El tortuoso camino de Rory McIlroy hasta prodigarse en el éxito en Augusta

«No me puedo creer que me haya pasado media carrera profesional persiguiendo una victoria en el Masters y ahora sume dos seguidas». Rory McIlroy es la viva demostración de que el deporte profesional, el golf en particular, no es un carril que, una vez encontrado, conduce irremediablemente al éxito. Perder el hilo es fácil sin saberse muy bien por qué. La bolita no se deja domar así como así, por muy mecanizados que sean los movimientos. A menudo la precisión se determina en la cabeza. El norirlandés podría hablar largo y tendido de ello, de los altibajos ante la presión. Ahora, no. Ahora disfruta de la conquista de su segundo Masters de Augusta. Consecutivamente antes lo habían logrado solo Jack Nicklaus, Nick Faldo y Tiger Woods. Una mesa pequeña. «No me puedo creer que me haya pasado media carrera profesional persiguiendo una victoria en el Masters y ahora sume dos seguidas». Rory McIlroy es la viva demostración de que el deporte profesional, el golf en particular, no es un carril que, una vez encontrado, conduce irremediablemente al éxito. Perder el hilo es fácil sin saberse muy bien por qué. La bolita no se deja domar así como así, por muy mecanizados que sean los movimientos. A menudo la precisión se determina en la cabeza. El norirlandés podría hablar largo y tendido de ello, de los altibajos ante la presión. Ahora, no. Ahora disfruta de la conquista de su segundo Masters de Augusta. Consecutivamente antes lo habían logrado solo Jack Nicklaus, Nick Faldo y Tiger Woods. Una mesa pequeña.  

«No me puedo creer que me haya pasado media carrera profesional persiguiendo una victoria en el Masters y ahora sume dos seguidas». Rory McIlroy es la viva demostración de que el deporte profesional, el golfen particular, no es un carril que, una vez encontrado, conduce irremediablemente al éxito. Perder el hilo es fácil sin saberse muy bien por qué. La bolita no se deja domar así como así, por muy mecanizados que sean los movimientos. A menudo la precisión se determina en la cabeza. El norirlandés podría hablar largo y tendido de ello, de los altibajos ante la presión. Ahora, no. Ahora disfruta de la conquista de su segundo Masters de Augusta. Consecutivamente antes lo habían logrado solo Jack Nicklaus, Nick Faldo y Tiger Woods. Una mesa pequeña.

Tantos años que a McIlroy se le preguntó qué sucedía para que nunca se impusiera en el césped de Augusta y, de repente, no hay nadie capaz de despojarle de la chaqueta verde. Mucha literatura y muchos productos audiovisuales se perfilaron a partir de su triunfo en la edición anterior. No ganaba un ‘major’ desde el 2014 y su carrera parecía haber echado el freno. El monumental colapso en la edición de 2011, cuando tenía 21 años, salía siempre a colación. Tenía el viento a favor y se derrumbó en la última jornada. De repente, golpeó como un amateur. Las bolas se le perdían en los márgenes. Fue doloroso de ver. “Aquello me traumatizó más de lo que esperaba”, admitiría.

AUGUSTA (United States), 12/04/2026.- Fred Ripley, chairman of Augusta National Golf Club, awards Rory McIlroy of Northern Ireland with the Green Jacket during the Green Jacket Ceremony afer the final round of the 2026 Masters tournament in Augusta, Georgia, USA, 12 April 2026. (Irlanda) EFE/EPA/ERIK S. LESSER
Fred Ripley, presidente del Augusta National Golf Club, coloca a Rory McIlroy la chaqueta verde que le acredita como campeón del Masters de Augusta. / ERIK S. LESSER / EFE

Ahora, a los 36 años y seis grandes torneos en su hoja de servicios, McIlroy es un golfista liberado que ha cumplido los sueños de infancia, cuando sus padres doblaban sus jornadas laborables para que su hijo único pudiera pulirse en los greens. De niño, se explica en el documental La espera por el Masters, se dormía en su cama con las manos agarradas a un palo. «¿No sería estupendo ganar un día un major?», le inquirió un día su padre. «Sí, pero los quiero ganar todos», respondió el mocoso.

Hoy tiene toda la colección, los cuatro, el Grand Slam del que pueden presumir solo seis jugadores a lo largo de la historia. Y no quiere parar. «Sentía que el Grand Slam era el destino y me di cuenta de que no lo era”, explicó el domingo tras enfundarse la segunda chaqueta verde. «Acabo de ganar mi sexto grande y siento que estoy en un muy buen momento con mi juego y con mi cuerpo».

A diferencia del año pasado, sus padres estuvieron en Augustay pudieron abrazarse con Rory tras materializar el triunfo. Abrazó y besó a su hija Poppy, a su esposa Erica Stoll y después a los progenitores. McIlroy insistió en que no se quedaran esta vez en Holywood, en Irlanda del Norte, donde creció y se forjó obsesivamente como golfista, sino que fueran a verle en directo. Valió la pena el viaje.

AUGUSTA (United States), 12/04/2026.- 2026 Masters tournament champion Rory McIlroy of Northern Ireland (C) poses with his parents, Gerry (L), mother, Rosie (2-L), wife Erica Stoll (R), and their daughter Popply while holding the trophy and wearing the Green Jacket after winning the final round of the 2026 Masters tournament in Augusta, Georgia, USA, 12 April 2026. (Irlanda) EFE/EPA/CHRIS TORRES
McIlroy posa junto a sus padres, su esposa y su hija en la ceremonia de entrega del trofeo como campeón del Masters de Augusta. / CHRIS TORRES / EFE

McIlroy se sobrepuso a una tercera jornada nefasta, en la que desperdició los seis golpes de ventaja con los que cerró el segundo día. Quedó tan frustrado que se fue directo al campo de prácticas. Tiró y tiró bolas hasta casi cuando se fue el sol de Augusta. Necesitaba armonizar el swing de cara a un domingo que se presentaba apretado, con hasta seis jugadores en disposición de coronarse.

Ganó por solidez, minimizando los errores, sin necesidad de golpes mágicos. En el Augusta National Club eso ya es en sí mismo magia. Incluso por la barra de equilibrista que puede ser el Amen Corner (los hoyos 11, 12 y 13) desfiló sin despeñarse, cosa que no pudieron decir otros, como el inglés Justin Rose, especialista en quedarse a las puertas del éxito en el campo de Georgia (EEUU). McIlroy le puso suspense en el hoyo 18, cuando su salida con el ‘driver’ se desvió hacia los árboles. «El momento de mayor estrés fue caminando desde el tee del 18 sin saber dónde estaba mi bola. Podía estar en cualquier sitio», admitiría después.

Le bastaba un bogey para eludir un ‘play off’ contra Scottie Scheffler, el número 1, que estaba a dos golpes. Solventó con solvencia el entuerto y aunque, efectivamente, embocó con un golpe sobre el par, fue suficiente para aullar de felicidad una vez sellada la victoria. ¿Cuál es su límite?, se le pregunta ahora. ¿A cuántos grandes aspira? «No quiero ponerme un número, pero siento que esta victoria es parte del camino. Todavía tengo cosas que quiero conseguir. Desde luego no quiero parar aquí». Aquí un número: por ganar en Augusta se embolsó 4,5 millones de dólares. Da para otro aullido de felicidad.

 Diario de Mallorca – Deportes

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