De la responsabilidad social corporativa a integrar los criterios de sostenibilidad, medio ambiente y buen gobierno en las métricas de la competitividad empresarial.
Pese a que la tensión geopolítica, la irrupción de la inteligencia artificial y la creciente preocupación europea por la reindustrialización, la independencia energética y la descarbonización hacen que las empresas deban moverse en un panorama de incertidumbre, la oportunidad es, precisamente, que los criterios ESG (ambientales, sociales y de buen gobierno) sean ya una hoja de ruta fundamental para los consejos de administración.
Francisco Marhuenda, director de LA RAZÓN, dio la bienvenida y reflexionó sobre la evolución de la conciencia medioambiental, recordando tiempos pasados en los que esta preocupación era casi inexistente. «Ahora, en cambio, hay una inquietud transversal», señalaba. Además, defendió la importancia de la ética en todos los ámbitos, incluida la política.
Centrados ya en el debate, José Luis Cobas del Pozo, director de Comunicación en Cosentino, subrayaba cómo la relevancia de los criterios ESG ha escalado hasta los más altos niveles directivos. «La transformación que se está produciendo en la ESG y el valor que está tomando lo demuestra que en esta mesa ya no es una cosa de gente de medio ambiente y gente de comunicación, sino que tenemos un CEO. Y yo creo que eso es una primera muestra de la transformación de la ESG, no solamente en Cosentino, sino en todas las compañías», declaró.
Cobas explicó que, para una empresa industrial como Cosentino, la sostenibilidad ha sido siempre una prioridad, añadiendo que la gestión del agua es un tema crucial para una empresa almeriense. Sin embargo, destacó que la visión de la compañía va más allá de la mera protección ambiental, enfocándose en convertir la sostenibilidad en una ventaja competitiva, integrando la sostenibilidad en el núcleo de su modelo productivo. «Estamos quizá dando ahora mismo un salto hacia este tercer nivel y es en el que convertimos la ESG en una forma distinta de producir. Tenemos que producir mejor. Y eso supone utilizar materias primas recicladas», aseveró.
Este enfoque, según Cobas, es clave para competir en el mercado europeo, donde la industria ha perdido peso en las últimas décadas. «A principios de este siglo, el 22% del producto interior bruto de la Europa de los 27 procedía de las compañías industriales», recordó. «Hoy en día es el 14%. O nos planteamos competir desde la eficiencia y desde el valor añadido, o tenemos pérdida de esa carrera».
Ana Herrero, directora de Transformación Sostenible en Forética, destacó el creciente compromiso de los altos ejecutivos con la sostenibilidad. Explicó que Forética, organización de referencia en España con más de 220 socios, lanzó el Consejo Empresarial Español para el Desarrollo Sostenible, «formado por más de 40 CEOs y presidentes de grandes empresas españolas que se juntan para hablar de los temas ESG en primera persona». Según Herrero, es «muy inspirador ver cómo efectivamente la sostenibilidad es algo que ha llegado a la capa de más arriba» y cómo los directivos ahora «tienen un discurso propio».
Desde Forética, dijo, ayudan a las empresas a «aumentar su ambición en sostenibilidad, acelerar la acción […] y también a fomentar las alianzas», ya que la colaboración con la academia, los medios de comunicación, el tercer sector y la administración pública es fundamental. «La sostenibilidad es un tema de competitividad. Es negocio, competitividad, tiene su business case muy claro y tiene que trascender, por supuesto, al corto plazo», concluyó.
José María Galofré, CEO de Volvo España, enfatizó que la sostenibilidad es una «responsabilidad que tenemos cada uno como ciudadanos». Para él, el gran avance del ESG es que introduce métricas frente a «la responsabilidad social, que es demasiado etérea». Esta cuantificación, afirmó, permite a las empresas comprometerse con «transparencia absoluta». Recordó que en los años 80 se hablaba de tres erres («reducir, reutilizar y reciclar»), pero «lo terrible es que ahora […] hemos añadido dos letras que dan mucho miedo: reparar y recuperar. Hemos hecho tanto daño a nuestra casa común que tenemos que empezar a pensar que también hay que recuperar».
