La evolución de la productividad en España ha mostrado un cambio de tendencia tras la crisis financiera global y la de deuda soberana del área del euro, pasando de registrar tasas de crecimiento negativas a crecer por encima del resto de la Unión Económica y Monetaria (UEM). Sin embargo, estos avances «han sido claramente insuficientes para cerrar la brecha negativa» en la productividad acumulada en las últimas décadas respecto al resto de la UEM, porque persisten «ineficiencias relevantes asociadas al entorno regulatorio, tales como la fragmentación y la complejidad normativas, que siguen limitando el crecimiento de las empresas más productivas y una reasignación más eficiente de los recursos».
Así lo refleja el Banco de España en su Informe Anual 2025, en el que señala que las políticas públicas aplicadas tras la crisis financiera global -incluyendo el saneamiento del sistema financiero, las reformas del mercado de trabajo y los avances en algunos sectores regulados- habrían contribuido a mejorar la asignación de recursos y el dinamismo de la productividad, en un entorno más estable y predecible para las empresas. Sin embargo, la «elevada complejidad y fragmentación regulatoria y la insuficiente inversión en I+D+i continúan frenando y pueden limitar la capacidad para aprovechar plenamente la IA. De cara al futuro, será clave consolidar los avances y abordar las fricciones pendientes para sostener el crecimiento de la productividad y avanzar en la convergencia con la UE».
El informe indica que la productividad total de los factores (PTF) en España ha pasado de registrar tasas negativas hasta 2013 a crecer por encima del conjunto del área del euro por mejoras en la asignación del capital y del trabajo entre empresas, mientras que la reasignación entre sectores ha desempeñado un papel más limitado, «pese al notable avance de los sectores digitales y de servicios profesionales». Pero esta mejora de la productividad «apenas ha servido para recortar la diferencia con las cifras de nuestros homólogos de la UE». Es decir, que pese a los avances, la brecha de productividad con el resto de la UEM sigue siendo significativa.
La brecha negativa acumulada frente al resto de la UEM se habría reducido desde el 12% en 2013 hasta el 8% en 2025, lo que pone de relieve la «magnitud del desafío pendiente». Para el supervisor bancario, el ligero repunte en los ritmos de crecimiento de la productividad «podría no ser sostenible en ausencia de avances adicionales en sus determinantes estructurales». Así, las empresas españolas presentan niveles de productividad inferiores a los del resto de UEM en todos los estratos de tamaño, y el reducido número de grandes empresas altamente productivas en España «limita la capacidad del tejido productivo para impulsar la productividad agregada».
El Banco de España estima que, de cara al futuro, el «margen de recorrido del proceso de convergencia con la UEM podría agotarse en ausencia de nuevas reformas y de avances adicionales en el ámbito de las políticas públicas», por lo que destaca dos áreas en las que el papel de las políticas públicas puede ser determinante para fomentar el crecimiento de la productividad. Por un lado, la «mejorable calidad del marco regulatorio y la coordinación entre los distintos niveles de la Administración Pública», en una situación de elevada densidad y fragmentación normativa y de heterogeneidad geográfica en su aplicación -con el caso del mercado de la vivienda como ejemplo paradigmático-, constituyen un «cuello de botella para el crecimiento de las pymes y la asignación eficiente de los recursos.
Por otro lado, el regulador indica que persisten «desajustes relevantes entre el capital humano ofrecido por el sistema educativo y el demandado por las empresas,
que cobran una importancia creciente en un contexto de rápida difusión de la inteligencia artificial (IA)» en un entorno institucional marcado por la «insuficiente estabilidad y consenso» de las políticas públicas en materia educativa en España. «Abordar estos desajustes será clave para que la adopción de la IA se traduzca efectivamente en mejoras generalizadas de productividad y actúe como un complemento para el empleo», subraya el director general de Economía del supervisor bancario, David López Salido, que sostiene que la capacidad de generar un mayor crecimiento de la productividad dependerá, entre otros factores, «de aprovechar la adopción de nuevas tecnologías -como la IA- como palanca de dinamismo empresarial».
