La RAE responde con datos históricos a Junts tras su demanda a RTVE por «negar la imposición del castellano durante la conquista»

‘La gran aventura de la lengua española’, programa de La 2 presentado por Iñaki Gabilondo, se ha visto salpicado por la polémica después de que Junts haya solicitado la retirada de uno de sus episodios al asegurar que ofrece una interpretación de la historia que minimiza el papel del castellano durante la conquista de América. Para el partido liderado por Carles Puigdemont, dicho episodio contiene afirmaciones que, a su juicio, distorsionan el contexto histórico al señalar que el castellano no supuso una amenaza para las lenguas indígenas ni para otras lenguas peninsulares.

Tras ello, la Real Académica Española (RAE) ha replicado con una serie de datos históricos recopilados en una nota informativa. En ella se plantea dar respuesta a «si la expansión de la lengua española en América fue consecuencia de la imposición de los colonizadores españoles o un largo proceso de varios siglos que concluyeron con más efectividad las nuevas repúblicas después de las independencias».

La extensa réplica de la RAE, fundamentada en la obra ‘Hablamos la misma lengua’ de su director, Santiago Muñoz Machado, desmonta la tesis de la imposición colonial a través de una sólida argumentación cronológica.

Hechos probados

Los datos históricos expuestos demuestran que, aunque los monarcas españoles mostraron desde el Descubrimiento su deseo de que los indígenas fueran adoctrinados en castellano, la Corona se abstuvo siempre de imponerlo por la fuerza. Aquel propósito inicial resultó ser un empeño quimérico debido a la enorme dispersión geográfica de las poblaciones nativas y a una insalvable falta de maestros, lo que obligó a flexibilizar las leyes ya desde el siglo XVI.

Por otro lado, ante la imposibilidad material de enseñar una nueva lengua, las órdenes religiosas tomaron la iniciativa de aprender las lenguas amerindias para poder propagar la fe católica. Franciscanos, dominicos y agustinos se convirtieron de este modo en los principales protectores de los idiomas locales, acometiendo una colosal labor de conservación al dotar de gramáticas y vocabularios a lenguas que hasta entonces no eran escritas, según el texto citado.

Esta intermediación de la Iglesia, según se puede leer en la nota, acabó convirtiéndose en un problema político para el propio gobierno virreinal. Ya a mediados del siglo XVII, juristas influyentes como Juan de Solórzano y Pereira lamentaban públicamente que no se hubiera obligado a los indígenas a aprender el castellano desde los inicios para estrechar los lazos con la Corona.

La gran paradoja histórica que defiende la nota de la RAE es que el español era una lengua completamente minoritaria en América en el momento en que se quiebra el imperio. La verdadera expansión masiva del idioma no llegó con los conquistadores, sino con el nacimiento de las nuevas repúblicas independientes en el siglo XIX. Los gobiernos soberanos eligieron el castellano, la lengua de las élites políticas y económicas, como el idioma oficial de las nuevas naciones e iniciaron un proceso de castellanización extraordinariamente intenso y eficaz.

Estas repúblicas terminaron imponiendo el español no solo a las comunidades integradas en las antiguas ciudades virreinales, sino también a los pueblos indígenas que habían vivido aislados durante siglos, logrando en unas pocas décadas la unificación lingüística que la monarquía hispánica no pudo, ni quiso, ejecutar en trescientos años, según se recoge en el escrito.

 La Real Academia Española ha argumentado por qué la expansión de la lengua española en América fue un largo proceso de varios siglos, después de que el partido de Carles Puigdemont solicitara la retirada del programa de RTVE ‘La gran aventura de la lengua española’ por, a su juicio, «falsear la realidad»  

‘La gran aventura de la lengua española’, programa de La 2 presentado por Iñaki Gabilondo, se ha visto salpicado por la polémica después de que Junts haya solicitado la retirada de uno de sus episodios al asegurar que ofrece una interpretación de la historia que minimiza el papel del castellano durante la conquista de América. Para el partido liderado por Carles Puigdemont, dicho episodio contiene afirmaciones que, a su juicio, distorsionan el contexto histórico al señalar que el castellano no supuso una amenaza para las lenguas indígenas ni para otras lenguas peninsulares.

Tras ello, la Real Académica Española (RAE) ha replicado con una serie de datos históricos recopilados en una nota informativa. En ella se plantea dar respuesta a «si la expansión de la lengua española en América fue consecuencia de la imposición de los colonizadores españoles o un largo proceso de varios siglos que concluyeron con más efectividad las nuevas repúblicas después de las independencias».

La extensa réplica de la RAE, fundamentada en la obra ‘Hablamos la misma lengua’ de su director, Santiago Muñoz Machado, desmonta la tesis de la imposición colonial a través de una sólida argumentación cronológica.

Los datos históricos expuestos demuestran que, aunque los monarcas españoles mostraron desde el Descubrimiento su deseo de que los indígenas fueran adoctrinados en castellano, la Corona se abstuvo siempre de imponerlo por la fuerza. Aquel propósito inicial resultó ser un empeño quimérico debido a la enorme dispersión geográfica de las poblaciones nativas y a una insalvable falta de maestros, lo que obligó a flexibilizar las leyes ya desde el siglo XVI.

Por otro lado, ante la imposibilidad material de enseñar una nueva lengua, las órdenes religiosas tomaron la iniciativa de aprender las lenguas amerindias para poder propagar la fe católica. Franciscanos, dominicos y agustinos se convirtieron de este modo en los principales protectores de los idiomas locales, acometiendo una colosal labor de conservación al dotar de gramáticas y vocabularios a lenguas que hasta entonces no eran escritas, según el texto citado.

Esta intermediación de la Iglesia, según se puede leer en la nota, acabó convirtiéndose en un problema político para el propio gobierno virreinal. Ya a mediados del siglo XVII, juristas influyentes como Juan de Solórzano y Pereira lamentaban públicamente que no se hubiera obligado a los indígenas a aprender el castellano desde los inicios para estrechar los lazos con la Corona.

La gran paradoja histórica que defiende la nota de la RAE es que el español era una lengua completamente minoritaria en América en el momento en que se quiebra el imperio. La verdadera expansión masiva del idioma no llegó con los conquistadores, sino con el nacimiento de las nuevas repúblicas independientes en el siglo XIX. Los gobiernos soberanos eligieron el castellano, la lengua de las élites políticas y económicas, como el idioma oficial de las nuevas naciones e iniciaron un proceso de castellanización extraordinariamente intenso y eficaz.

Estas repúblicas terminaron imponiendo el español no solo a las comunidades integradas en las antiguas ciudades virreinales, sino también a los pueblos indígenas que habían vivido aislados durante siglos, logrando en unas pocas décadas la unificación lingüística que la monarquía hispánica no pudo, ni quiso, ejecutar en trescientos años, según se recoge en el escrito.

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