Alicia Fernández del Viso, directora de ESG de Cellnex, conectó la sostenibilidad con la estrategia a largo plazo de una empresa de infraestructuras. «Las torres de comunicaciones están 10-15 años; no es algo que construyamos hoy para tirar mañana. Tienes que pensar en el futuro necesariamente, y pensar en el futuro es pensar en sostenibilidad». Según Fernández, el cambio fundamental es «pensar en la cifra, en la economía que hay detrás». Describió la sostenibilidad como la aplicación del «sentido común» y aseguraba que «cuando tienes éxito es cuando aglutinas tu estrategia de sostenibilidad con tu modelo de negocio». En su caso, la energía es un factor clave. «Somos una empresa que consume muchísima energía; para que os hagáis idea, la misma energía que consume, por ejemplo, la ciudad de Lisboa en un año». Por ello, se centran en medir, ser eficientes y usar energía renovable, lo que a veces requiere «mucho coraje» en conversaciones con clientes y proveedores.
Motor del cambio
José Luis Cobas retomó la idea de la cadena de valor, señalando que las mayores mejoras se encuentran en los proveedores. «Ahí es donde tiene realmente la sostenibilidad. Los grandes lo llevamos de serie o por obligación […], pero en esa otra parte, cuando bajas en la cadena de valor, es donde puedes encontrar muchas mayores eficiencias».
Ante la pregunta sobre las dificultades para ejecutar los planes ESG, José María Galofré compartió la experiencia de Volvo. La compañía se comprometió a vender únicamente vehículos eléctricos para 2030, pero la demanda real les hizo ajustar el plan. Así, pasaron de «todos eléctricos» a «electrificados» (incluyendo híbridos enchufables), manteniendo la meta de reducción de CO2. «Tenemos que estar acostumbrados a ir modificando y adaptándonos», reflexionó.
Ana Herrero añadió que crisis recientes como la pandemia han demostrado que la sostenibilidad actúa como un «flotador» para las empresas. «Las empresas que mejor tenían hechos los deberes […] resistieron mejor a los shocks, también a nivel de mercados financieros». Sin embargo, admitió que estos shocks obligan a «recalibrar» la sostenibilidad y a «priorizar, a saber cuáles son las cuestiones importantes».
El papel de la IA
Hablando de sostenibilidad, la IA es vista como una palanca clave. Alicia Fernández predijo que la IA cambiará el análisis de la información de sostenibilidad, porque permitirá ver «las inconsistencias, compararlo con la competencia y en un minuto tienes la llamada del analista preguntándote por tus pain points». Esto, en su opinión, exige una mayor coherencia a las empresas.
Desde Forética, Ana Herrero adelantó los resultados de su primer barómetro sobre IA responsable, del que se desprende que «solamente el 14 o 17% está usando la IA de una manera consciente en beneficio de la sostenibilidad». Destacó dos asignaturas pendientes: pocas empresas preguntan a sus proveedores de IA por los impactos ambientales y aún no existen métricas para valorar el impacto positivo real de esta tecnología.
José Luis Cobas abogó por enfocar la IA en la eficiencia con tres pilares clave: «el talento de la gente, la ESG como control, no como límites a la IA, y la aceleración para ser más competitivos».
José María Galofré desmitificó la IA como una herramienta más para «identificar cómo nos puede ayudar» y abogó por «usar bien la IA».
También se habló del papel de la regulación. Alicia Fernández la consideró una «herramienta» positiva, ya que ha elevado la información de sostenibilidad al nivel de la financiera. Sin embargo, criticó la falta de armonización. «Sigue habiendo mucha regulación que a veces no se habla entre ella, o que compiten», y señaló que las transposiciones nacionales de normativas europeas generan dificultades.
Ana Herrero, por su parte, valoró positivamente la reciente «desaceleración, que no desregulación», ya que da tiempo a las empresas para asimilar los cambios. «La sostenibilidad lo que tiene que demostrar es por sí misma que realmente tiene un business case», afirmó.