El Banco de España achaca este diferencial a «ineficiencias relevantes asociadas al entorno regulatorio, como la fragmentación y la complejidad normativas». También critica los desajustes relevantes entre el capital humano ofrecido por el sistema educativo y el demandado por las empresas
La evolución de la productividad en España ha mostrado un cambio de tendencia tras la crisis financiera global y la de deuda soberana del área del euro, pasando de registrar tasas de crecimiento negativas a crecer por encima del resto de la Unión Económica y Monetaria (UEM). Sin embargo, estos avances «han sido claramente insuficientes para cerrar la brecha negativa» en la productividad acumulada en las últimas décadas respecto al resto de la UEM, porque persisten «ineficiencias relevantes asociadas al entorno regulatorio, tales como la fragmentación y la complejidad normativas, que siguen limitando el crecimiento de las empresas más productivas y una reasignación más eficiente de los recursos».
Así lo refleja el Banco de España en su Informe Anual 2025, en el que señala que las políticas públicas aplicadas tras la crisis financiera global -incluyendo el saneamiento del sistema financiero, las reformas del mercado de trabajo y los avances en algunos sectores regulados- habrían contribuido a mejorar la asignación de recursos y el dinamismo de la productividad, en un entorno más estable y predecible para las empresas. Sin embargo, la «elevada complejidad y fragmentación regulatoria y la insuficiente inversión en I+D+i continúan frenando y pueden limitar la capacidad para aprovechar plenamente la IA. De cara al futuro, será clave consolidar los avances y abordar las fricciones pendientes para sostener el crecimiento de la productividad y avanzar en la convergencia con la UE».
El informe indica que la productividad total de los factores (PTF) en España ha pasado de registrar tasas negativas hasta 2013 a crecer por encima del conjunto del área del euro por mejoras en la asignación del capital y del trabajo entre empresas, mientras que la reasignación entre sectores ha desempeñado un papel más limitado, «pese al notable avance de los sectores digitales y de servicios profesionales». Pero esta mejora de la productividad «apenas ha servido para recortar la diferencia con las cifras de nuestros homólogos de la UE». Es decir, que pese a los avances, la brecha de productividad con el resto de la UEM sigue siendo significativa.
La brecha negativa acumulada frente al resto de la UEM se habría reducido desde el 12% en 2013 hasta el 8% en 2025, lo que pone de relieve la «magnitud del desafío pendiente». Para el supervisor bancario, el ligero repunte en los ritmos de crecimiento de la productividad «podría no ser sostenible en ausencia de avances adicionales en sus determinantes estructurales». Así, las empresas españolas presentan niveles de productividad inferiores a los del resto de UEM en todos los estratos de tamaño, y el reducido número de grandes empresas altamente productivas en España «limita la capacidad del tejido productivo para impulsar la productividad agregada».
El Banco de España estima que, de cara al futuro, el «margen de recorrido del proceso de convergencia con la UEM podría agotarse en ausencia de nuevas reformas y de avances adicionales en el ámbito de las políticas públicas», por lo que destaca dos áreas en las que el papel de las políticas públicas puede ser determinante para fomentar el crecimiento de la productividad. Por un lado, la «mejorable calidad del marco regulatorio y la coordinación entre los distintos niveles de la Administración Pública», en una situación de elevada densidad y fragmentación normativa y de heterogeneidad geográfica en su aplicación -con el caso del mercado de la vivienda como ejemplo paradigmático-, constituyen un «cuello de botella para el crecimiento de las pymes y la asignación eficiente de los recursos.
Por otro lado, el regulador indica que persisten «desajustes relevantes entre el capital humano ofrecido por el sistema educativo y el demandado por las empresas,
que cobran una importancia creciente en un contexto de rápida difusión de la inteligencia artificial (IA)» en un entorno institucional marcado por la «insuficiente estabilidad y consenso» de las políticas públicas en materia educativa en España. «Abordar estos desajustes será clave para que la adopción de la IA se traduzca efectivamente en mejoras generalizadas de productividad y actúe como un complemento para el empleo», subraya el director general de Economía del supervisor bancario, David López Salido, que sostiene que la capacidad de generar un mayor crecimiento de la productividad dependerá, entre otros factores, «de aprovechar la adopción de nuevas tecnologías -como la IA- como palanca de dinamismo empresarial».
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