota puede jugar cualquiera». Los tres coinciden en que el Frontón de Sineu ha terminado convirtiéndose en mucho más que una instalación deportiva.
Quien mejor puede medir el camino recorrido es Álvaro Valero. Lleva jugando desde los tres años, pertenece a la cuarta generación de una familia de pelotaris y durante años echó de menos un lugar donde practicar este deporte en Mallorca. En abril de 2025 participó en una exhibición junto al pelotari vasco Iker Urmeneta, que despertó la curiosidad de varios asistentes. «Aquel día unas cuantas personas se quedaron para tocar el material y probar. De ahí salió un grupo de siete jugadores», recuerda. Apenas tres meses después ya debutaban de blanco en el Frontón de Sineu y comenzaron los entrenamientos abiertos de los sábados. «Fue todo un proceso mágico para mí, porque tras quince años pasando mucha hambre de pelota di un buen mordisco y quedé saciado al ver que la gente empezaba a interesarse por este bendito deporte».
Desde entonces el proyecto no ha dejado de crecer. Hoy ya existen dos clubes —el de la Euskal Etxea de Mallorca y el Club Frontón Sineu—, una liga anual con tres categorías y un calendario propio de competiciones. Además del Quelet i Boiret, los días 4, 5 y 6 de septiembre dos parejas mallorquinas representarán por primera vez a la isla en el III Torneo Internacional de Trinquete de Teruel, un nuevo paso para consolidar un proyecto que hace un año y medio parecía impensable.
Los objetivos siguen siendo ambiciosos: recuperar otros frontones de Mallorca, crear escuelas para niños, incorporar a más mujeres y consolidar nuevos clubes en la isla. Pero quienes hace poco más de un año acudieron a Sineu únicamente para probar un deporte desconocido ya tienen una certeza. La pelota vasca ha dejado de ser solo el deporte más antiguo de la humanidad para convertirse de nuevo en una realidad con futuro en Mallorca.
Diario de Mallorca – Deportes