El III Foro ESG de La Razón muestra que la sostenibilidad es un criterio de rentabilidad empresarial
De la responsabilidad social corporativa a integrar los criterios de sostenibilidad, medio ambiente y buen gobierno en las métricas de la competitividad empresarial.
Pese a que la tensión geopolítica, la irrupción de la inteligencia artificial y la creciente preocupación europea por la reindustrialización, la independencia energética y la descarbonización hacen que las empresas deban moverse en un panorama de incertidumbre, la oportunidad es, precisamente, que los criterios ESG (ambientales, sociales y de buen gobierno) sean ya una hoja de ruta fundamental para los consejos de administración.
Francisco Marhuenda, director de LA RAZÓN, dio la bienvenida y reflexionó sobre la evolución de la conciencia medioambiental, recordando tiempos pasados en los que esta preocupación era casi inexistente. «Ahora, en cambio, hay una inquietud transversal», señalaba. Además, defendió la importancia de la ética en todos los ámbitos, incluida la política.
Centrados ya en el debate, José Luis Cobas del Pozo, director de Comunicación en Cosentino, subrayaba cómo la relevancia de los criterios ESG ha escalado hasta los más altos niveles directivos. «La transformación que se está produciendo en la ESG y el valor que está tomando lo demuestra que en esta mesa ya no es una cosa de gente de medio ambiente y gente de comunicación, sino que tenemos un CEO. Y yo creo que eso es una primera muestra de la transformación de la ESG, no solamente en Cosentino, sino en todas las compañías», declaró.

Cobas explicó que, para una empresa industrial como Cosentino, la sostenibilidad ha sido siempre una prioridad, añadiendo que la gestión del agua es un tema crucial para una empresa almeriense. Sin embargo, destacó que la visión de la compañía va más allá de la mera protección ambiental, enfocándose en convertir la sostenibilidad en una ventaja competitiva, integrando la sostenibilidad en el núcleo de su modelo productivo. «Estamos quizá dando ahora mismo un salto hacia este tercer nivel y es en el que convertimos la ESG en una forma distinta de producir. Tenemos que producir mejor. Y eso supone utilizar materias primas recicladas», aseveró.
Este enfoque, según Cobas, es clave para competir en el mercado europeo, donde la industria ha perdido peso en las últimas décadas. «A principios de este siglo, el 22% del producto interior bruto de la Europa de los 27 procedía de las compañías industriales», recordó. «Hoy en día es el 14%. O nos planteamos competir desde la eficiencia y desde el valor añadido, o tenemos pérdida de esa carrera».
Ana Herrero, directora de Transformación Sostenible en Forética, destacó el creciente compromiso de los altos ejecutivos con la sostenibilidad. Explicó que Forética, organización de referencia en España con más de 220 socios, lanzó el Consejo Empresarial Español para el Desarrollo Sostenible, «formado por más de 40 CEOs y presidentes de grandes empresas españolas que se juntan para hablar de los temas ESG en primera persona». Según Herrero, es «muy inspirador ver cómo efectivamente la sostenibilidad es algo que ha llegado a la capa de más arriba» y cómo los directivos ahora «tienen un discurso propio».

Desde Forética, dijo, ayudan a las empresas a «aumentar su ambición en sostenibilidad, acelerar la acción […] y también a fomentar las alianzas», ya que la colaboración con la academia, los medios de comunicación, el tercer sector y la administración pública es fundamental. «La sostenibilidad es un tema de competitividad. Es negocio, competitividad, tiene su business case muy claro y tiene que trascender, por supuesto, al corto plazo», concluyó.
José María Galofré, CEO de Volvo España, enfatizó que la sostenibilidad es una «responsabilidad que tenemos cada uno como ciudadanos». Para él, el gran avance del ESG es que introduce métricas frente a «la responsabilidad social, que es demasiado etérea». Esta cuantificación, afirmó, permite a las empresas comprometerse con «transparencia absoluta». Recordó que en los años 80 se hablaba de tres erres («reducir, reutilizar y reciclar»), pero «lo terrible es que ahora […] hemos añadido dos letras que dan mucho miedo: reparar y recuperar. Hemos hecho tanto daño a nuestra casa común que tenemos que empezar a pensar que también hay que recuperar».

Alicia Fernández del Viso, directora de ESG de Cellnex, conectó la sostenibilidad con la estrategia a largo plazo de una empresa de infraestructuras. «Las torres de comunicaciones están 10-15 años; no es algo que construyamos hoy para tirar mañana. Tienes que pensar en el futuro necesariamente, y pensar en el futuro es pensar en sostenibilidad». Según Fernández, el cambio fundamental es «pensar en la cifra, en la economía que hay detrás». Describió la sostenibilidad como la aplicación del «sentido común» y aseguraba que «cuando tienes éxito es cuando aglutinas tu estrategia de sostenibilidad con tu modelo de negocio». En su caso, la energía es un factor clave. «Somos una empresa que consume muchísima energía; para que os hagáis idea, la misma energía que consume, por ejemplo, la ciudad de Lisboa en un año». Por ello, se centran en medir, ser eficientes y usar energía renovable, lo que a veces requiere «mucho coraje» en conversaciones con clientes y proveedores.

Motor del cambio
José Luis Cobas retomó la idea de la cadena de valor, señalando que las mayores mejoras se encuentran en los proveedores. «Ahí es donde tiene realmente la sostenibilidad. Los grandes lo llevamos de serie o por obligación […], pero en esa otra parte, cuando bajas en la cadena de valor, es donde puedes encontrar muchas mayores eficiencias».
Ante la pregunta sobre las dificultades para ejecutar los planes ESG, José María Galofré compartió la experiencia de Volvo. La compañía se comprometió a vender únicamente vehículos eléctricos para 2030, pero la demanda real les hizo ajustar el plan. Así, pasaron de «todos eléctricos» a «electrificados» (incluyendo híbridos enchufables), manteniendo la meta de reducción de CO2. «Tenemos que estar acostumbrados a ir modificando y adaptándonos», reflexionó.
Ana Herrero añadió que crisis recientes como la pandemia han demostrado que la sostenibilidad actúa como un «flotador» para las empresas. «Las empresas que mejor tenían hechos los deberes […] resistieron mejor a los shocks, también a nivel de mercados financieros». Sin embargo, admitió que estos shocks obligan a «recalibrar» la sostenibilidad y a «priorizar, a saber cuáles son las cuestiones importantes».
El papel de la IA
Hablando de sostenibilidad, la IA es vista como una palanca clave. Alicia Fernández predijo que la IA cambiará el análisis de la información de sostenibilidad, porque permitirá ver «las inconsistencias, compararlo con la competencia y en un minuto tienes la llamada del analista preguntándote por tus pain points». Esto, en su opinión, exige una mayor coherencia a las empresas.
Desde Forética, Ana Herrero adelantó los resultados de su primer barómetro sobre IA responsable, del que se desprende que «solamente el 14 o 17% está usando la IA de una manera consciente en beneficio de la sostenibilidad». Destacó dos asignaturas pendientes: pocas empresas preguntan a sus proveedores de IA por los impactos ambientales y aún no existen métricas para valorar el impacto positivo real de esta tecnología.
José Luis Cobas abogó por enfocar la IA en la eficiencia con tres pilares clave: «el talento de la gente, la ESG como control, no como límites a la IA, y la aceleración para ser más competitivos».
José María Galofré desmitificó la IA como una herramienta más para «identificar cómo nos puede ayudar» y abogó por «usar bien la IA».
También se habló del papel de la regulación. Alicia Fernández la consideró una «herramienta» positiva, ya que ha elevado la información de sostenibilidad al nivel de la financiera. Sin embargo, criticó la falta de armonización. «Sigue habiendo mucha regulación que a veces no se habla entre ella, o que compiten», y señaló que las transposiciones nacionales de normativas europeas generan dificultades.
Ana Herrero, por su parte, valoró positivamente la reciente «desaceleración, que no desregulación», ya que da tiempo a las empresas para asimilar los cambios. «La sostenibilidad lo que tiene que demostrar es por sí misma que realmente tiene un business case», afirmó.
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